El ámbito artístico internacional se encuentra de luto tras confirmarse el fallecimiento de Otto Sirgo, el emblemático actor de origen cubano que construyó una carrera de más de cinco décadas en televisión, teatro y cine. La triste noticia fue ratificada durante las últimas horas por las autoridades de la Asociación Nacional de Actores de México, organismo que emitió un comunicado oficial para despedir al carismático artista. La partida de la figura del espectáculo generó una profunda conmoción entre colegas y seguidores de toda América Latina.
Desde las vías institucionales del sindicato de intérpretes manifestaron su pesar por la pérdida física de su histórico integrante. La entidad gremial difundió unas palabras dedicadas a los allegados del actor para acompañar el difícil momento: “La Asociación Nacional de Actores lamenta profundamente el fallecimiento de nuestro compañero Otto Sirgo, miembro de nuestro Sindicato. Nuestras más sinceras condolencias a su familia, amigos y compañeros. Descanse en paz”. La publicación no brindó mayores precisiones sobre las causales de su físico deceso.
Quién era Otto Sirgo
Nacido en La Habana el 19 de diciembre de 1946, el artista llevó la vocación por las artes dramáticas en la sangre desde su nacimiento. Hijo del actor Otto Sirgo y de la actriz Magda Haller, además de nieto de Conchita Gentil Arcos, el intérprete formó parte de una prestigiosa dinastía familiar dedicada por completo a la actuación. Su extenso recorrido profesional lo posicionó como una de las caras más respetadas de las grandes producciones dramáticas del continente americano.
El talentoso actor llegó a México en el año 1968, momento en el cual dio sus primeros pasos en la televisión azteca con la ficción Honor y orgullo. Aquel desembarco profesional funcionó como la plataforma inicial para una seguidilla de éxitos que incluyó títulos inolvidables como La cruz de Marisa Cruces, El amor tiene cara de mujer y La venganza. Gracias a estas producciones, el artista logró afirmarse rápidamente como una figura infaltable de la televisión regional.
Su consagración máxima y el rol más recordado por el gran público aconteció en 1987, cuando encarnó al personaje de Ángel de la Huerta en Rosa salvaje. La afamada tira diaria, encabezada por Verónica Castro, se transformó en un fenómeno de audiencia masivo transmitido por Televisa durante esa década. Dicha participación significó un quiebre definitivo en su proyección profesional, consagrándolo en toda América Latina.
A lo largo de su vasta trayectoria, el actor también dejó su impronta en producciones emblemáticas como Los ricos también lloran, Alcanzar una estrella y Lazos de amor, ficción que le valió el reconocimiento bajo la categoría de primer actor. Su valioso legado artístico contempla un total de 50 telenovelas, 30 piezas teatrales y diez largometrajes cinematográficos. De esta manera, su huella en el espectáculo quedó grabada tras más de medio siglo de labor ininterrumpida.