Cuando el 3 de agosto pasado Sergio Massa juró por Dios y por la Patria como ministro de Economía, se juramentó internamente, y de cara a su equipo económico una lucha de frente contra la inflación.
El renunciante whatsappero Martín Guzmán le había dejado una inflación descontrolada, con los precios relativos absolutamente explotados. Una inercia inflacionaria que prometía llegar al simbólico y temido 100% de alza de precios de manera interanual.
Entonces, el primer dato que midió el INDEC ya en la gestión de Massa, no fue para nada gentil con el ministro empoderado con toda la botonera económica del Gobierno: agosto marcó un 7%. Sin embargo, su verdadero mes fue septiembre, en donde el índice de precios al consumidor marcó un 6,2%. Y en octubre la inflación marcó un 6,3%.
La desaceleración fue de apenas 0,8 puntos porcentuales, pero parecía un guiño a las primeras medidas adoptadas por Massa en los diferentes frentes con el objetivo de ordenar la macroeconomía.
Con un país en donde la pobreza por ingresos subsume en la miseria a 18 millones de compatriotas, la inflación es un flagelo indudablemente pernicioso que conlleva una situación dramática, ya no solamente para los sectores marginales, sino también para los trabajadores cuyos ingresos pierden valor generando la figura del trabajador pobre, un hecho inédito en la joven historia argentina.
Sin promesas grandilocuentes, Massa fijó desde el inicio que reducir la inflación es un eje central. Así lo planteó en las primeras reuniones con los funcionarios del FMI y con los empresarios argentinos de consumo masivo e insumos difundidos.
“Nos establecimos recorrer un sendero de reducción de la inflación, bajar cada 60 o 75 días un punto de inflación. De alguna manera arrancamos en 7,5, el segundo bimestre los estacionamos en 6,2% en septiembre y 6,3% en octubre y aspiramos a seguir un sendero de reducción. El objetivo es llegar a abril de 2023 con el número 3 adelante”, dijo Massa en una entrevista en la radio Futurock.
En esa línea, Massa instó a su equipo a acordar con los diferentes sectores empresarios una serie de acuerdos tendientes a romper con la inercia e ir normalizando los precios relativos de la economía, tal como contaron a este medio fuentes económicas.
Massa pide aplicar recetas conocidas para bajar la inflación
Tal como la Selección argentina, que juega partido a partido, con Lionel Scaloni apelando a cambios de nombres y esquemas ante cada rival, el propio Massa pide a los suyos aplicar recetas conocidas pero que esta vez el resultado sea palpable. Como Scaloni, prefiere el perfil bajo, sin declaraciones estridentes pero que al final se cumpla el objetivo.
Así en noviembre, el ministro de Economía lanzó el programa Precios Justos, con más de 1.700 productos congelados hasta marzo. Durante la presentación Massa explicó que el acuerdo abarca a 100 empresas que representan el 86% del consumo masivo en el país y tiene como objetivo "lograr la estabilidad de los precios de productos esenciales que consumen los hogares argentinos" entre diciembre y marzo.
Señalética y carteles de Precios Justos en las góndolas
Télam
Es cierto que al programa de precios congelados se le suma que noviembre suele ser un mes con menor presión sobre los precios, algo que cambia drásticamente en diciembre con una mayor demanda empujada por las fiestas de fin de año y el inicio de las vacaciones.
Más allá de la estacionalidad, este 4,9% implica una baja de 1,4 puntos porcentuales, lo que empieza a marcar el sendero propuesta por Massa con la meta puesta en llegar a abril con un 3 adelante del indicador de inflación.
Sabe el ministro que los próximos 4 meses presentan comportamientos estacionales que posiblemente generación un efecto serrucho en el índice que mide el INDEC, pero lo cierto es que la mirada es la mediano y largo plazo: generar un verdadero cambio de comportamiento en los actores sociales a partir de diferentes acuerdos marco para romper con la maldita inercia de la inflación.
En noviembre, al analizar los 12 segmentos que mide el INDEC, hay dos datos positivos en ambas puntas del nivel general del 4,9%. Lo que más subió en noviembre fue Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles con un 8,7%, empujado por la corrección de los precios regulados de los servicios de electricidad, gas y agua. En el otro extremo, lo que menos subió fue Alimentos y bebidas no alcohólicas que avanzó un 3,5%, lo que es una gran noticia, sobre todo para los sectores sociales más vulnerables, además de que tiene una alta incidencia en el índice general.
No es menos cierto que la variación interanual en noviembre marcó un 92,4% y en el acumulado de los once meses del año alcanzó un 85,3%. Son números astronómicos, pero al venir del inframundo, el 4,9% al menos permite augurar que quizás el año cierre por debajo del 100% de incremento, y quizás soñar con que en 2023 el 60% de inflación presupuestado por el Gobierno esté cerca de la realidad.
Massa no se conforma con un 60% de inflación, pero tampoco quiere caer en la falacia planteado por Alfonso Prat-Gay el 10 de diciembre de 2015 cuando al asumir como el primer ministro de Economía de Mauricio Macri estableció metas de inflación (inflation targeting) que prometía cerrar 2019 con un 5% anual. Finalmente, los cuatro años de Macri finalizaron con promedio que estuvo por encima del 40% anual.