“Sí, cuando tuvo que elegir, fue todo una situación, un problema. Fue duro para él y para la familia. Recuerdo que el padre pasaba por el kiosco y me decía lo que le costaba, estaba preocupado… Porque en esa época tampoco pensábamos que iba a llegar a tanto en el futbol, en realidad nos sorprendió a todos y más porque, en cuatro años, pasó de jugar en la Primera de Bella Vista a estar haciendo goles para salir campeón en Boca”, completa Juan Ignacio. En aquellos años, el más grande los Pisani tenía un maxikiosco a media cuadra de la casa de los Palacio y a una cuadra del club La Falda. “Era un paso obligado para él. Siempre se aparecía, entraba, compraba su alfajor y charlábamos de fútbol, de la vida. Lo mismo que pasaba Pepe Sánchez a tomar mate o Rómulo Severini, jugador de fútbol importante de la ciudad que también era del barrio…”, detalla Juani.
Para ser precisos, en la calle Alvear, número 26, vivían los Pisani y a 50 metros, sobre Yrigoyen, los Palacio. De hecho, aún hoy viven ahí, al menos José, el Gallego, ex futbolista importante de la región, e Isabel, la madre de Rodri, Martina, Melisa y Gonzalo, los cuatro hermanos. “Nos criamos ahí, en la vereda, en la Plaza Eva Perón de la esquina, en el club… Mi papá fue vicepresidente y mi mamá estuvo en la comisión del básquet. Estábamos todo el día ahí, con Rodri, que era un amante de todos los deportes y especialmente del básquet y de la vida de club”, relata JL.
El más cercano, por edad, era Miguel, el menor, que jugó mucho al básquet, incluso como profesional -como base llegó a la segunda división nacional, jugando para Racing de Avellaneda y Estudiantes de Santa Rosa- y ahora es actor y vive en México. “Aquella, en el barrio, con Rodri, fue una época hermosa de la que tengo los mejores recuerdos. Vivíamos libres en un barrio típico y luego de volver de la escuela ya no volvíamos a casa hasta la noche, hasta el clásico grito de nuestras madres, ‘Miguel y Rodri, adentro, que ya es tarde’. Estábamos en el maxikiosco de mi hermano, que además tenía jueguitos electrónicos, en la plaza Eva Perón, en las hamacas o jugando al fútbol o casi enfrente, en nuestro club, viendo a los más grandes con admiración y esperando nuestro momento para jugar”, rememora quien hace 11 años se fue al DF México y dejó de jugar al básquet. “Yo fui al revés que Pala, de más a menos. Jugué bien al principio y luego ya no, él sigue jugando como antes parece, por lo que vi en los videos que llegaron desde Italia”, compara, entre risas.
basquet2
De La Falda, Bahía Blanca, para el mundo.
La charla deriva en la pasión de Palacio por la naranja y, en ese momento, Juani inicia con una salvedad. “Sí, podemos hablar del Rodri basquetbolista, porque era muy bueno, tenía ese pique corto que lo hizo famoso en el fútbol, mostraba un muy buen tiro de media distancia, tenía técnica, era anotador, pero en realidad jugaba bien con cualquier pelota que le tiraras. Rodri es un chico que nació para el deporte”, reflexiona mientras intenta hacer memoria de algunas anécdotas. “Todavía me parece verlo sentado en el banco, con una sonrisa, esperando su turno, mientras nosotros entrenábamos. Era feliz estando en el club, con una pelota de básquet en la mano. La alegría que tiene hoy para vivir era la que tenía cuando jugaba al básquet”, amplía. José Luis acuerda con su hermano “lo del espíritu deportivo muy especial que siempre tuvo Rodrigo. Es un chico entre callado y sumiso pero, a la vez, muy competitivo. Tiene un perfil muy parecido al Gallego, su padre, ambos amantes de los deportes y con un cuerpo especial para practicarlos”.
El entrenador, que antes de dirigir en Chile lo hizo en Bahía Basket, junto a Pepe, hace una radiografía de aquel escolta de 1m75. “Sí, jugaba bien. Era muy rápido, corría como loco. Y tenía buena mano para el aro. Anotaba muchos puntos en las formativas”, analiza JL. Para ratificarlo, había que ir a las fuentes y consultar a Roberto Seibane, un mito bahiense que trabaja en la asociación local y tiene un archivo único, con datos de hace 44 años. El hombre de la estadístico de la ABB proporcionó el detalle: entre 1995 y 1999, Rodrigo jugó 104 partidos y anotó 1996 puntos, un impactante promedio de 19.2. Sobresalió mucho en cadetes, entre 1997 y 1998, con una media de 23.6. En juveniles tuvo 18.7 entre 1999 y 2000, cuando empezó a jugar un poco en Primera, hasta que tomó la decisión de dedicarse sólo al fútbol…
basquet5
Las estadísticas de Palacio, con un impactante promedio.
A fin de septiembre del 2022 fue noticia porque luego de jugar en el Brescia, decidió colgar los botines a los 40 años y apareció jugando en el Garegnano de Lombardia, en la serie D del básquet italiano. Anotó cuatro puntos en la derrota de su equipo ante Basket Trezzano (73-65) en las semis de un torneo de preparación jugado en Gaggiano, Milán. Y un día más tarde aportó 14 puntos ante Malaspina Sport Team. Ahora, hace días, volvió a ser noticia porque volvió a jugar en ciudad natal, durante sus vacaciones. Con el equipo Black Mamba, conformado con la base de ex jugadores de La Falda, enfrentó a Basketbeer. Fue el primer partido de la serie final, en la categoría Cuarta de la LAB (Liga Amateur de Básquet). No alcanzaron los ¡34 puntos! del Pala, para evitar la derrota de su equipo, por 89 a 82. Su casillero de puntos se completó con 3-4 en triples, 8-14 en dobles y 9-11 en libres. No sorprende si pensamos que la Joya debutó antes en el básquet que en el fútbol. Lo hizo el 30 de septiembre de 1997, en el torneo de Segunda, con victoria ante Unión de Río Colorado, por 92 a 80 y al fútbol, el 4 de abril de 1999, en la derrota de Bella Vista, ante Olimpo, 4 a 1.
“La Falda es uno de los clubes más chicos de Bahía y a veces nos costaba hasta completar el plantel para jugar los sábados a la mañana, con Rodri íbamos casa por casa para convencer a algunos. Yo era base y el escolta, pero teníamos que dividirnos por cuartos para no dejar debilitado al equipo. Un día, contra Olimpo, se cortó feo la lengua pero siguió jugando con una gasa. Jugaba muy bien y era muy importante. Y, por otro lado, no quería salir porque le encantaba jugar”, recuerda Miguel.
“Era tan fana Rodri que un día, cuando ya estaba en Huracán de Tres Arroyos, volvió a Bahía de vacaciones y entró un rato en un amistoso. Recuerdo que era uno de mis últimos partidos y yo le dije al entrenador que lo sacara porque se podía lesionar… Rodri no quería salir”, comenta mientras se ríe. O aquella historia en la que fue a ver un partido entre Bahiense del Norte y Costa Sud, equipo de Tres Arroyos, y se ofreció a llevar la planilla estadística del partido porque una radio tresarroyense no tenía planillero.
“Era así. Estaba en Boca y cuando volvía Bahía y se aparecía por el club no veía la hora de agarrar la pelota para ponerse a tirar un rato. Por eso no me sorprende que hoy quiera seguir jugando luego del retiro en el fútbol”, explica Juani. “Realmente admiro que se retire del futbol profesional y se dedique al básquet. Como entrenador de este deporte, me encanta. Demuestra que ama al básquet”, refuerza José Luis. Infobae le reenvía a Juani el video de la anotación que se viralizó en Italia y no puede contener la expresión. “Una clásica jugada suya. Mantiene la misma forma de jugar. Sólo lo veo un poquito más grande físicamente”, comenta.
De más grande, como se contó, el ídolo era Nocioni, pero de más chico, por tenerlo cerca y ser un poco más grande, el que los desvelada era Pepe Sánchez, básicamente porque era el talentoso pibe del barrio que rompió cada barrera que se propuso, primero jugando en la Liga Nacional, luego yéndose a Estados Unidos, para jugar inicialmente en una universidad y luego para ser el primer argentino en jugar un minuto en la NBA. “Sí, era así. A Pepe lo mirábamos de forma especial. Le fuimos siguiendo la carrera y yo siento que la de Rodri tuvo similitudes, en el sentido que nos sorprendió y rompió cada barrera que se propuso, hasta terminar jugando a los 40 años en Italia”, analiza Miguel.
basquet4
El mensaje para Pepe Sànchez, uno de sus ídolos.
Pepe recuerda bien las cualidades que tenía el Palacio basquetbolista. “Jugaba muy muy bien, era vivo, inteligente, muy parecido a cómo jugaba al fútbol. No tenía miedo, jugaba por instinto”, analiza y va más allá con su relato. “En casa teníamos un aro en el patio y a veces jugábamos. El y mi hermano, que tienen la misma edad, contra mí, que les llevo tres años. Yo me tenía que poner serio porque si me distraía, me ganaban… Rodri siempre fue un deportista integral, intuitivo, rápido, con mucho foco. Podría haber jugado a cualquier deporte y hacerlo en alto nivel”, asegura, dejando una frase que resume toda la historia. “Para mí, es un jugador de básquet que se disfrazó de futbolista simplemente porque lo hacía demasiado bien con la pelota en los pies”, cierra, de forma glamorosa.
El mayor de los Pisani cuenta una anécdota de cómo Rodri alcanzó el status deportivo de Pepe, cerebro de la Generación Dorada, con quien se encuentran habitualmente cuando la Joya vuelve a Bahía y elige, para entrenarse y tirar al aro, el Dow Center, el centro de alto rendimiento que tiene Pepe en Bahía. “En el kiosco teníamos pegado un poster de Pepe, grande, bien arriba, y en una de las carameleras una fotito de Rodri en Bella Vista. Y siempre lo jodíamos: cuando vos juegues en el exterior o en la Selección vas a estar al lado de Pepe. El cumplió y nosotros, también. Estaban los dos posters bien grandes ahí arriba”, relata.
Juani cuenta cómo, de a poco, se dio vuelta la historia. “Cuando Pepe firmó su primer contrato en la NBA recuerdo que le dije, un poco en joda y otro poco en serio, ´¿por qué no comprás el pase de Rodrigo?´ Nos hacíamos millonarios”, dice hoy luego de repasar el palmarés de palacio en el fútbol (746 partidos, 250 goles, 8 títulos y 2 Mundiales disputados). “Sí, es una historia verídica. Juani me decía eso, pero nunca se me cruzó por la cabeza. Creo que valía 30.000 dólares o algo así. Ni siquiera lo consideré, pero pensando hoy no hay dudas de que hubiese sido un gran negocio”, completa.
La familia fue contactada para sumar testimonios en esta historia, pero algunos integrantes se excusaron porque prefieren mantener el mismo perfil de Rodrigo, quien no tiene redes sociales y elige mantenerse lejos de los flashes y las entrevistas. Los tres hermanos Pisani, en tanto, no pueden evitar tener una reflexión muy parecida para cerrar la nota, con partes iguales de emoción y alegría al recordar a su amigo del barrio La Falda y aquellos añorados viejos tiempos. “Realmente tuvo la carrera soñada en el fútbol y ahora, por suerte, tiene tiempo de retomar su otra pasión. Es hermoso. Y se lo merece. Es un pibe que nació para el deporte. Un talento natural para jugar, con un perfil bajo y una humildad que todavía nos sorprende y emociona”, coinciden. De La Falda, Bahía Blanca, para el mundo.