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Un médico estudió más de 1.400 genes de adultos mayores para encontrar la explicación de la longevidad: qué descubrió

Un estudio genético sobre más de mil adultos mayores determinó que el sistema inmunológico y los hábitos saludables son más importantes que la herencia en la búsqueda de una vida larga.

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  • El secreto de una vida larga y saludable podría no estar escrito en el ADN. Así lo sostiene el cardiólogo y genetista Eric Topol, quien durante años estudió los mecanismos biológicos del envejecimiento. Su trabajo dejó a la vista que el verdadero factor que marca la diferencia entre vivir más o menos tiempo no está tanto en los genes, sino en el modo en que se cuida el cuerpo y la mente.

    La longevidad siempre fue un misterio para la ciencia. Aunque se conocen ciertos genes asociados al envejecimiento, todavía no existe una explicación definitiva sobre por qué algunas personas superan los 90 años con buena salud. Topol, fundador del Scripps Research Institute en Estados Unidos, se propuso responder esa pregunta con un estudio genético sin precedentes, cuyos resultados sorprendieron incluso a la comunidad médica.

    Con décadas de experiencia en cardiología y genómica, el especialista asegura que entender el envejecimiento desde una mirada integral es muy importante para cambiar la forma en que se vive. Su conclusión, lejos de ser determinista, abre una puerta que le da lugar a la esperanza, ya que la calidad de vida depende más de los hábitos que de la suerte o la herencia.

    Qué encontró el médico que buscó una respuesta a la longevidad

    La investigación de Eric Topol comenzó luego de atender a una paciente de 98 años que vivía sola, manejaba su propio auto y mantenía una vida social activa. Su caso lo inspiró a buscar una explicación científica para ese bienestar prolongado, especialmente porque su familia no tenía antecedentes de longevidad.

    En 2007, el médico y su equipo analizaron los genomas de 1.400 adultos mayores de 85 años que no sufrían enfermedades crónicas ni tomaban medicación constante. La intención era identificar un patrón genético común entre quienes habían logrado una vejez saludable. Pese a eso, los resultados fueron sorprendentes, ya que no existía una firma genética clara que explicara su longevidad.

    Estos hábitos, aunque parezcan inofensivos, contribuyen a un desgaste progresivo que muchas veces pasa desapercibido.

    Topol concluyó que el secreto estaba en el sistema inmunológico. Las personas longevas presentaban defensas fuertes y equilibradas, capaces de proteger el organismo sin generar inflamaciones excesivas. Este descubrimiento dio origen a dos conceptos fundamentales en la investigación del envejecimiento: el “inflammaging”, que describe la inflamación crónica de bajo grado que avanza con la edad, y la “inmunosenescencia”, que hace referencia al desgaste progresivo de las defensas.

    El especialista explicó que mantener un sistema inmune saludable es posible a través de hábitos simples que son importantes sostener en el tiempo. Estos consisten en conservar una alimentación balanceada, actividad física regular, descanso suficiente y vínculos sociales sólidos. Estos factores, según Topol, no solo mejoran la calidad de vida, sino que también reducen la inflamación y fortalecen las defensas del cuerpo.

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