Javier Milei y la vorágine de una administración que se mece entre la esperanza y la decepción

Mientras el Presidente fue designado Embajador de la Luz por la comunidad Jabad Lubavith y se mostró con Elon Musk en EEUU, en la última semana en la Argentina creció la conflictividad social, se quebró La Libertad Avanza en Diputados, y el Gobierno se peleó con las prepagas y celebró una inflación de dos dígitos.

El presidente Javier Milei vuelve al país para encabezar un comité de crisis por el ataque a Israel, luego de una semana convulsionada en la Argentina, entre medidas de fuerza, aumentos desmedidos de los servicios y prepagas, y una situación social y económica que se torna preocupante. El número de inflación de marzo -difundido en medio de la gira presidencial por Estados Unidos, la medida de fuerza de colectivos, el anuncio de paro general de la CGT y el escándalo legislativo del oficialismo- funcionó como un catalizador de relatos y realidades para quienes tienen expectativas en el éxito de la aventura libertaria, pero también para quienes son críticos de un rumbo que sume en la desesperación a buena parte de la sociedad.

En efecto, el 11 % mensual que registró en marzo el Índice de Precios al Consumidor fue celebrado por el Gobierno como un paso más en la desaceleración de la inflación. La lectura actual partió teledirigida desde el primer índice de la era Milei. Cuando en diciembre se registró en 25%, el Presidente lo calificó como un “numerazo”. Desde ese momento hasta hoy, cada índice se festejó en la Casa Rosada y en el Ministerio de Economía. En los pasillos del Palacio gubernamental se celebra el hecho de que el presidente mantenga su postura de redoblar la apuesta y no ceder ante las cada vez más crecientes presiones devaluatorias de los sectores exportadores.

Entre quienes alertan acerca de lo cortoplacista de las medidas, también señalan que el acumulado del 51% es insostenible para los bolsillos de una población que ya encuentra sus salarios en una relación parecida con los precios a la de 2001. Con esto, también está en juego la interpretación acerca de si las medidas de fuerza gremiales y las protestas callejeras son la última rémora de “la casta” que se niega a abandonar sus privilegios o una realidad instalada que se intensificará conforme avance el deterioro de los ingresos.

Milei, desde los Estados Unidos, puede celebrar algunas cosas. En un par de encuestas publicadas en los últimos días, se registra que la imagen presidencial mejoró levemente en relación con febrero, mes en el que la valoración negativa había superado a la positiva. Estos insumos son los que utiliza el elenco libertario para colegir que cada protesta o manifestación de los sectores de la sociedad identificados con el peronismo suman adherentes a la causa oficial.

represión 9 de julio

Que los despidos en el Estado y los cierres de dependencias públicas son aplaudidos por la sociedad, que también entiende que el feroz ajuste que sufre era inevitable. Incluso, que el llamado de alerta de las universidades públicas acerca de una posible quiebra si no reciben más fondos no es escuchado por las mayorías. La lectura -más allá de ser antojadiza o al menos, parcial- es inteligente en su efecto porque condena a la inmovilidad a una oposición todavía groggy por el golpe electoral del balotaje.

Pero tampoco son todas rosas para Milei. Según una de esas encuestas, la de Proyección consultores, el 33,3 % de los encuestados no está dispuesto a esperar más la mejora que promete el Presidente y otro 25% tendrá unos pocos meses de paciencia. Inmerso en una gira internacional estrambótica -que incluyó un reconocimiento de la comunidad Jabad Lubavith como Embajador Internacional de la Luz y un encuentro relámpago con Elon Musk repleto de gestos emparentados con el cholulismo- el jefe de Estado vive su full experience en el poder mientras las condiciones de vida de los argentinos desbarrancan.

Quedará para otra oportunidad el vuelo en un jet F-16 en Dinamarca por la decisión, un tanto sobreactuada, de volver al país a partir del ataque de Irán a Israel. Si estos gestos, diseñados para la tribuna, lo emparentan con su admirado Carlos Menem, aún no se ve el camino por el que podrá encaminar al menos momentáneamente a la Economía como el riojano logró entre 1991 y fines de 1993.

El Gobierno subió al ring a las prepagas mientras se pelea en el Congreso

En este sentido, dos hechos muestran el carácter aún precario de una fuerza con pretensiones de hegemonía pero con desinteligencias o contradicciones internas aún no resueltas. Por un lado, el ministro de Economía, Luis Caputo, fustigó a las empresas de Medicina Prepaga por sus desmedidos aumentos y las acusó de realizar un ataque directo a la clase media. El insólito vocero Manuel Adorni ahondó aún más en esta línea acusando a las empresas de cartelización y aclarando que el Gobierno está a favor del libre mercado pero no de los abusos.

Luis Toto Caputo
El ministro de Economía, Luis

El ministro de Economía, Luis "Toto" Caputo.

Pero, horas después de esto, el artífice del mega decreto que permite desregular el sector, Federico Sturzenegger, explicó que las tarifas de las prepagas estaban pisadas y justificó el aumento.

El otro evento de la semana se produjo en Diputados y tuvo que ver con el desplazamiento del jefe de bancada oficialista, Oscar Zago, por parte de Martín Menem, presidente de la Cámara. Menem buscó impedir sin éxito que se reuniera la comisión de Juicio Político para la elección de Marcela Pagano como presidenta. La periodista fue electa en medio de gritos y pedidos de disculpas a la oposición y Zago fue expulsado de la presidencia del bloque. Lo llamativo es que tanto Menem como Zago y Pagano dicen haber actuado por orden del Presidente.

Marcela Pagano Oscar Zago Martín Menem

No es un episodio extraño en una fuerza completamente aluvional, en la que la mayoría de los miembros no se conocían hace pocos meses. Lo que inquieta es que el elenco oficialista tiene que lograr la aprobación de la nueva Ley Ómnibus y que no se rechace el DNU, y parece tener más ayuda de la oposición dialoguista que de su propio espacio.

La pregunta es cuánto tiempo resistirá el humor social en escenario de ajuste sin precedentes, llevado adelante por una fuerza con poca cohesión y liderada por alguien cuyo carisma es innegable pero que no parece contemplar contextos a la hora de tomar decisiones. La puja entre la decepción y la esperanza aún no se ha resuelto.

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