Casa Carlos, ubicada en la calle Carlos Calvo en el corazón de San Telmo, es mucho más que una típica casona de estilo “casa chorizo” del siglo XIX: es una verdadera reliquia arquitectónica, conservada en excelente estado y testigo de uno de los barrios con mayor historia de inmigración y choque cultural de la ciudad.
Con sus ladrillos a la vista, galerías y patios interiores llenos de vegetación, mantiene intacta la esencia de aquellas casas que a principios del siglo XX alojaban familias recién llegadas en barcos desde Europa y que pisaban suelo argentino. Hoy, restaurada y resignificada, se transformó en un refugio urbano para eventos exclusivos, como el casamiento de Lali Espósito y Pedro Rosemblat, que le dieron nueva vida a un espacio cargado de memoria y tradición porteña.
Hasta último momento reinó el hermetismo en torno a los recién casados: sin celulares, sin fotos oficiales, sin historias en redes, nada más que una única imagen filtrada por un vecino curioso desde un edificio cercano. En ese clima de discreción, Casa Carlos —la casona chorizo de la calle Carlos Calvo— se convirtió en el escenario de una de las bodas más esperadas del año. Lali Espósito y Pedro Rosemblat eligieron dar el “sí” el sábado 31, noche de Halloween y fecha que los unió por primera vez hace tres años.
Con sus jardines, galerías y rincones rodeados de plantas, la casona ofreció un refugio íntimo y elegante, donde cada espacio se conecta con el verde del patio central, y donde la pareja compartió un día único junto a su círculo más cercano.
¿Cómo es Casa Carlos por dentro?
Con el estilo de celebración que buscaban Lali y Pedro —una boda íntima, rodeada de afectos y sin grandes despliegues— la elección de Casa Carlos no fue casual. La casona conserva la impronta de una clásica “casa chorizo” porteña, con paredes de ladrillo a la vista, pisos originales, galerías y aberturas antiguas que conviven con una ambientación pensada para encuentros especiales.
Además, cuenta con amplias galerías con columnas robustas y puertas que conservan su estilo antiguo, acompañado de detalles de luminaria y otros artefactos.
El gran imán del lugar es su espacio verde interior: un pulmón lleno de plantas y rincones que generan intimidad en medio de la ciudad. Desde cualquier punto de la casa se respira ese jardín que funciona como eje de la propuesta.
Los ambientes interiores mantienen la estética de hogar familiar, con mobiliario y objetos que refuerzan su impronta histórica, mientras que la iluminación integrada y las galerías tradicionales completan el mix entre lo original y lo actual. Así, Casa Carlos se convirtió en el escenario perfecto para que Lali Espósito y Pedro Rosemblat compartieran un día único con su círculo más íntimo.