Chango Spasiuk estrena en mayo su nuevo disco Eiké, un trabajo que grabó solitariamente durante la pandemia pero con la participación a distancia de diversos artistas del mundo y que el mismo define como "mi gran viaje".
Chango Spasiuk estrena en mayo su nuevo disco Eiké, un trabajo que grabó solitariamente durante la pandemia pero con la participación a distancia de diversos artistas del mundo y que el mismo define como "mi gran viaje".
El acordeonista y pianista misionero se presentará en el Teatro Coliseo el 5 de mayo y en el Teatro Español el 4 de mayo en Neuquén y dará a conocer los nuevos tracks de lo que es Eike que en lengua guaraní, significa una invitación al "espacio interior".
"Esta obra fue producida en la intimidad de la casa de su autor, quien decide abrir la puerta y ofrecer su música como un diálogo de corazones abiertos", termina por escribir sobre el lanzamiento, Alejandra Peña Gill.
El disco cuenta con la participación el español Carlos Núñez en flauta y Gustavo Santaolalla en ronroco para Pynandí (Los Descalzos); el arpista Sixto Corbalán en Canción de amor para Lucía; Jaques Morelenbaun en violonchelo para Mi pueblo, mi casa, la soledad; la trompeta de Erik Truffaz en Gratitud; y la percusión africana korá del senegalés Boubacar Cissoko en Mejillas coloradas.
Además, cuenta con la presencia de un guitarrista noruego Per Einar Watle y un contrabajista y Steinar Raknes en Lucas, al marroquí Majid Bekkas (laúd) y Gonzalo Arévalo (bendir) para Tristeza, entre otros.
Sin embargo, para su presentaciones el músico tocará junto a su banda: Eugenia Turovetzky (violoncello) , Enzo Demartini (acordeón y guitarra), Pablo Farhat (violín), Diego Arolfo (voz y guitarra), Marcos Villalba (percusión, guitarra y voz), se esperan más artistas invitados.
"Con el coronavirus deteniendo el mundo, Chango Spasiuk decidió poner en entredicho el encierro y desde la concurrida intimidad de su obra lanzó una convocatoria sensible a músicos de Marruecos, de Senegal, de Francia, de España, de Noruega, de Brasil, de Paraguay, de Estados Unidos, de diversos rincones de Argentina, para compartir sonidos", analizó Sergio Arboleya
Y sumó: "Encontró una ruta y también un nombre, Eiké!, que en lengua guaraní es la invitación a entrar a un espacio interior, a resignificar la idea de casa y de profunda intimidad como espacio abierto donde se comparte un arte hondo y sincero"
El escritor cerró su reflexión: "De casa en casa, corazón a corazón, un puñado de canciones parieron puentes donde la incertidumbre se abismaba para lograr que en la gélida virtualidad de la globalización hubiera encuentros. De la pandemia a la paradoja y en el peor escenario posible, Chango Spasiuk hizo que la lengua sin dueños que habita en su música pudiera hablar de nosotros".