Milei enfrenta nuevas resistencias pero confía en el dólar barato y el apoyo de Trump para llegar hasta octubre

Cinco gobernadores, algunos cercanos al oficialismo, se reunieron con senadores para exigir al gobierno nacional una distribución más equitativa de fondos, evidenciando un cambio en la relación entre las provincias y la Casa Rosada. Al mismo tiempo, se intensifica la tensión política y social por los planes de ajuste del Gobierno, el conflicto en la CGT, y el relanzamiento de Cristina Kirchner como figura central del peronismo.

En el cierre de la semana se produjo un anuncio de trascendencia política. Este viernes, cinco gobernadores realizaron una reunión por zoom con los jefes de bloque de senadores del peronismo, el PRO y la UCR para avanzar con una serie de proyectos que buscan forzar al gobierno para que reparta los ATN y el impuesto que se cobra a los combustibles líquidos.

Entre los gobernadores estaban el mendocino Alfredo Cornejo y Rogelio Frigerio, de Entre Ríos. También estuvieron Maxi Pullaro, de Santa Fe, Nacho Torres, de Chubut, y el peronista Sergio Zilliotto, de La Pampa. El dato significativo es que, salvo el último, los demás podrían contarse como aliados -con matices- de la gestión Milei.

Si a esto le sumamos las críticas contra el gobierno del tucumano Osvaldo Jaldo, podemos ver que comienza a cambiar el panorama de la relación entre el poder central y las provincias, al mismo ritmo en el que se deterioran las rutas por falta de mantenimiento y que el área de contabilidad de cada una anuncia que no se podrán pagar los aguinaldos. El escenario augura otros problemas en el futuro inmediato porque presidencia necesita sostener vetos como el de la Ley de emergencia para Bahía Blanca y otros que se vienen.

Paradójicamente, con los efectos del dólar planchado haciendo estragos en la economía real pero permitiendo cierta estabilidad de precios, las encuestas son auspiciosas para los libertarios y creen que deberán aguantar sólo hasta diciembre, cuando una representación legislativa más favorable les permita plasmar su proyecto de modo más profundo. Ya el ministro de Economía, Luis Caputo y de desregulación, Federico Sturzenegger anticiparon que, a partir de fin de año, la motosierra se profundizará con el intento de avanzar en una reforma laboral más desfavorable a los trabajadores y con más despidos en el Estado.

Los anuncios intensificaron el conflicto que se vive en la CGT, con un sector que negocia con el gobierno y que envió a Gerardo Martínez al Consejo de Mayo, y otro que se unió a organizaciones sociales y a las dos CTA para protestar contra el desguace del Estado y la pérdida de derechos laborales de los argentinos. Las similitudes con los ‘90 son bastante evidentes. También lo es el modo en que una parte de la sociedad disfruta y otra sufre la imposición cambiaria.

CGT conferencia

Esto fue advertido por la propia Cristina Kirchner que, en un mensaje enviado a dirigentes del gremio La bancaria, aseguró que existen “dos argentinas. Una que tiene la suerte de poder viajar al exterior” y “otra que no llega con la comida a fin de mes. Esta es la verdadera grieta”.

El mensaje fue enviado un día antes del encuentro de partidos políticos en el PJ Nacional en el que se decidió que el pedido por la libertad de Cristina será un eje de la campaña de cara a las nacionales de octubre. No se habló del modo en el que se definirán las listas de candidatos en la provincia de Buenos Aires, tanto para las provinciales de septiembre como para las nacionales, algo que ya están intentando encarrilar los negociadores de cada una de las tribus.

Depende a quien se consulte, los pronósticos son más derrotistas o más alentadores, pugnan por la unidad como única receta posible o creen que -perdido por perdido- lo mejor sería dirimir liderazgos yendo separados y que los votos decidan. Esta última opción parece no tener en cuenta dos elementos claves si se perdiera con la alianza de derecha en la provincia: la gobernabilidad de la gestión Kicillof y la ya apuntada necesidad de hacerle fuerza en el Congreso Nacional a la profundización del proyecto Milei. Ninguno de los dos puntos son menores.

Esta semana, el presidente desembarcó en La Plata en un virtual lanzamiento de la campaña bonaerense que mostró lo más violento en términos discursivos que se ha visto desde la recuperación de la Democracia. Milei definió a Axel Kicilloff como un “pelotudo” y un “ pichón de Stalin”, entre otras invectivas. El gobernador le contestó con una definición irreprochable a priori: “el que insulta y grita no tiene razón”.

Pero, como en política, muchas veces la razón la terminan dando los votos, el peronismo deberá esforzarse para que los libertarios no repitan lo logrado en la campaña porteña. En capital, a fuerza de nacionalizar la elección y generar un debate tremendamente violento y polarizado, borraron al macrismo del mapa. Está claro que los dirigentes de LLA hacen ese cálculo sin importar el daño social que implica sostener esa agresividad en el debate público.

Fue esta semana la primera también en la que Milei se adjudicó alguna responsabilidad en la detención de Cristina Kirchner. “Los estamos metiendo presos”, dijo. Casi en eco con la propia ex presidenta que, por las mismas horas, decía “El modelo se les cae a pedazos, ellos lo saben y por eso decidieron meterme presa y sacarme de la cancha”.

Cristina Libre

En este sentido, hay una noticia internacional que muestra que la insistente voluntad de Donald Trump de incidir en la región (y en el mundo) puede complicar, en alguna medida, el futuro de Cristina Kirchner. La OEA eligió para la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a Rosa María Payá, militante anticastrista y representante de Trump. No está claro si esto podría llegar a complicar la estrategia internacional de Cristina pero -al menos- marca una tendencia preocupante.

Desde que Marco Rubio se adelantó al fallo de la Corte Suprema argentina y anunció en redes sociales que se le negaba la entrada a Estados Unidos a la ex presidenta, es evidente que a la administración Trump le importa dar soporte a Javier Milei -casi como si de un virrey se tratara- y despejar cualquier posibilidad de que una oposición fuerte se presente como alternativa para recuperar la posición de dignidad que nuestro país ha perdido en el concierto internacional.