Comienza la segunda etapa del Gobierno, con mayor poder pero con más recesión

El oficialismo encara la segunda mitad del mandato con mayor respaldo legislativo, gobernadores que coquetean sus apoyos y un frente opositor fragmentado, pero con un contexto económico cada vez más crítico. La posibilidad de avanzar en reformas profundas tensiona fuerte con el efecto corrosivo del ajuste sobre la sociedad.

La gestión Milei comenzó a desandar institucionalmente la segunda parte de su mandato de cuatro años con la jura de los nuevos senadores el viernes pasado y la de los diputados el próximo miércoles. A simple vista, el cálculo es promisorio para los libertarios. Si con una representación parlamentaria escasa, la aplastante impronta volitiva del presidente logró, en los primeros meses de su mandato, imponer proyectos y decretos verdaderamente radicales, ¡cuánto se logrará con una composición más favorable?

Es cierto que en los meses previos a la elección de medio término, el gobierno sólo sufrió reveses en el Congreso pero entre el nuevo número y la impronta de haber ganado, muchas oposiciones férreas seguramente flaquearán.

El oficialismo saborea la posibilidad concreta de convertirse en la primera minoría en la cámara baja si el catamarqueño Raúl Jalil ordena a sus diputados abandonar el bloque de Unión por la Patria. Diego Santilli estrena su puesto de ministro del Interior sondeando ánimos de otros gobernadores, prometiendo poco a corto plazo pero augurando futuros más promisorios si se aprueban las reformas. De Santiago del Estero se llevó menos de lo esperado. De las reuniones con otros mandatarios, como Carlos Sadir de Jujuy, la sensación de que el liderazgo de los ex Juntos por el cambio está vacante.

Santilli - Zamora

Lo de Sadir es llamativo. En su provincia coloca carteles denunciando la falta de obras nacionales, que su gestión tiene que suplir. Un cartel a la salida de Tilcara, en la quebrada de Humahuaca denuncia “Nación no construye, Jujuy sí construye”, mostrando las fotos de un barrio terminado por la provincia. Lo mismo hizo hace un tiempo el gobernador Maximiliano Pullaro en varias rutas de Santa Fe. Hace unos días justificó no haberse reunido con el titular de la cartera política: “No es que no me siento con Santilli porque no me quiero sentar. Prefiero que cuando nos sentemos haya dos o tres temas que se puedan resolver”.

El gobernador reclama la urgencia de inversiones en las rutas nacionales 34, 11, 33, 168 y 178, que se encuentran muy deterioradas. “Son rutas que están en muy mal estado, que la gente muere, que cada veinte días nosotros tenemos un siniestro vial en esas rutas y hay que invertir”, afirmó. Pero en Santa Fe la oposición denuncia “Pullaro es Milei” por la continuidad de las políticas de ajuste nacionales en su distrito.

Lo mismo sucede en Jujuy. Quizás por esto, las listas de ambos mandatarios perdieron las elecciones legislativas. Y también quizás por eso, el flamante bloque Provincias unidas arranca con el pie izquierdo en Diputados. Tanto Pullaro como el gobernador cordobés Martín Llaryora quisieran imponer una presidenta propia en su alianza con Encuentro federal y la respuesta que recibieron es que si el titular del Interbloque no es Miguel Ángel Pichetto, los federales arman solamente con radicales y la Coalición cívica. Volviendo a Pullaro y su pretendido gesto de rebeldía, también aseguró que apoyará el proyecto de flexibilización laboral que los principales estudios pro empresa preparan para que presente Milei el 9 de diciembre.

En un país en virtual recesión, con obra pública paralizada, incremento de las importaciones y destrucción del aparato productivo la única táctica de quienes deberían oponerse es subsistir, apoyar por migajas y lograr que el ajustado sea el otro. Spoiler alert: nunca sucede. El ajuste arrasa con las mayorías sin distinción de fronteras provinciales. De hecho, la catarata de anuncios de cierre y despidos se intensificó al llegar al último mes del año y no parece aminorar.

despidos obra pública

Las noticias fortalecen el discurso flexibilizador del gobierno bajo la falacia de que con menos obligaciones, los empresarios contratarán más. Los datos contradicen siempre esa conclusión interesada de los sectores concentrados. Con leyes más o menos favorables para los trabajadores, la demanda de empleo sólo crece cuando aumenta la demanda de bienes y servicios.

La táctica es otra por parte del establishment económico. Aprovechando la crisis, flexibilizar con la expectativa de generar mayor plusvalía en momentos de bonanza. Eso nunca sucede tampoco porque, en la Argentina, la consagración de la precariedad no produce crecimiento sostenido. Al menos, no un tipo de crecimiento que beneficie a las mayorías. Incluso los datos vinculados al salario van en contra del afán flexilizador.

En la reunión de esta semana del Consejo del Salario no hubo acuerdo cuando las empresas ofrecieron 4800 pesos de aumento. Es el más bajo en dos décadas y desde diciembre de 2023 se devaluó más de 35% con respecto a la inflación. A pesar de que no representa la realidad de los trabajadores registrados, el SMVM es clave porque se toma como referencia para negociaciones salariales, mediciones estadísticas o prestaciones sociales.

¿Por qué, entonces, si nos encontramos frente a los salarios más bajos de Latinoamérica medidos en dólares, el gran empresariado argentino sigue culpando al “costo laboral” por su falta de competitividad y no al nulo acceso al crédito, el dólar barato y la apertura indiscriminada de importaciones?

La misma paradoja que se da con los gobernadores, se da con los empresarios. Ganan más, en términos productivos, durante gobiernos peronistas pero apoyan de modo cerril a gestiones de derecha. Mientras tanto, la gestión Milei recalcula sus chances ostentando un poder político inédito, pero con un plan económico agotado y un deterioro inocultable de las condiciones materiales de la población.

TEMAS RELACIONADOS