El gobierno de Irán rechazó este domingo el ultimátum del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y respondió con una ofensiva con drones y misiles sobre objetivos en Israel y Kuwait, en un escenario de máxima tensión regional.
Irán lanzó ataques con drones y misiles contra Israel y Kuwait en medio de una escalada que tensiona el control del estrecho de Ormuz.
El gobierno de Irán rechazó este domingo el ultimátum del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y respondió con una ofensiva con drones y misiles sobre objetivos en Israel y Kuwait, en un escenario de máxima tensión regional.
Desde la conducción de las fuerzas armadas, el general Ali Abdollahi Aliabadi lanzó una advertencia directa a Washington: “Se les abrirán las puertas del infierno”, en réplica al tono utilizado previamente por el mandatario estadounidense.
El cruce se produjo luego de que Trump fijara un plazo de 48 horas para alcanzar un acuerdo que destrabe la situación en el estrecho de Ormuz, una vía estratégica para el comercio energético global. En ese marco, el líder republicano había amenazado con desatar un “infierno” y atacar infraestructura clave iraní si no se cumplían sus condiciones.
Desde el alto mando iraní calificaron ese mensaje como una postura “desequilibrada” y sin sustento político, y ratificaron que no cederán ante presiones externas. En la misma línea, remarcaron que cualquier intento de imposición será respondido en consecuencia.
La escalada se da en un contexto ya deteriorado tras un ataque cercano a una instalación nuclear en territorio iraní, que obligó a evacuaciones y elevó el nivel de alerta. A esto se suma el conflicto abierto desde fines de febrero, con operaciones conjuntas de Estados Unidos e Israel.
Durante la jornada, tanto Kuwait como Israel activaron sus sistemas de defensa aérea ante nuevos ataques atribuidos a Irán, mientras que el ejército israelí informó sobre lanzamientos de misiles detectados desde Yemen.
Con amenazas cruzadas y acciones militares en curso, la disputa por el control del estrecho de Ormuz se consolida como uno de los principales focos de tensión internacional, sin señales de desescalada en el corto plazo.