Esta alimentación es positiva a primera vista pero en exceso puede afectar negativamente la longevidad: aunque es esencial para mantener la masa muscular y la energía, consumirla en exceso podría tener el efecto contrario al buscado, ¿de cuál se trata?
Esta alimentación es positiva a primera vista pero en exceso puede afectar negativamente la longevidad: de cuál se trata
Diversos estudios advierten que su consumo excesivo podría reducir la expectativa de vida y aumentar el riesgo de afecciones persistentes.
Según expertos en durabilidad vital, una dieta demasiado rica en este tipo de alimento—especialmente de origen animal— puede acelerar el envejecimiento celular y aumentar el riesgo de enfermedades crónicas.
Cuando se consume en exceso, pueden aparecer señales tempranas como cansancio, malestar digestivo, cambios en el ánimo, aumento de peso inesperado o baja tolerancia a comidas. En el largo plazo, los riesgos están asociados con afecciones metabólicas, problemas cardiovasculares, mayores niveles de inflamación, potencial para algunos tipos de cáncer y daño en sistemas de reparación interna del cuerpo.
Por qué las proteínas pueden acortar la longevidad según una experta
Melanie Murphy Richter, especialista en longevidad y nutrición, advierte que consumir una cantidad de proteínas muy por encima de lo necesario puede tener efectos contrarios a los esperados: explica junto al médico Joseph Antoun que uno de los mecanismos implicados es la activación sostenida del IGF-1 (factor de crecimiento similar a la insulina tipo 1). Este sistema es esencial en etapas de crecimiento, pero si se mantiene elevado en adultos, puede contribuir al deterioro celular, menor capacidad de reparación interna y un mayor riesgo de dolencias persistentes.
Según reportan estos especialistas, en muchos países desarrollados los adultos entre 19 y 59 años consumen hasta tres veces más proteína de lo recomendado por las guías dietéticas. También se alerta que las proteínas de origen animal —como carnes rojas, huevos y pollo— son las que más tienden a sobrepasar la dosis saludable, especialmente cuando su ingesta no se equilibra con vegetales o fuentes vegetales.
Los estudiosos sugieren que, para personas menores de 65 años, una ingesta de entre 0,7 y 0,8 gramos de proteína vegetal por kilo de peso corporal al día podría ser lo óptimo, siempre ajustando según estilo de vida, actividad física y otros factores individuales. En mayores de 65, pueden considerarse mayores niveles si se detecta pérdida de masa o fuerza.
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