Por qué Cristina Kirchner rompió el tabú de la inseguridad

La Vicepresidenta ensaya un discurso crítico al garantismo y a la "mano dura". ¿Es viable hoy implementar una "tercera posición" en materia de seguridad? Los vaivenes del kirchnerismo frente a un tema incómodo.

Cristina Kirchner buscó instalar el debate sobre la seguridad. Lo hizo durante su último acto público en La Plata, donde realizó una demanda concreta a la gestión nacional: el envío de miles de gendarmes al conurbano. Deslizó que las fuerzas pueden ser “parte de la solución” y llamó a un gran acuerdo entre partidos para terminar con el debate “cínico y berreta” de la mano dura. La Vicepresidenta se alejó así del clásico abordaje del kirchnerismo sobre este tema, pese a sus esfuerzos por proponer una suerte de tercera vía entre el garantismo y el punitivismo.

La problemática de la inseguridad está en agenda desde hace años, pero siempre resultó un tema incómodo para la mayoría de los dirigentes ligados a Cristina. Muchos se vincularon con el tema sólo de modo reactivo, ante las chicanas de la oposición, con frases desafortunadas como definir a la inseguridad como una “sensación”.



Sin embargo, esta vez fue la propia Cristina la que planteó la discusión. Lo hizo en un contexto muy particular: en el plano personal, afectada por el intento de atentado contra su vida y decidida a poner el ojo en el accionar de las fuerzas de seguridad; en el plano político, convencida de que la economía no puede monopolizar la campaña y de la necesidad de ampliar el voto empatizando con las clases medias.

La inseguridad es una de las principales preocupaciones del electorado bonaerense, el bastión de Cristina, donde el macrismo amaga con las candidaturas de Cristian Ritondo y Diego Santilli, dos de sus exponentes sobre el tema.

El pedido de Cristina de sumar gendarmes sorprendió en la interna porque no existe hoy una línea clara para seguir. Durante el gobierno de Néstor Kirchner había una clara orden de no reprimir las protestas sociales y la conducción de la Policía estaba delegada en Aníbal Fernández. En su primer mandato, Cristina se vio obligada a revisar su posición y dar una respuesta más contundente después de la represión de la Policía Federal en Soldati durante el conflicto por la toma del Indoamericano.

En su disputa con el gobierno porteño y mientras la oposición la corría por derecha, anunció la creación del Ministerio de Seguridad. Lo hizo en Casa Rosada durante la celebración del Día Universal de los Derechos Humanos, rodeada de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Al frente puso a Nilda Garré, que anunció el lanzamiento de un Operativo Centinela en el que mandó 6 mil efectivos al Conurbano. Ese es el hecho que ahora quiere repetir, pero hay una diferencia marcada: mientras que en ese entonces preponderaba la mirada de Verbitsky, hoy no hay un referente claro ni una visión holística -ni en el kirchnerismo ni mucho menos en el Frente de Todos- sobre cómo abordar la seguridad.

Después de la “doctrina Chocobar” que impuso Patricia Bullrich, Alberto Fernández eligió a Sabina Frederic como ministra. Asumió emparentada con las ideas de Garré, aunque su anclaje académico y la confrontación permanente con su antagonista bonaerense Sergio Berni generaron pocos resultados en lo operativo. La sucedió Aníbal Fernández, hoy alejado del cristinismo. Entre él y Berni -que hasta ahora resiste en el cargo por decisión de Axel Kicillof- queda poco del programa implementado por Garré.

Pese a que Cristina en sus últimas charlas privadas también lo incluyó en su bolsa de críticas después de la represión en el estadio de Gimnasia y Esgrima de La Plata, que costó la vida de un hincha, en los últimos años omitió hacer referencias públicas sobre sus políticas. Berni dijo que las últimas definiciones de la Vicepresidenta fueron “música” para sus oídos. Cristina habló sobre todo apoyada en sus conversaciones diarias con intendentes, esos mismos que reniegan de la figura de Berni y que ella usa como focus group para medir el clima social. Todos le repiten que la inseguridad en el Conurbano está cada vez peor.

Cristina esta vez rompió el tabú, habló sobre inseguridad y marcó la cancha para la próxima campaña. Si bien su giro centrista es más amplio, acaso sea más digerible para un sector de su propio electorado el viraje en materia económica que en un tema tan sensible como éste.

En su entorno insisten con la búsqueda de una tercera posición entre garantismo y punitivismo, pero hasta ahora el hecho de pedir gendarmes para las zonas pobres del conurbano es en definitiva más una respuesta a los que demandan lo segundo. “Si no tenés un plan político, el envío de efectivos no sirve para nada. Los gendarmes se atrincheran en las villas, pero no pueden accionar adentro”, analiza un cuadro técnico que participó en la gestión de Frederic, aunque hoy tiene una mirada crítica de esa gestión.

¿Es posible una tercera vía que resulte efectiva y no termine siendo funcional al discurso de mano dura? Sin un plan a futuro o una mirada integral, el aumento de efectivos en el Conurbano podría ser sólo una solución de campaña para aportar una “sensación” de seguridad, una medida de corto efecto que no resuelva los problemas de fondo.

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