Franco Cottet tiene 21 años y es uno de los 12 jugadores de la Selección argentina de básquet con síndrome de Down que logró el título en Hungría tras ganarle la final del Mundial a Turquía. Un plantel variado, compuesto por deportistas seleccionados de Córdoba, Tucumán, provincia de Buenos Aires y CABA, con edades entre los 18 y los 41 años.
Ser campeón del mundo para demostrar que los límites no existen: la historia de Franco Cottet
El joven de 21 años se consagró con la Selección argentina de básquet con síndrome de Down en Hungría. Cómo el deporte lo ayudó a trazar nuevas metas y, sobre todo, hacer amigos.
Y allí estaba Franco, quien se enamoró de este deporte desde muy chiquito, luego de probar con el karate, boxeo, natación y fútbol. "El partido fue hermoso, me emocioné mucho cuando emboqué en la última jugada. Yo sentía que ya éramos campeones. Después pudimos festejar, fuimos a pasear y conocimos Hungría. Nos gustó mucho la ciudad", recordó sobre el título en diálogo con C5N.
Y enseguida agregó: "Sentí mucho orgullo de representar a la celeste y blanca, me dejó muy emocionado y sobre todo contento. En lo primero que pensé fue en la familia y amigos, me dieron muchas ganas de llorar. Me emocionó estar todos juntos y unidos".
Quién es Franco Cottet: su historia con el deporte
Franco vive con su familia y practica básquet desde los 4 años, cuyos inicios fueron en un club de Villa Domínico. Ahora forma parte de la fundación Tirando Paredes, que entrena en Atlanta tres veces por semana.
"Me dicen que disfrute. 'Ganamos o perdemos no pasa nada, cabeza arriba, saludamos a los rivales y los respetamos. Me enseñaron a vivir tranquilo y no ir apurado", describe sobre las enseñanzas que le deja su familia.
Vivir en sociedad para alguien con discapacidad no es algo sencillo. Acerca de los prejuicios, para Franco no es un obstáculo: "Cuando me critican no me afecta, pero yo no lo hago con nadie". Igualmente advierte que "queda desubicado y queda mal, me gustaría pedirles que piensen qué están haciendo".
De todas maneras, él es feliz con lo mundano, con lo simple: "Cuando me levanto lo que me hace feliz es tomar café con medialunas". Se despierta a las 6 de la mañana, tiene de ídolo a Facundo Campazzo y hasta tiene palabras para los niños con su misma realidad que no se animan a hacer deporte: "Vengan al club a hacer amigos".
Al igual que sus compañeros, Cottet desarrolló un vínculo muy especial con Matías García Pía, el entrenador. Así lo describe: "El profe es el mejor profe que tengo. Me dice: ´jugá tranquilo y disfrutá con los compañeros´ así que lo hago. Los profes son maravillosos, son hermanos míos".
Cómo es criar a un hijo con síndrome de Down
Liliana es la mamá de Franco, a quien, según ella, lo educó en cuestiones de prejuicios, sobre todo para poder aprender a vivir en sociedad: "Lo fuimos curtiendo con la discapacidad para desenvolverse naturalmente, le dijimos que tiene una discapacidad existente y otros tiempos. Pero siempre creímos en su potencial. El respeto y prudencia ante una provocación fue primordial".
En ese sentido, agregó que "reforzar su comportamiento nos ayudó a que la gente entendiera que él sabe de su discapacidad y conoce sus límites. A pesar de eso avanza y se permite exigirse a sí mismo".
La mamá del deportista reconoció que no esperaba este presente: "No me imaginaba esto cuando Franco nació. Jamás tuve tanta ambición, pero sí siempre tuvimos como objetivo subir la vara, hasta donde llegaba, se la subíamos más. Estamos super orgullosos de él y lo vamos a acompañar hasta donde él quiera".
Los valores y el cariño de un equipo que quiere ir más allá
Para el equipo de entrenadores, la actividad trasciende largamente la preparación física y los resultados del deporte. Según explica Matías, el rol de los profesores de este equipo con síndrome de Down se enfoca de manera integral en el crecimiento humano y el acompañamiento afectivo de los jóvenes en una etapa clave: "Para nosotros es un inmenso orgullo coordinar un espacio cuyo objetivo principal es que los chicos se diviertan y hagan amigos a través del deporte. Los acompañamos en su crecimiento y los desafiamos para que aprendan y se superen cada día más".
El trabajo diario exige abordar de cerca la frustración y el manejo de las presiones que rodean a las competencias juveniles. "Desde mi rol de profesor, sobreponerse a las adversidades es un tema sensible", analizó el técnico al describir el entorno de las jornadas intensas de cada partido.
En ese sentido, contó cómo los profes les brindan contención cuando las cosas se ponen difíciles: "Los chicos pasan mucho tiempo fuera de sus casas, a veces sin sus familias, juegan varios partidos a la vez y se frustran de más en medio del griterío. Tratamos de que se acompañen entre ellos y de enseñarles que el deporte es ganar y perder, pero que de la derrota también se aprende mucho".
"Lo que nos devuelven en calidad humana es muchísimo; tenemos un grupo muy cariñoso que nos demuestra cuánto nos quiere y eso es una caricia al alma. Para nosotros son mucho más que alumnos: son amigos y hermanos. Nos sentimos parte de sus familias y el día a día es lo más lindo que tenemos", concluyó.
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