Un sistema irreal que colapsó. Reservas netas negativas. Un país paralizado. Esta es la herencia que describe el equipo económico que delinea la política monetaria desde el Banco Central. Con un frente de tormenta inflacionario desatado, en especial por los aumentos en los precios registrados en los últimos días, el programa de contingencia contiene una dosis de ortodoxia y pragmatismo y la esperanza de echar anclas que ayuden a fijar las bases de un verdadero plan integral.
En el centro de la estrategia se encuentra la decisión de llevar el dólar a la frontera de los $800 que se iría devaluando a cuentagotas con un crawling peg de alrededor del 2% mensual. ¿Alcanzará ese porcentaje en un contexto de alta inflación? Imposible afirmarlo. Lo que aseguraron hombres cercanos a Santiago Bausili a C5N es que el director del Central no se aferrará a ningún principio dogmático y, si es necesario, ese número podría modificarse.
De hecho, es casi una declaración de principios la política adoptada, que apunta a no atarse a un punto fijo de “no devaluación” pero al mismo tiempo sin dejar la sensación de que se ajustará la moneda estadounidense al índice de inflación. Estiman, con optimismo, que el shock devaluatorio inicial generó un “colchón” para mantener el dólar oficial cercano a ese valor durante, al menos, varios meses.
Dólar blue billetes dólares
El primer paso será recomponer reservas.
El primer paso será recomponer las reservas, apalancados en la mejora de la cosecha que el campo promete para 2024 y un desempeño relevante desde el sector energético, la minería y litio. En las altas autoridades prima la idea de que la Argentina no sufrió tanto un problema de falta de reservas como de administración de las mismas. Para revertirlo es clave cambiar la ecuación más escuchada en los pasillos del BCRA: “Muchos pesos y pocos dólares”.
Pero para eso hará falta, de mínima, bastante tiempo. Y recorrer ese camino pedregoso hasta mitad de año, cuando el agro podría aportar jugosos dólares, puede ser duro si no se cuenta con el auxilio internacional que ayude a atravesar la transición. Por eso se intensificaron los diálogos para obtener fondos del exterior y se negocia con el FMI para corregir las metas incumplidas del programa. Aquí, las versiones coinciden en que esas reservas serían muy importantes pero no imprescindibles para el éxito del plan.
Otro aspecto vital pasará por hacer frente a la deuda comercial acumulada luego de que en los últimos meses se abriera por demás la canilla a las importaciones. Según los números que manejan en el Central, en ese lapso se aprobaron unas 5.500 o 6.000 importaciones en un sistema que no podía resistir más de 4.000. Ayer, el Banco Central lanzó un nuevo régimen para importaciones, que contempla la eliminación de las SIRAs y marca un plazo para el acceso a las divisas para cancelar esos compromisos. En la entidad consideran que “si aceptan el canje es un alivio”. Sería, ni más ni menos, que desactivar una de las amenazas más urgentes.
La otra es la de las Leliqs. Allí, la hoja de ruta es bajar la emisión para el pago de intereses, normalizar variables y precios relativos y levantar controles al mercado de capitales. Bajar la emisión, pero sobre el déficit, es la madre de las batallas. En sintonía con las declaraciones recientes del ministro Luis Caputo, los altos mandos económicos de los distintos equipos del presidente Javier Milei repiten que “el déficit es la madre de todos problemas, porque se emite para financiar el déficit y eso genera inflación. No se puede abusar de la sociedad forzando la emisión de pesos para gastos excedentes. Eso ya ocurrió, porque el gobierno anterior abusó de la sociedad con la emisión".
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Los precios de los alimentos se dispararon tras a suba del dólar oficial.
En medio de las turbulencias generadas tras el salto estrepitoso del dólar oficial, los economistas en funciones destacan que, como objetivo inicial, se logró “corregir los precios relativos”. “Cualquier programa de estabilización como este sufre el sinceramiento de las variables. Si sacas Precios Cuidados, los precios van a tender a acercarse a la realidad, lo mismo que las naftas y otros bienes. Eso tiene un impacto inflacionario pero que no es inherente al programa, sino que está asociado a las políticas pasadas”, explican.
La apuesta a corto plazo, luego de 72 horas frenéticas, es hacer un primer chequeo para tomar el pulso a la economía y "salir de la la ansiedad que no deja tiempo para pensar". Al final del camino, se esperanzan, el premio será el funcionamiento normal de las principales variables macro y el mercado cambiario y el diseño de una política desde el Banco Central ajena a las exigencias del Tesoro. En los cálculos más optimistas, la inflación podría comenzar la curva descendente antes de los 18 o 24 meses proyectados inicialmente. Pero incluso para eso falta mucho tiempo.