El fantasma del fraude a través de las fake news, el pedido explícito de bolsonaristas para que intervengan los militares, y el silencio de Jair Bolsonaro tras los comicios son los primeros efectos de la elección más polarizada de la historia de Brasil que llevó a que Luis Inácio Lula Da Silva sea electo como el próximo presidente.
A pesar delos intentos de frenarlo, todo está listo y la asunción de Lula da Silva como presidente ya tiene fecha: el 1 de enero de 2023.
El Tribunal Superior Electoral ya despejó todo tipo de dudas: el domingo 2 de noviembre Lula ganó las elecciones de forma legítima y no hay denuncia que pueda contrarrestar el resultado.
Después de un silencio que pareció durar más de lo esperado, el presidente saliente pidió a los camioneros que desbloqueen las carreteras pero sin asumir la derrota de la pasada elección.
Sin embargo, fueron cientos de bolsonaristas los que decidieron cortar rutas en más de una veintena de estados para manifestar su descontento con esta elección e incluso fueron por más: al son de un saludo muy similar al nazi, pidieron la intervención de los militares.
Pero para hablar de los desafíos, primero hay que considerar el punto de partida. Estas elecciones marcaron la historia brasileña ya que por primera vez desde 1950, un presidente vuelve por tercera vez al Palacio del Planalto y también son los resultados más ajustados que hubo jamás en Brasil.
El país que le toca a Lula viene de una pandemia a manos de una gestión que relativizó el coronavirus y dejó el segundo mayor saldo de fallecidos del mundo después de Estados Unidos.
En materia económica, si bien los últimos períodos estuvieron marcados por deflación, la pobreza ya se sitúa en un 29,6% lo que representa un aumento de 10 millones de personas.
Por eso, Lula prometió sacar de la pobreza a millones de brasileños y uno de sus compromisos más fuertes es mantener el subsidio llamado Auxilio Brasil de 600 reales para los más necesitados. Otra clave de su gestión será elevar el salario mínimo en un 1,4% lo que equivale a 1200 reales.
Una reforma tributaria para que paguen más la población adinerada sumado a una fuerte inversión a través de la obra pública son otras de las claves para la nueva Brasil que se viene, lo que genera críticas del sector económico más dogmático.
En ese sentido, la idea es poder lograr índices similares a los de 2003, momento en que la pobreza cayó más de un 50%, el PBI creció un 2,6% y se invirtió en educación y programas de asistencia social.
Pero el trabajo fino pasará por el parlamento ya que el líder del PT necesitará lograr acuerdos para poder gobernar.
La conformación de la cámara de Diputados es de 513 escaños, siendo 99 de Bolsonaro y 80 del PT y sus aliados. . Es por eso que inmediatamente después de los comicios, el gobierno entrante empieza a poner manos a la obra para las negociaciones que lo harían obtener los 250 escaños necesarios en el parlamento para la promulgación de eventuales leyes.
En lo que respecta al senado, de 81 en total el Parlamento tendrá 13 de Bolsonaro y 9 de Lula.
Y si bien la transición ya comenzó a delinearse a través de su vicepresidente Gerardo Alklim quien visitó a Ciro Nogueira, el jefe de gabinete saliente, gobernar en un país sumamente polarizado y con un parlamento en donde hay más voces de la extrema derecha que del PT, no será sencillo.
De hecho, otra de las dificultades que tendrá el ex líder sindical será San Paulo, el estado más rico del país donde Tarcisio Gómes de Freitas, el candidato del bolsonarismo, se impuso con el 55% de los votos frente al 44% de su rival, Fernando Hadad.
Una de las claves que logró la victoria de Lula tiene que ver con los altos niveles de rechazo hacia Bolsonaro. De hecho, la mitad de los votantes brasileños decían que de ninguna manera votarían al líder de la derecha.
A lo largo del gobierno Bolsonaro asumió actitudes autoritarias, quiso anteponerse frente a los demás poderes, y también hizo declaraciones homofóbicas y xenófobas. Es por eso que otro de los compromisos que tendra el próximo presidente será el de recuperar la tolerancia a las diversidades y promover la convivencia pacífica entre todos.
Sin dudas, el abandono y la desidia en la Amazonía le valieron el rechazo unánime a Bolsonaro de distintas publicaciones internacionales.
Tal es así, que previo a la elección fue la revista británica Nature la que lo calificó como una amenaza para la ciencia. La destrucción de la capa vegetal en la Amazonia supone una seria amenaza para el futuro de Brasil y del mundo, lo que se aceleró estrepitosamente desde que Bolsonaro llegó al poder, con las cifras de deforestación más altas de los últimos 15 años.
En búsqueda de aliados
La alianza con la política de centro y centro derecha demostró que el líder de izquierda está dispuesto a generar consensos como el que logró unirlo en una misma fórmula con su antiguo rival Gerardo Alckmin, derrotado en 2006 por el propio Da Silva.
Otros de sus aliados imprevistos fueron Simone Tebet, la candidata que quedó tercera en estos comicios y el ex presidente Fernando Enrique Cardoso.
Esto da la pauta que el Gobierno que se viene será más que sólo el PT al frente: el nuevo armado político demuestra que se logró tender puentes entre aquellos que no comparten la política de la derecha más radicalizada y buscaron un cambio que está a punto de comenzar.