Caso García Belsunce: las pruebas que incriminan a Nicolás Pachelo

A casi 20 años del crimen de María Marta, la Justicia de San Isidro sienta en el banquillo de los acusados al vecino díscolo del country Carmel y a dos vigiladores.

Cuando se conoció que María Marta García Belsunce había sido asesinada, poco más de un mes después de que la enterraran como víctima de un accidente doméstico, la familia apuntó contra el vecino Nicolás Pachelo. Pero el foco de la atención mediático y del fiscal Diego Molina Pico ya estaba puesto sobre el viudo Carlos Carrascosa y su círculo íntimo, y la hipótesis que la habían matado durante un robo quedó como un vano intento de defensa.

Pasaron casi 20 años desde aquella tarde del 27 de octubre de 2002, dos juicios orales y muchos fallos contrapuestos. Carrascosa fue condenado en primera instancia como encubridor del crimen de su esposa, luego Casación lo declaró culpable del homicidio, pero después, en 2016, lo absolvió. En 2020, la Corte confirmó el último fallo que desvinculó definitivamente al viudo y la Justicia dio un giro en la investigación que ahora llega a un nuevo juicio.

Fue clave en ese fallo absolutorio la pericia que realizó el médico forense Héctor Moreira, que determinó que las fracturas costales que presentaba María Marta “se correspondían con maniobras de resucitación, no tenían carácter vital y debieron haberse producido cuanto menos una hora luego del fallecimiento”. De esta manera, el perito modificó la data de la muerte entre las 18:30 y las 18:35, ya que el primer médico en llegar a la casa del country Carmel de Pilar, intentó reanimarla a las 19:30.

María Marta García Belsunce

Con Molina Pico alejado del caso, los fiscales Andrés Quintana y María Inés Domínguez (que falleció en noviembre de 2019) comenzaron a desmenuzar la hipótesis que sostenía la familia y así fue como el vecino Nicolás Pachelo y varios vigiladores del country quedaron en la mira. La investigación avanzó lentamente, con el paso de los años como un enemigo de la verdad, pero finalmente Quintana logró elevar la causa a juicio con Pachelo y los exguardias Norberto Glennon y José Ortiz como acusados de “robo agravado por el uso de arma en concurso real con homicidio criminis causa agravado”, delitos que prevén prisión perpetua.

Pachelo llega al debate oral, que se postergó casi dos años por la pandemia, preso por otras causas de robos a countries y con la fuerte sospecha de que fue quien gatilló seis veces en la cabeza de María Marta con un viejo revólver calibre 32, que nunca apareció, luego de que ella lo descubriera robando en su casa.

Y justamente esa pericia que cambió la suerte de Carrascosa, ahora es la principal prueba en contra de Pachelo, porque al modificarse la hora del crimen, el vecino se quedó sin coartada.

Nicolás Pachelo se quedó sin coartada

Pachelo había declarado que ese día y a esa hora estaba en el shopping Paseo Alcorta, en Capital, comprando un regalo para uno de sus hijos junto a su madre. Pero los investigadores establecieron que recién abandonó el Carmel a las 18:59 y que se mantuvo por lo menos más de media hora en Pilar, hasta las 19:30, cuando su teléfono celular fue captado por las antenas de la zona. “Mintió sobre los horarios en que se encontraba en Carmel, pues intentó ponerse fuera del barrio en el momento del hecho, pero fue captado por las cámaras que su salida tuvo lugar en el mismo momento en que (la masajista) Beatriz Michelini estaba ingresando, 18:59”, escribieron los fiscales.

Otra prueba que lo ubica en el Carmel a esa hora es el testimonio de tres jóvenes, Pedro Azpiroz, Marco Cristiani y Santiago Asorey, que lo vieron trotando bajo la lluvia adentro del country pocos minutos después de la finalización del partido que Boca le ganó a River, es decir, alrededor de las 18: 10 o 18:15. Uno de ellos declaró también que la vio pasar a María Marta en su bicicleta rumbo a su casa.

Fue así como los fiscales determinaron que Pachelo estaba adentro del Carmel cuando había dicho que no estaba y además establecieron que, como sostiene el fallo de Casación, Carrascosa todavía estaba en lo de sus cuñados, Guillermo Bártoli e Iriene Hurtig, viendo el comienzo del partido que seguía, Independiente-Rosario Central, o bien en el Club House a la hora en que mataron a su esposa.

Nicolás Pachelo.

Además, sumaron una serie de contradicciones del sospechoso y también sus antecedentes por robos adentro del country antes del crimen, y los que cometió en otros barrios cerrados tiempo después y por los que está preso. En todos los casos, la modalidad delictiva fue la misma.

Los fiscales comprobaron además que el día del crimen fue robada de la vivienda de María Marta una caja metálica de color gris que contenía “una pequeña suma monetaria, cheques y documentación de la asociación benéfica de la que formaba parte la víctima (Missing Children Argentina)”, algo de lo que el viudo dijo que se dio cuenta varios días después cuando desde la asociación se la reclamaron.

La sórdida historia de Pachelo, que incluye el misterioso suicidio de su padre del que él dio explicaciones confusas y las sospechas de que con anterioridad le había secuestrado el perro a María Marta, entre otras, terminaron de conformar el perfil del presunto asesino.

Carlos Carrascosa, viudo de María Marta García Belsunce

El caso Belsunce es uno de los más emblemáticos de la historia criminal argentina. Más allá de la condena del viudo, que pasó unos cuantos años preso, varios de sus familiares también se sometieron al proceso acusados por encubrimiento y vivieron como pocos el rigor de la condena social.

¿El juicio que comienza este miércoles podrá echar luz sobre un crimen hasta ahora impune? La responsabilidad de evaluar las pruebas estará en manos del Tribunal Oral en lo Criminal N°4 de San Isidro, quienes fueron recusados por la fiscalía por presunta “pérdida de imparcialidad”.

La referencia temporal en este caso es clave. Eso fue lo que decidió la suerte de Carrascosa, para mal y para bien, y lo que decidirá el destino de Pachelo, Glennon y Ortiz. La diferencia es que en el primer caso nunca se pudo determinar un móvil y aquí, por el contrario, sí.

TEMAS RELACIONADOS