El mundo está ardiendo. Literal. La semana que termina deja un extenso registro de incendios que están asolando el mundo de un lado a otro. Y no es casual: como advierten desde hace años los científicos, existe una relación directa entre estos fenómenos y el cambio climático, ya que las emisiones de gases de efecto invernadero aumentan su duración, frecuencia e intensidad.
En el continente europeo, los termómetros superaron los 45°. El parte de daños señala que en Francia los bomberos y brigadas siguen luchando contra los incendios forestales que devastaron más de 4.000 hectáreas y en España las llamas ya avanzaron sobre una porción de territorio similar.
La amenaza también se cierne sobre Italia y Croacia, y en Grecia la batalla contra las llamas terminó causando la muerte de dos personas que se estrellaron con un helicóptero cuando intentaba apagar un incendio forestal.
En Portugal se registraron más de 200 incendios, todo un récord; casi un millar de personas se vieron obligadas s ser evacuadas. Mientras, la ola de calor se desplaza hacia el norte y el Reino Unido ya debió disponer planes de emergencia.
Es casi seguro que alguno de los años entre 2022 y 2026 supere todos los récords de calor Es casi seguro que alguno de los años entre 2022 y 2026 supere todos los récords de calor
Es la segunda ola de calor en Europa en menos de un mes y como corolario, hace solo unas semanas, las temperaturas extremas provocaron el desprendimiento de una parte del glaciar italiano de la Marmolada, con el saldo de once muertos.
En las estadísticas los números están claros. Según informó la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el 2021 fue uno de los siete años más calurosos de la historia. Y los tres primeros lugares de la clasificación corresponden a 2016, 2019 y 2020.
El panorama es poco alentador si se toma en cuenta que para los expertos es casi seguro que alguno de los años entre 2022 y 2026 supere todos los récords y se sitúe como el más cálido.
Al mismo tiempo, en otros lugares del planeta las noticias parecen repetirse. Como en Estados Unidos, donde un gigantesco incendio aún activo carbonizó más de 1.700 hectáreas del Parque Nacional Yosemite, en California, y puso en riesgo a 500 gigantescas secuoyas.
Esto tampoco es casual: un desastre similar había tenido lugar en 2020, cuando más de 3.500 de estos colosales árboles fueron devorados por el fuego. Es que California y otras ciudades del oeste atraviesan una gran sequía desde hace años, provocada en parte por el cambio climático.
En aquella oportunidad hablé con la profesora Kelsey Lahr, quien ostentaba un extenso legajo de más de 12 años como guardaparques en ese icónico parque nacional californiano. Intenté volver a contactarla hace unos días para conocer sus impresiones, pero la respuesta fue tan escueta como reveladora: "Gracias por escribirme. Ya no vivo en Yosemite; debido al cambio climático y los constantes incendios decidí relocalizarme en otro sitio de los EEUU".