El trágico suceso ocurrido en México en el partido entre Querétaro y Atlas, en el que un grupo de barra bravas inició un violento enfrentamiento en el campo de juego, motivó la suspensión de la novena fecha de la Liga MX. Sin embargo, no se trata de un hecho aislado sino del corolario de una feroz escalada de violencia.
La facción más agresiva de la hinchada del Gallo tiene un frondoso historial que tuvo su puntapié inicial justamente ante los Zorros, en un partido por el descenso en 2007. En aquel entonces, el equipo rojinegro derrotó 2 a 0 a los albinegros y los envió a la segunda categoría, lo que provocó una batalla campal sobre el césped protagonizada por la barra del equipo perdedor.
Seis años más tarde, ambos equipos volvían a verse las caras en un partido decisivo para mantener la categoría. Un empate en cero dejó mejor parado en la tabla del descenso a los de Guadalajara, pero la barra brava del Querétaro reaccionó arrojando proyectiles a la hinchada rival, lo que terminó con la intervención de la Policía y numerosos destrozos.
Los seguidores más violentos de Querétaro no tardarían en escribir una nueva página de violencia. En 2017, tras un encuentro ante los Pumas de la UNAM, un grupo de barras fue filmado agrediendo a un hincha rival, que quedó inconsciente.
Dos años después, los Gallos Blancos vencían 2 a 0 al Atlético de San Luis cuando el árbitro debió suspender el partido debido a los enfrentamientos en las tribunas, que incluían palos, piedras, y botellas.
Según el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, México posee las seis ciudades más violentas del mundo. Esta realidad permea hacia otros sectores de la sociedad, y el fútbol no es ajeno a eso. El historial lo demuestra.