Siesta, boletín y juegos: cómo funcionan los "jardines" para perros, una tendencia que crece en el mundo
Germán, Antonio y Agustín son amigos que pusieron en marcha una idea para cubrir las necesidades emocionales de los animales que, hasta el momento, no habían sido atendidas. "Lo hacemos por el amor a los perritos, que son muy parecidos a nosotros", contaron.
Algunos de los "alumnos" en Ladra junto a sus educadoras caninas.
Hace varios años que los perros dejaron de ser simples animales para convertirse en partes auténticas de la familia. Llevarlos de vacaciones, comprarles ropa, alimentarlos con comida saludable y dejarlos en guarderías son solo algunos de los comportamientos que las personas comenzaron a adoptar alrededor de mundo. En ese marco, hubo tres amigos que se animaron a ir un paso más allá.
Germán, Antonio y Agustín, outsiders del mundo veterinario, decidieron cristalizar su amor por sus mascotas cubriendo una necesidad que tuvo su origen en la pandemia. Después de haber pasado meses sumergidos en el teletrabajo, cuando llegó el momento de volver a la presencialidad, dejar a sus mascotas solas por lo menos durante ocho horas al día comenzó a convertirse en un problema. Para ellos y también para sus amigos perrunos.
"Como sociedad no teníamos esa necesidad satisfecha. El dolor que tenía cada vez que me iba a trabajar y dejaba sola mi perrita aullando y ladrando, me hizo pensar en alguna solución. Lo planteamos con mis amigos y nos pusimos a investigar sobre la cuestión, que también se da en un contexto de baja de natalidad mientras que en otros lados del mundo, como Colombia y Estados Unidos, también es una tendencia que crece", contó Agustín a C5N sobre el nacimiento de Ladra.
Así fue que los tres jóvenes, provenientes del mundo corporativo, se propusieron replicar el modelo de "jardín de infantes para perros" y pergeñaron la idea que se inauguró oficialmente en octubre, con sede en Palermo.
Perros Ladra
Pero ello no fue una misión sencilla, porque si bien estaba la idea, necesitaban sumar el knowhow: "Nos rodeamos de expertos, dos educadoras caninas, que son quienes llevan a cabo la operación, el diseño y la ejecución de este proceso. Ellas son quienes llevan el día a día de los perritos".
Como cada iniciativa, hasta que se asienta, suele generar polémica. Sobre todo teniendo en cuenta que, ante la baja de natalidad en el mundo, hay quienes critican la "humanización" de las mascotas en la generación millenial y sostienen que "los perros son perros y deben seguir siendo perros". Sin embargo, para los creadores de Ladra, ese prejuicio no es un escollo que obstaculice sus ganas de crecer.
"No nos afectan las críticas. Nuestro objetivo es estar en todo CABA y más allá: la realidad es que detectamos una necesidad y venimos a satisfacerla. Entendemos que los perros no son humanos, pero también entendemos que su parte emocional fue dejada de lado", opinó Agustín.
En tal sentido, refutó: "Veterinarias hay muchas, así que lo físico y de salud está cubierto, pero lo otro no podemos dejarlo de lado. Al menos yo no pude. Entendemos que nuestras mascotas no son humanos, pero son muy parecidos a nosotros. Lo hacemos por el amor que les tenemos".
Cómo funciona Ladra, el primer jardín de perritos de Palermo
El primer paso es agendar una entrevista con el tutor para conocer al futuro alumno: "Tenemos un montón de preguntas para el tutor sobre el perrito y lo sometemos a evaluación para ver cómo reaccionan al entorno y a otros perros. Después de eso vemos si necesitan adaptación".
Ladra
"Lo hacemos por el amor que le tenemos a los perros", dijo Agustín Pasquali uno de sus fundadores.
En una segunda instancia, después de la verificación de hábitos, alimentación y salud, se pasa también a evaluar la prueba física. Cuando las educadoras dan luz verde al postulante, desde Ladra informan de cuánto será el período de adaptación.
Cabe destacar que el jardín trabaja bajo la modalidad de jornada completa, de 8.30 a 18.30, con turnos y planes de una hasta tres veces por semana para usar a libre demanda. Desde el espacio también ofrecen una membresía libre, que consiste en contratar el servicio de lunes a viernes.
En cuanto a lo que se hace puertas adentro, se trata de 10 horas divididas en cuatro bloques en los que no solo los perros son meramente "depositados", sino que son ratos específicamente pensados para que los perritos interactúen, entrenen y aprendan.
Agustín contó que el primer bloque es de sociabilización libre, para que regulen la energía alta de la mañana y "hagan lo que quieran entre ellos". Una vez finalizado ese turno, se pasa al de actividades cognitivas: "La idea acá es desafiar a los perros a que resuelvan juegos lógicos, se desenvuelvan en la resolución de problemas y aprendan a autoregularse".
Después llega el momento de la siesta y ya el último bloque es para cerrar el día con mucha energía, según contó Pasquali: "Hacemos juegos físicos y actividades con conos y pelotas".
Si bien no existen las reuniones de padres como ocurre en los jardines de infantes, en el establecimiento entienden que las familias, obviamente, quieren saber cómo se desenvuelve su mascota. Desde Ladra están cubiertos ante dichas demandas, ya que a los tutores les envían seguimiento de fotos y videos de sus perritos en la adaptación: "Algunos te consultan y otros no, pero una vez que ingresan, les pedimos que miren el contenido que subimos en redes sociales para que se queden tranquilos".
Y eso no es todo: "A fin de mes tenemos un ladrómetro, que es un boletín que evalúa los comportamientos de los perritos, su historia y seguimiento, qué aprendió y amigos nuevos tienen".