En una primera mirada, uno podría pensar que vivimos en un clima parecido al del 2001: hay niveles insoportables de pobreza, indigencia y desempleo; existen ciertos niveles de apatía y desencanto, con un clima antipolítico que se respira en algunos sectores de la sociedad; y, como dato más importante, se percibe una idea general de fracaso general.
Pero si bien todo esto es verdad, estamos en un momento diferente: una mirada más atenta, nos debería llevar a entender que la Argentina actual fue construida como respuesta a la crisis del 2001. Por un lado, el sistema político es hijo directo de la crisis: el kirchnerismo y el macrismo son una reacción del 2001; por otro, existe la Argentina de la movilización permanente, con la idea de que la plaza es de todos.
En tanto, en la Argentina en la que vivimos hoy en día están las nuevas tecnologías de la contención social. Estamos hablando de los derechos ganados durante el kirchnerismo: jubilación universal, Asignación Universal por Hijo (AUH), los diferentes planes de estímulos para los estudiantes, las becas, los planes de empleo, los programas de trabajo, las cooperativas, entre otros.
Todo esto forma un entramado de contención social muy poderoso y mucho más eficaz de lo que se piensa, que evita un nuevo estallido como el del 2001.
A modo cierre, es importante remarcar que la Argentina está atravesando su tercera gran crisis desde el regreso de la democracia: la del final del alfonsinismo, la del 2001 y la actual, que empezó sobre el final del macrismo y se agravó con la pandemia Un país es muchas cosas, también es la suma de todas sus crisis.