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Barracas: el primer gol olímpico de la historia cumple 100 años y el barrio lo festeja a lo grande

Vecinos y organizaciones realizan un festival para celebrar el centenario del tanto convertido desde el córner por Cesáreo Onzari en un amistoso de la Selección argentina ante Uruguay en el desaparecido estadio de Sportivo Barracas.

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  • A veces, en el fervor del momento, calificamos de "histórico" a partidos que luego quedan rápidamente en el olvido. Por el contrario, el correr de los años refrenda esa etiqueta para encuentros que verdaderamente marcaron un antes y un después. El amistoso Argentina-Uruguay, jugado en la cancha de Sportivo Barracas el 2 de octubre de 1924, hace exactamente 100 años, fue tan bisagra que cambió desde nuestro vocabulario deportivo hasta nuestra forma de consumir fútbol, y este fin de semana va a ser recordado a lo grande en el barrio con un festival.

    Circular por la calle Río Limay, cerca del Parque Pereyra porteño, es una experiencia tranquila, donde la calma barrial hace que sea difícil imaginar el griterío de las multitudes que se escuchaba ahí hace un siglo. Mucha gente transita por la cuadra entre Iriarte y Río Cuarto sin imaginar que por allí pasaron equipos como Real Madrid, Barcelona, Espanyol, Torino, Genoa y selecciones sudamericanas, entre ellas, claro, la argentina.

    Entre 1920 y 1942 se ubicó en la manzana entre Iriarte, Luzuriaga, Río Cuarto y Perdriel el estadio de Sportivo Barracas. Con una capacidad de 37 mil personas, reemplazó a Gimnasia y Esgrima como el escenario favorito de los partidos de selección y albergó a los grandes encuentros de la década de 1920.

    La Nación Argentina Uruguay 2 de octubre 1924

    El triunfo de la Selección argentina por 2 a 1 ante Uruguay en Sportivo Barracas pasó a la historia.

    El primer choque en ese recinto fue un triunfo de Boca ante Nacional de Montevideo por 2 a 0 por la Copa Tie Competition 1919, en mayo de 1920. En julio de ese año debutó la Selección, con caída 3 a 1 frente a Uruguay por la Copa Newton. Además, allí la Albiceleste se coronó en los sudamericanos de 1921 y 1925.

    En 1931, la apertura a la profesionalización del fútbol dejó afuera a Sportivo Barracas. La aparición de otros estadios más cómodos y la caída deportiva e institucional del club significó el deterioro paulatino del otrora gran escenario. 1942 fue el año del adiós y la apertura de esa cuadra de la calle Río Limay.

    El cuadro barraqueño, campeón de la Copa Competencia Jockey Club en 1921 y del torneo amateur de 1932, que supo ser el primer club de ídolos como Alfredo Di Stéfano y Roberto Cherro (nacidos en el barrio) y ganarle a Milan, Napoli y al seleccionado portugués durante su histórica gira por Europa, terminó desafiliado en 1937 y no regresó a AFA hasta 1967, sin haber logrado hasta ahora catapultarse desde las profundidades del Ascenso.

    Un estadio histórico en Barracas

    El antiguo estadio de Sportivo Barracas, inaugurado en 1920, tenía su ingreso principal por Iriarte 2870. Apenas unos metros por fuera de la línea de cal que delimitaba el campo de juego, se ubicaba una cadena sostenida por pilares de mampostería, rodeada por un foso, que a su vez era circundado por un elegante muro con balaustrada de un metro de altura.

    Los arcos daban a Iriarte y a Río Cuarto. Sobre el lateral de Luzuriaga se encontraba la tribuna oficial, techada, y el resto de la cancha estaba rodeada por terraplenes que paulatinamente fueron cubiertos con gradas de madera hasta alcanzar la capacidad de 37 mil personas.

    Allí, además de los partidos internacionales más importantes de la década y de los encuentros como local de Sportivo Barracas, se disputaron contiendas de otros deportes, como la pelea entre Luis Ángel Firpo y Al Reich en 1924, con victoria por nocaut del Toro de las Pampas. También se jugó al básquet, al rugby y al hurling, un tradicional deporte irlandés con alguna semejanza con el hockey.

    Tribuna oficial Sportivo Barracas alambrado olímpico

    La tribuna oficial del estadio de Sportivo Barracas, sobre el lateral de la calle Luzuriaga. Ya puede verse el alambrado olímpico instalado.

    El estadio también estuvo vinculado a la política, ya que el intendente porteño José Luis Cantilo, el presidente Marcelo T. de Alvear y el entonces ministro de Guerra y futuro mandatario, Agustín Justo, supieron dar puntapiés iniciales de partidos.

    Hoy, pasar por el cruce de Río Limay y Río Cuarto significa atravesar un lugar histórico: el arco donde se convirtió el primer gol olímpico de la historia.

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    Un partido histórico: el primer gol olímpico, el alambrado, la vuelta y la primera transmisión radial

    El clásico rioplatense entre Argentina y Uruguay es el partido internacional más veces disputado en la historia. El primero se celebró el 20 de julio de 1902; nunca antes habían jugado entre sí dos selecciones no británicas. Durante el comienzo del siglo XX, ambos países contribuyeron mutuamente al desarrollo de su fútbol y fueron clave para establecer a Sudamérica como uno de los protagonistas de la escena mundial.

    En 1924, los orientales pusieron a su país en los titulares de todo el mundo al coronarse campeones olímpicos en el estadio de Colombes, en las afueras de París. El triunfo por 3 a 0 en la final ante Suiza despertó la admiración de los europeos por el estilo sudamericano y se convirtió en una de las cuatro estrellas que hoy engalanan el escudo de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF).

    Argentina no había participado de la cita olímpica por conflictos intestinos que mantenían dividido al fútbol local. Coexistían dos entidades rectoras: la Asociación Argentina de Football (oficial y afiliada a la FIFA, con Boca y Huracán como principales equipos) y la disidente Asociación Amateurs de Football (con River, Racing, Independiente y San Lorenzo entre los destacados).

    Uruguay campeón Juegos Olímpicos 1924

    El equipo uruguayo campeón en París 1924.

    Al regreso de los uruguayos de Francia, se organizó un desafío amistoso ante la Selección argentina. El 25 de mayo de ese año ambos equipos habían protagonizado la curiosidad de jugar dos partidos el mismo día por las copas Lipton y Newton, uno en Montevideo y otro en Barracas, con un triunfo para cada lado. El primer encuentro post campeonato olímpico fue el 21 de septiembre en el Parque Central de la capital charrúa y fue empate 1 a 1. La revancha se programó para el domingo siguiente.

    El 28 de septiembre, entonces, el estadio de Sportivo Barracas se preparó para el esperado partido. También la gente: pese a la capacidad de 37 mil personas, había unas 52 mil. El desborde terminó con una invasión de campo que obligó al árbitro uruguayo a Ricardo Vallarino a suspender el cotejo, que se pasó para el jueves 2 de octubre.

    Para evitar que hubiera otra marea humana, se limitó la venta de entradas y se colocó una malla de alambre sobre el muro perimetral de la cancha. Como se instaló en el partido ante "los olímpicos", la novedad terminó llamándose "alambrado olímpico". Pero no sería el único cambio en el diccionario de ese día.

    Embed - Collage de Sportivo Barracas en 1924

    Historiadores como Felipe Pigna destacan que, al salir a la cancha en Barracas, los uruguayos se pasearon saludando al público, ceremonia que pasaría a la historia como "vuelta olímpica". Otras versiones apuntan que el nombre proviene de la recorrida que hicieron los campeones en París luego de coronarse ante los suizos.

    Pero el plato fuerte llegaría a los 15 minutos de juego. Césareo Onzari, hábil wing de Huracán, pateó un córner desde el costado izquierdo, cerca del actual cruce de Río Cuarto y Perdriel. Tras el derechazo, la pelota tomó comba y se metió directamente en el arco. Mientras los uruguayos reclamaban falta al arquero, el árbitro Villarino convalidaba el tanto, apoyado en el cambio de reglas ocurrido tres meses antes, que permitió los goles desde tiro de esquina, antes prohibidos. En rigor, la modificación entraba en vigencia en el hemisferio sur en la temporada 1925, pero el referí decidió darle curso ya que se trataba de un amistoso.

    Cesáreo Onzari córner

    Cesáreo Onzari, destacado wing de Huracán y de la Selección argentina.

    La naturaleza de los rivales hizo fácil la denominación del nuevo recurso: desde entonces y para siempre, un gol desde el córner se llama "gol olímpico", nombre que se extendió al resto de América Latina y a países como España e Italia. Luego llegaría el empate oriental de Pedro Cea y el 2-1 convertido por Domingo Tarascone. Sin embargo, el partido terminó suspendido a los 86 minutos ya que los visitantes se retiraron ante los desmanes del público, que arrojaban objetos desde las tribunas.

    Por último, hubo otro condimento que rubricó la calidad de histórica de esa jornada: fue el primer partido de fútbol transmitido por radio en el país, inaugurando una larga tradición de grandes relatores e hinchas pegados al parlante en lo que fue la banda sonora de los fines de semana durante el resto del siglo XX y que continúa hasta nuestros días.

    Horacio Martínez Seeber, radioaficionado con la licencia oficial número 1 del Ministerio de Marina, y Atilio Casime, jefe de Deportes del diario Crítica, colocaron tres micrófonos (uno para cada uno y un tercero para captar el ambiente) para transmitir el encuentro por LOR Radio Argentina, la primera de habla hispana en el mundo, creada por el pionero de la radiofonía argentina, Enrique Telémaco Susini.

    Sin embargo, aquel relato estuvo muy alejado de lo que conocemos hoy y que consolidaron nombres como Fioravanti, José María Muñoz y Víctor Hugo Morales. En aquella tarde barraqueña, Martínez Seeber realizó una somera descripción de lo que ocurría en la cancha, y para ayudar a la imaginación de los oyentes se apoyaba en un plano publicado ese día en los diarios, que dividía al campo de juego en zonas numeradas. Con eso como base, el relator iba indicando en qué cuadro se producían las jugadas.

    2 de octubre 1924 La Nación Argentina Uruguay cancha dividida transmisión radial

    El 2 de octubre de 1924 se publicó este plano en los diarios como complemento del relato radial. El gol olímpico se pateó desde el cuadro 1 y entró al arco sobre Río Cuarto, entre los cuadros 2 y 3.

    Cien años más tarde, seguimos escuchando los partidos por radio mientras los vemos en la cancha a través del alambrado olímpico, los equipos celebran sus conquistas con una vuelta olímpica y nos ilusionamos en los córners ante la posibilidad de un nuevo gol olímpico, tal como aquel día en el estadio de Sportivo Barracas.

    Un festival por la memoria colectiva

    Luego de que se desapareciera el estadio en 1942 y se abriera la calle Río Limay, el barrio mantuvo viva su historia en el relato oral, aunque su fuerza se fue perdiendo con el correr de las generaciones. Cerca de la calesita del Parque Pereyra, una placa recordaba el emplazamiento de la cancha, pero fue robada. Ante eso, un grupo de vecinos y entusiastas decidieron revivir la memoria y celebrar el festival "Conmemorando los 100 años del primer gol olímpico", que se realizará el sábado 5 de octubre entre las 10 y las 20 en Iriarte y Luzuriaga.

    Impulsado por las organizaciones Antropolúdica, la Cooperativa ArqueoTerra y Pintando mi Aldea y con el apoyo de Sportivo Barracas, Cultura AFA, el Centro para la Investigación de la Historia del Fútbol (CIHF), el Programa Mecenazgo del Ministerio de Cultura de la Ciudad y entidades del barrio, se llevarán adelante shows musicales y teatrales, feria de artesanías y gastronomía, juegos, murales y caminatas guiadas sobre la rica historia barraqueña.

    Entre los eventos más importantes del festival se destacan la recreación del gol y una excavación arqueológica abierta al público en el patio de la casa de Guadalupe Vázquez, que coincide con uno de los córners de la antigua cancha, donde se buscarán restos materiales del histórico recinto.

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    "Para mí, en el gol olímpico se expresa una metáfora superadora a la grieta. La grieta no es solo partidaria o de clases, sino que en ella coexisten varios binomios: teoría y práctica, ley y vigencia, seguridad o educación, mercado o estado, individuo o colectivo. Hay un abismo que parece imposible de ser tapado. Pero al interior del gol de goles parece habitar algo que hace temblar la superficie rasgada del hoy. Conjura un retorno a la unión", explicó Gabriel Moscovici, una de las cabezas detrás del proyecto, quien trabaja desde hace 15 años como educador popular en la Villa 21-24.

    "Ya lo vimos al ganar la copa del mundo. Salir juntos, pese a todo a dar la vuelta juntos. La vuelta divina, la vuelta olímpica. Intuyo que es por eso que al interior del festival se han sumado comerciantes, instituciones estatales, académicos, clubes grandes y chicxs. Se suman jardines, pasando por escuelas, hasta universidades. Es un pequeño brote simbólico de unidad y alegría que insiste como un yuyo colado en esta época tan signada por el ánimo de hiperindividualismo, guerra y muerte", concluyó.

    Pueden seguirse las alternativas del festival y todo lo que tienen preparado a través de la cuenta de Instagram @festigol.olimpico.

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