Nada marcha de acuerdo al plan: la economía real, los mercados y la política complican a Javier Milei

Desde hace unos meses, pero particularmente esta semana, parece difícil seguir sosteniendo la consigna TMAP (Todo Marcha de Acuerdo al Plan). En la ONU, el desempeño del Presidente y su comitiva fue deficiente; en Argentina, los datos de pobreza y consumo privado se volvieron negativos y dejan al descubierto las contradicciones del plan.

TMAP (Todo Marcha de Acuerdo al Plan) se convirtió en la sigla acuñada por Santiago Caputo durante estos casi tres años para conjurar malos presentimientos cuando las cosas no salían como el Gobierno quería. Desde hace unos meses, pero particularmente esta semana, parece difícil seguir sosteniendo la consigna. De hecho, si se miran los resultados del viaje a la ONU, más los datos de la economía real y las perspectivas de los mercados en los últimos días, todo indicaría que la sigla debería ser reemplazada por NMAP: Nada Marcha de Acuerdo al Plan. Y eso, como si de un terremoto se tratara, tendrá más réplicas económicas y políticas.

Los datos fueron todos malos, pero hay dos que el propio Milei siempre destacó como parámetro de su gestión y que se volvieron negativos. En primer caso, la pobreza subió más de 4 puntos en el primer semestre del año, según el INDEC, y alcanza al 32,3% de los argentinos. La indigencia también aumentó y se ubica en 7,5. Un día antes se había escuchado al Presidente alardear en los Estados Unidos de que su gobierno sacó a 15 millones de personas de la pobreza, una frase repetida. La cifra es sugestiva porque es el número de pobres actuales que el INDEC identificó. Dos millones más que en el semestre anterior.

El otro dato, muy detentado por Milei y su ministro de Economía, Luis Caputo, es el del consumo privado. Este era uno de los indicadores que el equipo económico venía mostrando como evidencia de recuperación y que contraponían cuando se les preguntaba por el consumo masivo -más representativo de las mayorías-, que viene cayendo estrepitosamente desde hace meses. Pero ahora ya no puede ser utilizado como signo de fortaleza económica, porque cayó 2,4% en el segundo trimestre. Y no se trata de dos números aislados. El PBI cayó 0,6% entre abril y junio. En julio, la actividad económica se desplomó 2,9% contra el mes anterior y quedó 1,4% por debajo del mismo mes del año pasado. Porcentajes pandémicos.

Hay sectores donde la debacle solo se acentúa. La producción manufacturera, por ejemplo, cayó 5% mensual en julio y 4,9% interanual. En los primeros siete meses del año acumula una baja de 2,6%. Y la medición de FIEL para agosto volvió a mostrar una contracción, esta vez del 4,2% interanual. El comercio descendió 5,1% y la construcción sigue el mismo camino. En julio cayó 4,6% mensual y 4,5% interanual. La tendencia-ciclo retrocedió 1,1% y quedó en su nivel más bajo desde marzo de 2025.

El problema es que comercio, industria y construcción no son sectores marginales. Son las actividades que más rápidamente transmiten una caída de la inversión y del consumo al empleo y a la economía cotidiana. Por eso el deterioro de estos indicadores, ignorado habitualmente por un Gobierno que hace de la reprimarización de la economía su norte, indica lo contrario de lo que se busca, que es demostrar que la estabilización financiera se está transformando en crecimiento económico. No está pasando ni va a pasar. Si todavía no lo saben todos en las calles argentinas, si lo saben en Wall Street. Luis Caputo fue a Nueva York a tratar de convencer acerca de las fortalezas de lo que solo él, Milei y sus funcionarios siguen considerando un plan de estabilización. Los que lo observan con datos, ven un plan de ajuste que está poniendo a nuestro país al borde de la recesión.

El problema para Caputo es muy concreto porque el Gobierno necesita volver al mercado internacional de deuda para afrontar los vencimientos de 2027, pero ese mercado está haciendo exactamente lo contrario de lo que necesita la estrategia oficial. El riesgo país cerró en 609 puntos después de una fuerte suba y los bonos argentinos sufrieron una caída generalizada. El AO29 llegó a rendir alrededor del 12% en dólares vía MEP y cerca del 14% vía CCL. Con semejante costo, la posibilidad de conseguir financiamiento externo en condiciones razonables para encarar el año electoral se aleja.

Tampoco ayuda la evolución de las reservas. El Banco Central compró u$s768 millones en agosto, muy por debajo de los u$s2.162 millones de julio y de los u$s2.596 millones de mayo. La acumulación de dólares perdió velocidad justamente cuando se acerca el período de mayores vencimientos.

Otro mal dato para la Casa Rosada es que el deterioro financiero empieza a mezclarse con las dudas acerca de la sostenibilidad del plan. Según una estimación de Max Capital, los precios de los bonos descuentan 7 puntos porcentuales menos de probabilidad de reelección de Milei que en julio. No se trata de una encuesta electoral, sino de una inferencia realizada a partir de los precios de los activos, pero la señal muestra que el mercado está incorporando una mayor incertidumbre sobre la continuidad política del programa económico.

Consciente de estos días, Milei intentó achacarle las dudas de los inversionistas a la estadía paralela del gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicilloff, en Nueva York. "El riesgo país se mantiene en la zona de los 500 puntos, sube, fluctúa... Si aparecen pelotudos hablando en Nueva York, sube, obvio", apuntó el mandatario, con alusión al gobernador. La ironía puede servir como trampa cazabobos para consumo vernáculo pero difícilmente convenza a los lobos de Wall Street, que tienen muy claros cuáles son los problemas de sostenibilidad del programa y que, así como lo apoyaron, lo pueden abandonar sin grandes pruritos. De hecho, muchos de los bonistas que se reunieron con Kicilloff sonrieron con énfasis cuando el gobernador bromeó acerca de su condición de "cuco" o "fantasma". Las sábanas quedaron afuera de las reuniones que mantuvo en la capital financiera del mundo.

En ese contexto ocurrió la entrevista que Milei concedió al periodista de Bloomberg John Micklethwait en Nueva York. El intercambio expuso, delante de los inversores a los que el Gobierno intenta seducir, varias de las contradicciones que atraviesan al programa. Micklethwait le preguntó directamente por la caída de la economía entre marzo y junio: "¿Te preocupa entrar en una recesión así?". La respuesta de Milei fue tajante: "No". El Presidente sostuvo que la Argentina lleva 27 meses creciendo y atribuyó las diferencias a cuestiones metodológicas.

El periodista también puso el foco en el empleo: "Ahora el problema parece ser el desempleo". Milei respondió que la desocupación no había aumentado sustancialmente, defendió la creación de puestos de trabajo informales durante su gestión e hizo una insólita cuenta en la que el despido de 80 mil trabajadores estatales se convertía en empleos creados.

Las repercusiones son también políticas e impactan adentro y afuera. En la ONU, el desempeño del presidente argentino y su comitiva fue altamente deficiente. Lograron solo un encuentro de pasillo con el secretario de Estado, Marco Rubio, y una bilateral muy poco oportuna. Milei fue a la reunión de Escudo de las Américas -el grupo organizado por Donald Trump para que le rindan pleitesía- y no consiguió ni una foto del presidente norteamericano, y la única reunión que tuvo fue con Benjamin Netanyahu, en un momento en el que los principales líderes del mundo le dan la espalda. Con independencia de lo que se crea del primer ministro israelí y su responsabilidad en Gaza, es innegable que el encuentro está más claramente motivado por la afinidad ideológica que por una preocupación por los intereses de nuestro país.

Si bien Javier Milei habló del tema Malvinas en su discurso en la Asamblea, las señales tampoco fueron positivas en ese aspecto. Trump fue deferente con el premier británico luego de una reunión, y Andy Burnham le agradeció en rueda de prensa haber tenido oportunidad de hablar del tema Malvinas. Creer que los Estados Unidos iría en contra de su principal socio en ese tema no parecía verosímil antes, menos luego de que se produzcan estos acercamientos.

En Buenos Aires las cosas no andan mejor, aunque el oficialismo disfrace de victorias algunas derrotas o, por lo menos, triunfos a lo Pirro. El miércoles, Martín Menem logró conseguir dictamen en comisiones de Diputados para un proyecto de Discapacidad más cercano al propuesto por la oposición, pero eso no logró despejar las dudas acerca del tema. Dos días después surgieron rumores de que la propuesta no tiene el aval de la Cartera económica. Más allá de que nadie confirmó aún la especie, los aliados piden precisiones acerca del modo en el que se resolverá en términos económicos el proyecto para restituir derechos perdidos al colectivo de Discapacidad.

Tiene lógica la suspicacia porque fueron pocos los días que mediaron entre la presentación del Presupuesto por parte de Economía, donde se recortaba aún más al área, y el proyecto de una nueva Ley. En ese sentido, un flamante documento de la Pastoral social del Episcopado alerta acerca de que el proyecto de Presupuesto 2027 enviado al Congreso deroga normativas centrales de la ley de Emergencia en Discapacidad. "Advertimos que pretender eliminar la cobertura médica obligatoria, fragmentar los aranceles únicos que universalizan el sistema o restringir el acceso a pensiones no constituye un simple ajuste fiscal, sino un desamparo ético intolerable", sostienen.

El documento, además, agrega que "la respuesta del Estado no debe reducirse a una ecuación matemática. Detrás de cada terapia, tratamiento o insumo médico existe una persona real con un proyecto de vida, dolores y esperanzas. El presupuesto público debe erigirse como una herramienta para el desarrollo humano y evaluar la discapacidad únicamente desde una métrica financiera es una práctica de deshumanización que degrada la dignidad de la vida", se expresa en la declaración. A menos de dos meses de la visita de León XIV, este pronunciamiento no puede producir otra cosa que inquietud en la Rosada.

Quien se había quejado de no haber sido informada acerca del contenido del capítulo Discapacidad en el Presupuesto fue Patricia Bullrich. Su pelea con el jefe de Gabinete, Diego Santilli, se hizo evidente cuando lo trató de mentiroso y se notó aún más este jueves, cuando la jefa de bloque de senadores desoyó la contraorden que indicaba que no se debían votar los cambios en la Reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. El acuerdo con los aliados había sido modificar el capítulo vinculado a la remoción de autoridades, el más urticante porque implicaba un esquema a la peruana, en el que el titular del Central sería tan difícil de remover como el Presidente de la Nación. Santilli llamó con la contraorden de Karina Milei para que se vote sin cambios, pero Bullrich no acató ni siquiera cuando la operaron haciendo otras contactos.

La senadora enfrenta el recelo de quienes creen que, una vez más, está jugando la propia y que no puso todo para lograr una buena media sanción, así como tampoco está buscando los votos para la suspensión de las PASO. En relación con esto último, el Gobierno confía en que la Argentina Week de París lo ayudará, ya que llevan a, por lo menos, 15 gobernadores al viaje, donde confían en que podrán seducirlos para que apoyen algo clave para las intenciones reeleccionistas de Milei. Incluso dentro del oficialismo hay dudas acerca de que eso se logre y no por la integridad de los mandatarios provinciales o por el arraigo de sus convicciones, sino porque Nada Marcha de Acuerdo al Plan.

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