Bad Bunny en Buenos Aires: la construcción de una latinidad popular y masiva
Durante tres noches en el Estadio Monumental, Bad Bunny desplegó aun show multitudinario que articuló una crónica viva de la latinidad contemporánea. Entre reggaetón, plena, salsa, trap y memoria afectiva, el artista puertorriqueño convirtió River en un espacio de reconocimiento colectivo, donde lo urbano dejó de ser margen para afirmarse como identidad cultural, generacional y emocional.
La trilogía de conciertos de Bad Bunny funcionó como un rito
colectivo de identidad.
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La trilogía de conciertos de Bad Bunny en el Estadio Monumental de River Plate —13, 14 y 15 de febrero de 2026, dentro del Debí Tirar Más Fotos World Tour— fue algo más que una seguidilla de fechas agotadas: funcionó como un rito colectivo de identidad, una celebración de pertenencias cruzadas y un gesto de reconocimiento para una generación que ya no distingue entre lo local y lo global, lo caribeño y lo rioplatense. Durante tres noches consecutivas, ante más de 80.000 personas por función —con un total que superó las 240.000 asistentes—, el Monumental se convirtió en un espacio donde la música urbana latina dejó de ser un fenómeno importado para afirmarse como experiencia propia.
Benito Antonio Martínez Ocasio llegó a River después de atravesar las dos semanas más importantes de su carrera reciente. Con el impacto todavía fresco de su presentación en el Super Bowl y su consagración en los Grammy, Buenos Aires se encontró con un artista en su mejor momento y aportando una reacomodación simbólica a la cultura latina. El Estadio Monumental, históricamente asociado a bandas de rock internacional y a una narrativa cultural anglo, fue resignificado durante esos días como un espacio de afirmación latinoamericana. No como consigna, sino como vivencia corporal: se bailó, se cantó y se celebró una música que durante años fue etiquetada como “menor”, “popular” o “demasiado latina” en sentido peyorativo. La primera noche dejó expuesta esa fisura: el público argentino mirándose a sí mismo disfrutar sin culpa ni ironía.
A las 21 en punto, Bad Bunny apareció acompañado por la orquesta Los Sobrinos, vestido con un traje de sonero de los setenta que condensaba elegancia, herencia y soltura caribeña. El inicio con La Mudanza marcó el pulso narrativo del show desde el primer segundo. Fue un arranque identitario: una canción que habla de raíces, de familia y de pertenencia. La frase “un abrazo pa’ mami y papi porque en verdad rompieron” funcionó como disparador emocional para un recorrido de más de dos horas y media que abarcó los 10 años de carrera artística de "el conejo malo". A partir de ahí, el tránsito hacia “Callaíta” en versión salsa y luego hacia canciones como Pitorro de Coco, Weltita y Turista empezó a delinear una lectura más compleja de su obra: donde cuenta la historia de sus raíces y muestra su apuesta por narrar historias simples con profundidad.
Copia de @vickydragonetti_2983
Uno de los momentos más significativos llegó con Baile Inolvidable. La línea “mientras uno esté vivo uno debe amar lo más que pueda” resonó con fuerza en un estadio que cantó cada palabra, acompañado por una banda que recuperó texturas de la música popular caribeña. Fue la confirmación de que el archivo afectivo de Bad Bunny se construye tanto desde el goce como desde la memoria.
Más adelante, Nuevayol volvió a instalar una de las frases más citadas ¿y provocadoras? de su repertorio: “Como Bad Bunny va a ser rey del pop, con reggaetón y dembow”. Actualmente lo es, no solo porque es el artista más escuchado del mundo, sino porque es realmente popular, y como bien saben, el pop trasciende el género musical y es construido como concepto cultural, entonces de eso habla la “contradicción” que señala Benito ¿cómo se puede ser rey del pop con reggaetón y dembow? pues interpelando al público, creando un nuevo paradigma en la música latina, rompiendo barreras idomáticas y poniendo a bailar a medio mundo con un perreo para descargar o con un tema sobre la migraciòn latinoamericanana. En River, esa afirmación dejó de ser provocación para convertirse en evidencia.
El publico trasciende generaciones. Personas más grandes que llegaron por Debí Tirar Más Fotos, su último disco, y los que estàn desde 2016 en su época más trapper. La potencia del proyecto y la evolución de Benito radica ahí: en permitir que un seguidor de la primera época se sienta identificado con fronteo y que coree a los gritos Pitorro de Coco o Baile Inolvidable.
La Casita
En ese contexto apareció La Casita, una réplica de un hogar puertorriqueño que se volvió núcleo sensible del espectáculo. Ubicada en el "patio trasero" del estadio, funciona como como escenario compartido. Allí, acompañado por Los Pleneros de La Cresta —encargados de sostener la raíz rítmica con temas como Café con Ron—, es en este espacio donde se genera mayor interacción con el público y la fiesta se vuelve más terrenal.
La casita de Bad Bunny
En la casita entre los diferentes días estuvieron artistas como Maria Becerra, Tini, Lali, Nicki Nicole, Bizarrap, BM o Callejero Fino y personalideades que uno no relacionaría con Benito como La Mosca o Wanda Nara, pero que si pensamos el concepto de "la casita" tiene sentido porque es un escenario que refleja el identitario cultural y el imaginario colectivo que representa a cada ciudad de la gira, puede ser por nostalgia, por reconocimiento o con humor.
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Tres noches inolvidables
La canción exclusiva de la primera noche fue Una Noche en Miami y la de la segunda fue Una Vez con Mora, tema que ya habìa tocado en la gira de Un Verano sin Ti en 2022. EL juego de hacer una canción exclusiva para cada país tiene que ver con ofrecer una experiencia única e irrepetible en cada ciudad, convirtiendo cada concierto en un evento personalizado y memorable. Esta estrategia genera un alto valor para los asistentes, creando un ambiente íntimo y un "sentimiento de viaje" relacionado al concepto concepto de DEbí Tirar Más Fotos, de tener recuerdos más auténticos en cada recital.
La segunda función también se destacó por el estadio entero entonando “el que no salta es un inglés”, un cántico tradicional del fútbol argentino que Benito incorporó al ritmo del show. Más allá de la literalidad del mensaje ese grito funcionó como un puente simbólico entre dos espacios de pertenencia: la cultura de cancha y la cultura del espectáculo urbano.
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Desde ese espacio se desplegó el bloque urbano: Tití Me Preguntó, Neverita, Si Veo a Tu Mamá, Yo Perreo Sola, Efecto, Safaera y luego MONACO. Sobre el techo de la casita interpretó Diles, una canción fundacional para la carrera del boricua y de ahí a MONACO, no fue casual queapareciera el agradecimiento explícito a Argentina:Argentina: cuando nadie confiaba, ustedes sí creyeron en mi.
Pero, la segunda noche tenía más incorporó una dimensión clave para entender el impacto regional del espectáculo. La aparición de Cazzu marcó uno de los momentos más significativos del fin de semana. Su entrada al escenario para interpretar “Loca (Remix)”, junto a Duki y KHEA, activó una memoria colectiva de la escena urbana argentina ¿qué sería del trap local si "el conejo" no se subía al remix de ese tema?. Esa canción adquirió en River una lectura ampliada: como reconocimiento de un punto de contacto entre escenas que crecieron en diálogo, aunque a veces se las haya pensado separadas.
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18-02-2026 11:16
CAZZU Y BAD BUNNY
Luego en un momento ágido de la carrera de Cazzu por su relación con Nodal, y el destrato de artistas de renombre en México y el mundo, el artista más escuchado del mundo le sede su escenario ante 80 mil personas para que “La Jefa” pueda brillar interpretando Con Otra y obvio, estuvo a la altura del escenario.
La tercera noche trajo a Eladio Carrión como invitado sorpresa. Juntos interpretaron Thunder y Lightning como tema exclusivo, Kemba Walker y Coco Chanel, esta última anunciada como una canción pensada originalmente para otra ciudad. La escena condensó, una genealogía del trap latino que pasó de boliches a los estadios sin perder identidad ni lenguaje.
El tramo final del show volvió al escenario principal con una secuencia que ordenó emocionalmente el cierre: Ojitos Lindos, La Canción, Dakiti, El Apagón, DtMF y EoO. En El Apagón, la frase “ahora todos quieren ser latinos, pero les falta sazón, batería y reggaetón” encontró en el Monumental una audiencia, que contrario a lo que decían las redes despues del stament del boricua en el SuperBow, abraza la tradición musical del continente. DtMF funcionó como síntesis conceptual del proyecto: guardar lo vivido mientras se vive. Y EoO, con su perreo clásico, cerró el arco narrativo donde convinven el conejo y Benito.
El cierre confirmó lo que se desplegó durante las tres noches: la posibilidad de habitar un repertorio urbano global sin perder tradición, identidad ni comunidad.
El reggaetón como identidad
La latinidad que propone Bad Bunny no es decorativa. Está hecha de sazón, bateria y reggaetón, de memoria familiar, de fiesta, de orgullo y de una idiosincracia que atraviesa el ADN de un continente. En un país donde lo latino fue muchas veces mirado con incomodidad, como si la música que está hecha para entretener, para bailar, para pasarla bien, automáticamente fuera menos valiosa y aún con esa estigmación, el reggaetón terminó construyendo un movimiento cultural que redefinió identidad, representación y mercado global
El género urbano no necesita volverse académico para demostrar su valor social y cultural. Tiene el mérito de haber conquistado espacios que históricamente le fueron negados: escenarios centrales, premios, narrativa cultural, legitimidad simbólica. Millones de personas se vieron representadas en un movimiento que nació en los márgenes de la sociedad, y algunos por eso reniegan de lo que impactó y de la latinidad en general. No estamos dimensionando lo que logró Benito Antonio y tampoco sus tres estadios después de las dos semanas más consagratorias de su carrera, por eso quedarnos con su frase "mientras uno esté vivo, uno debe amar lo más que pueda" para entender lo que pasó en River.
Bbunny @moraalarconn-122
Porque si algo quedó claro en esas tres noches es que el fenómeno no se explica solo por números —aunque los haya— sino por una transformación más profunda: la posibilidad de habitar la latinidad sin traducirla, sin suavizarla para que resulte aceptable. Amar lo más que se pueda, en ese contexto, no es una consigna romántica sino una postura cultural. Es abrazar el acento, el ritmo, la memoria familiar, la nostalgia y el orgullo al mismo tiempo. Lo que ocurrió en el Monumental no fue únicamente la consagración de un artista en su punto más alto, sino la confirmación de que una música nacida en los márgenes hoy ocupa el centro emocional de cientos de miles de personas. Y que ese centro ya no necesita validación externa para sostenerse.