La vida fugaz y extraordinaria de Cris Miró: de llegar en bicicleta al Maipo a romper una barrera en la cultura argentina

Su paso por el centro de la escena fue tan vertiginoso como revolucionario, necesitó apenas cuatro años para dejar una marca en el espectáculo argentino. En el día en que cumpliría 61 años, la historia de la primera mujer trans en convertirse en una figura masiva del país.

En plena década del 90, Cris Miró se convirtió en una de las primeras figuras trans en alcanzar la exposición en la Argentina. Enfrentó preguntas que hoy resultarían impensadas y dejó una huella que trascendió sus años como vedette.

Nació el 16 de septiembre de 1965 en Buenos Aires como Gerardo Elías Virguez. Sin embargo, con el paso de los años, aquella identidad no la identificó y comenzó el camino que la llevaría a convertirse en la icónica estrella que supo trascender a pesar de su muerte.

Su infancia y adolescencia transcurrieron durante las décadas del 70 y 80, en una Argentina atravesada por la represión de la última dictadura militar y en una sociedad en la que las identidades trans eran objeto de persecución y discriminación. Con el tiempo, Cris empezó a exteriorizar a la mujer que siempre había sentido que era y apareció el nombre con el que se haría conocida.

Cris Miró durante la década de los 90.

Cris Miró durante la década de los 90.

Alcanzó la popularidad a mediados de los 90 y rápidamente se convirtió en una figura habitual del teatro, las revistas y los programas más vistos de la televisión. En una época en la que las personas trans tenían poca presencia en los grandes medios, Cris consiguió algo que iba mucho más allá de la fama: ocupar un espacio que hasta entonces parecía reservado para otros.

La audición en el Maipo que le cambió la vida

Antes de convertirse en una de las figuras más importantes de aquellos años, Cris estudiaba en la facultad de Odontología, al mismo tiempo se movía por el circuito nocturno y el teatro under porteño. En ese ambiente conoció al representante Juanito Belmonte, quien quedó impactado por su histrionismo y terminó acercándola a Lino Patalano, que preparaba una nueva etapa del Teatro Maipo.

En 1995, Cris Miró debutó como la primera vedette trans del Teatro Maipo.

En 1995, Cris Miró debutó como la primera vedette trans del Teatro Maipo.

La escena de aquella audición parece dirigida para una película: Cris llegó al teatro en bicicleta, acompañada por su entonces pareja, el bailarín Pablo Marcos. Vestía un jogging gris y una remera blanca. Frente a Patalano y los coreógrafos Ricky Pashkus y Oscar Araiz, cambió completamente, se puso una bata e improvisó un turbante con una toalla y salió al escenario con música de Madonna.

La prueba terminó convirtiéndose en el comienzo de una transformación mucho más grande. En 1995 debutó en Viva la revista y rápidamente comenzó a llamar la atención más allá del escenario. El espectáculo podía tener otras figuras, pero era Cris quien generaba curiosidad en los medios de aquellos años. Y entonces llegó a la televisión.

La incómoda entrevista con Mirtha Legrand

Con la fama aparecieron las invitaciones a los programas más importante del país. Cris pasó por el living de Susana Giménez, participó de VideoMatch y fue invitada a almorzar con Mirtha Legrand.

Aquella entrevista de 1995 terminaría convirtiéndose en uno de los documentos televisivos más recordados de su carrera, tanto por la incomodidad que atravesó la conversación como por una serie de preguntas que, vistas hoy, seguramente abrirían un intenso debate.

Mirtha comenzó reconociendo que no sabía cómo dirigirse a ella y le preguntó si debía tratarla como señor o señorita. Después quiso saber en qué mesa había votado: "Y, ¿en qué mesa? ¿Votaste en mesa de caballeros?" y cuál era su “verdadero nombre”.

Cris, acostumbrada a lidiar con lo que despertaba en mucha gente, respondió sin perder la calma: "Mi verdadero nombre es el que siento. Y el que quiero que es Cris Miró".

Cris Miró en la mesa de Mirtha.

Cris Miró en la mesa de Mirtha.

La conductora también quiso saber si salía a la calle vestida de aquella manera. Cris encontró una respuesta que le permitió descomprimir el interrogatorio con humor: si había llegado al estudio así era, evidentemente, porque no había aterrizado allí en helicóptero. "Y sí, no vine en helicóptero", respondió frente a las risas de Legrand.

Vista más de tres décadas después, aquella conversación funciona como una fotografía de la época. Cris no solamente debía promocionar su trabajo o hablar de su carrera sino que una y otra vez era convocada para explicar públicamente su identidad.

Una salud cada vez más frágil y el final a los 33 años

Mientras su carrera crecía y su nombre se instalaba definitivamente en el espectáculo argentino, la salud de Cris Miró comenzó a volverse cada vez más delicada. En 1995 fue internada en el Hospital Fernández, donde su hermano Esteban trabajaba como médico. Si bien algunas versiones periodísticas de la época indicaban que un análisis de VIH había dado positivo, oficialmente se informó que atravesaba una afección pulmonar.

A partir de entonces, Cris alternó su vida entre los escenarios y las visitas a los médicos. Durante esos años, tanto ella como su familia desmintieron públicamente que tuviera SIDA. Incluso en 1998, después de otra internación que fue atribuida al consumo de agua contaminada, decidió enfrentar personalmente los rumores. “No inventen más, no tengo SIDA”, expresó.

Su estado de salud se deterioró especialmente durante 1999. Ese año fue fatídico para Cris, la internaron en tres oportunidades. La primera ocurrió durante el verano, cuando debió suspender sus presentaciones en la Costa Atlántica debido a un fuerte dolor lumbar y quedó alojada en una clínica de Mar de Ajó.

La segunda internación llegó el 22 de febrero en el Sanatorio del Norte. Allí se sometió a una serie de estudios óseo-medulares que terminaron derivando en una internación de urgencia.

Tres meses después, el 20 de mayo, ingresó al Sanatorio Santa Isabel, en Caballito, con fiebre, una reacción alérgica y un intenso dolor en el pecho. Para entonces, su deterioro físico era evidente, estaba muy delgada y tenía serias dificultades para respirar. Quedó internada por tercera vez en lo que iba del año.

El bajo nivel de sus defensas obligó a extremar los cuidados. En la puerta de su habitación colocaron un cartel que restringía el ingreso y solamente podían entrar los médicos y su madre, Hilda de Virguez, utilizando barbijo.

Una semana después, los médicos le diagnosticaron un cáncer linfático que avanzó rápidamente. Su cuadro se agravó en cuestión de días.

Poco después de las dos de la tarde del 1° de junio de 1999, Cris Miró murió a los 33 años. Habían pasado apenas cuatro años desde aquel debut en el Teatro Maipo que la había catapultado a la fama. Su paso por el centro de la escena había sido breve, pero suficiente para convertirla en una de las figuras que marcaron un antes y un después en la historia de la farándula argentina.

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