El cáncer de mama continúa siendo uno de los principales problemas de salud de la mujer. Según GLOBOCAN 2022, en la Argentina fue el tumor con mayor número de nuevos casos considerando ambos sexos y el cáncer más frecuente entre las mujeres. Para ese año se estimaron 22.024 nuevos diagnósticos de cáncer de mama en el país. Estos datos dimensionan una enfermedad que, sin embargo, tiene una característica fundamental: cuando se detecta en etapas tempranas, las posibilidades de curación son muy altas. La Sociedad Argentina de Mastología (SAM) señala que, en estadios iniciales, más del 90% de los casos pueden curarse.
El riesgo de desarrollar cáncer de mama aumenta con la edad y es mayor a partir de los 50 años, aunque la enfermedad puede presentarse antes. Existen factores de riesgo que no podemos modificar, como la edad, determinados antecedentes personales y familiares, algunas lesiones mamarias de alto riesgo y el antecedente de radioterapia torácica a edades jóvenes.
También existen factores sobre los que sí podemos actuar. Mantener un peso saludable, realizar actividad física, limitar el consumo de alcohol y evitar el tabaquismo forman parte de una estrategia general para disminuir el riesgo. La lactancia se asocia también con una reducción del riesgo. Es importante, además, comprender que tener antecedentes familiares no es un requisito para desarrollar la enfermedad: una proporción importante de los cánceres de mama aparece en mujeres sin familiares directos afectados.
Diagnóstico precoz: la importancia de los controles
El punto central es el diagnóstico precoz. En sus etapas iniciales, el cáncer de mama habitualmente no produce síntomas; por eso no debemos esperar a “sentir algo” para consultar.
La mamografía permite detectar lesiones pequeñas, incluso antes de que puedan palparse, y continúa siendo la principal herramienta para la detección temprana. La SAM recomienda una mamografía anual a partir de los 40 años en mujeres asintomáticas, con examen clínico normal y sin antecedentes personales de la enfermedad.
En mujeres con antecedentes de cáncer de mama en familiares de primer grado, el inicio del seguimiento debe individualizarse y, como orientación general, se recomienda comenzar diez años antes de la edad en que fue diagnosticado el familiar más joven.
La ecografía mamaria es un excelente complemento de la mamografía, especialmente para caracterizar lesiones, diferenciar imágenes sólidas de quísticas, evaluar determinadas mamas densas y guiar procedimientos intervencionistas. No reemplaza sistemáticamente a la mamografía en el tamizaje de una mujer de riesgo promedio.
En pacientes seleccionadas pueden incorporarse otras herramientas, como tomosíntesis, resonancia magnética o mamografía con contraste, de acuerdo con la edad, la densidad mamaria, los antecedentes y el nivel de riesgo individual.
Conocer las propias mamas también es importante
Conocer las propias mamas también es importante, pero debe hacerse una aclaración: el autoexamen no reemplaza a la mamografía ni constituye por sí mismo un método de diagnóstico precoz. Su utilidad principal es favorecer el conocimiento corporal y reconocer cambios que merecen una consulta.
Un nódulo nuevo, retracción de la piel o del pezón, secreción sanguinolenta espontánea, alteraciones en la forma de la mama, enrojecimiento persistente, edema o aspecto de “piel de naranja” deben motivar una evaluación médica, independientemente de la edad o de cuándo se realizó el último control.
Tratamientos cada vez más personalizados
El tratamiento del cáncer de mama cambió profundamente. Hoy no existe un único tratamiento para todas las pacientes: se decide según el estadio, las características biológicas del tumor, la edad, los antecedentes y las preferencias de cada mujer.
Cirugía, radioterapia, hormonoterapia, quimioterapia y terapias dirigidas pueden combinarse de distintas maneras. La tendencia actual es personalizar el tratamiento, buscando la máxima eficacia oncológica con la menor intervención necesaria cuando es seguro hacerlo.
Por eso, el mensaje más importante no debe ser el miedo, sino la acción. El cáncer de mama no puede prevenirse de manera absoluta, pero podemos reducir algunos factores de riesgo y, sobre todo, aumentar enormemente las posibilidades de un diagnóstico temprano mediante controles adecuados.
Octubre Rosa es una oportunidad para recordarlo, pero el cuidado de la salud mamaria debe mantenerse durante todo el año: conocer las mamas, consultar ante cambios y cumplir con los controles indicados para cada edad y nivel de riesgo.