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El escritor que reflexiona y afirma que siempre vivimos en el apocalipsis

Lejos de concebirlo como una instancia de tragedia, el autor Premio Nobel de Literatura 2025 propone una mirada actualizada para el fin del mundo según la Biblia.

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  • La idea del apocalipsis suele asociarse a un desenlace abrupto, a un momento final que clausura la historia, pero en la obra del escritor húngaro László Krasznahorkai esa noción adquiere un sentido más amplio y persistente, ligado a la propia dinámica del devenir humano. Desde su reciente consagración con el Premio Nobel de Literatura 2025, el autor volvió a intervenir públicamente con una serie de reflexiones que reafirman una mirada crítica sobre el presente y, al mismo tiempo, una continuidad con las preocupaciones centrales de su obra narrativa.

    En una presentación en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, Krasznahorkai retomó una definición que lo acompaña desde hace años y que incluso fue señalada por Susan Sontag al describirlo como un “maestro del apocalipsis”. Lejos de rechazar esa etiqueta, el autor la resignifica y la incorpora como eje de su pensamiento, en un contexto en el que también cuestiona el rumbo de la literatura contemporánea, el impacto de las nuevas tecnologías y la fragilidad del mundo actual frente a procesos políticos y sociales que considera regresivos.

    A qué se refiere cuando habla del Apocalipsis

    Para Krasznahorkai, el apocalipsis no debe entenderse como un acontecimiento futuro o excepcional, sino como una condición constante que atraviesa la historia de la humanidad, una sucesión de crisis, caídas y recomposiciones que configuran el modo en que las sociedades evolucionan. En ese sentido, afirma que “siempre hemos vivido en el apocalipsis”, en tanto cada época estuvo marcada por conflictos, tensiones y figuras de poder que encarnan formas de violencia o degradación, como ejemplifica al mencionar a Vladimir Putin.

    Esta perspectiva se articula con otra distinción clave en su pensamiento: la diferencia entre pobreza y miseria. Mientras la primera conserva una dimensión cultural y espiritual, la segunda implica una degradación total, tanto material como simbólica, que el autor considera cada vez más extendida en el mundo contemporáneo. Sin embargo, su literatura no se limita a representar esa miseria, sino que busca indagar en los restos de dignidad que persisten incluso en los contextos más adversos.

    En ese marco, el arte ocupa un lugar central como herramienta de comprensión, aunque no como solución definitiva. Krasznahorkai sostiene que la tecnología puede resultar fascinante, pero que es el arte el que permite acceder a una dimensión más profunda de la experiencia humana, elevando al sujeto para luego devolverlo a la realidad con una nueva perspectiva. Así, su idea de apocalipsis no remite a un final, sino a una tensión permanente entre destrucción y sentido, donde la literatura funciona como una forma de resistencia frente a la pérdida de significado.

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