La dolorosa historia familiar de Ernestina Pais: la desaparición de su padre, la muerte de sus socios y el amor por su hijo

La periodista, que falleció trágicamente a los 54 años, tuvo una vida marcada por el éxito profesional, el dolor por la desaparición de su padre, el vínculo con su hijo Benicio y su hermana Federica.

El motor principal de su vida fue su hijo, Benicio, fruto de su relación con el fotógrafo y productor Alejandro Guyot. Ernestina describía la maternidad como una transformación total y consideraba a su hijo como su "gran amor" y su mayor orgullo. En los tramos más complejos de su salud, especialmente durante sus procesos de recuperación por adicciones y salud mental, Benicio funcionó como su principal motivación para salir adelante y superar la adversidad.

Alejandro Guyot y Benicio, sus dos grandes amores.

Alejandro Guyot y Benicio, sus dos grandes amores.

Su hermana, la también periodista Federica Pais, fue otro pilar fundamental en su red de contención. A pesar de que ambas desarrollaron caminos profesionales independientes y exitosos en la radio y la televisión, mantenían un vínculo extremadamente unido. Compartían no solo la pasión por la comunicación, sino también una historia de dolor familiar que las llevó a brindarse un apoyo mutuo incondicional a lo largo de las décadas.

La historia de Ernestina estuvo atravesada por una herida abierta desde su infancia: la desaparición de su padre, José Miguel Pais. Militante político y arquitecto, fue secuestrado en 1976 durante la última dictadura militar, cuando la conductora tenía apenas cuatro años. Aquella noche, mientras un comando se llevaba a su padre, otro entraba a su casa para saquear sus pertenencias, un hecho que dejó una huella imborrable en la construcción de su identidad y en la de su hermana.

José Miguel Pais, padre de Ernestina, era un militante político y arquitecto que fue secuestrado en 1976 durante la última dictadura militar.

José Miguel Pais, padre de Ernestina, era un militante político y arquitecto que fue secuestrado en 1976 durante la última dictadura militar.

En el último tiempo, Pais se encontraba abocada a reconstruir su historia personal con su padre a través de una investigación personal. Mediante testimonios de antiguos compañeros de militancia y documentos, buscaba conocer al "verdadero" José Miguel, intentando descifrar la dualidad entre el profesional destacado de Chacabuco y el hombre idealista.

Los últimos años presentaron desafíos significativos para la periodista, quien enfrentó con valentía la crisis del sector gastronómico durante la pandemia con su restaurante. A las dificultades económicas se sumó un duro golpe anímico: la muerte de sus dos socios en un breve lapso de tiempo. Según relató, uno de ellos falleció debido a una enfermedad preexistente, mientras que su socia, Silvina, sufrió un ACV fulminante.

Pese a la angustia, Pais destacó siempre que su prioridad fue sostener los puestos de trabajo de sus empleados. En este contexto, Ernestina decidió utilizar su perfil público para visibilizar la importancia de la salud mental y la lucha contra las adicciones. Con una franqueza poco habitual, compartió sus experiencias personales con el alcoholismo y sus procesos de internación, buscando derribar prejuicios y alentar a otros a pedir ayuda.