La cuantiosa deuda que el sector automotor mantiene con proveedores por las importaciones realizadas durante la gestión de Alberto Fernández se transformó en una olla a presión que llevó ya a cuatro terminales a paralizar su producción veraniega ante la falta de insumos.
General Motors, Volkswagen, Renault y Nissan adelantaron vacaciones y hacen malabares para pasar un primer trimestre incierto, con intenciones de normalizar su producción recién en marzo. La deuda acumulada del sector (incluyendo a autopartistas) supera los u$s7.000 millones y los proveedores dejaron de entregar piezas a las fábricas ante la falta de pagos.
El gobierno de Javier Milei diseñó una herramienta financiera para intentar resolver el problema de la deuda de los importadores de todos los sectores, el Bono para la Reconstrucción de una Argentina Libre (Bopreal), al que se suscribe en pesos a valor mayorista y amortiza en dólares en 2027. Sin embargo, de los u$s5.000 millones que puso como cupo, apenas se llevan licitados u$s1.644 millones, cerca de un tercio de la oferta. Ayer la colocación estuvo muy por debajo de lo esperado, apenas u$s340 millones.
De la colocación total hasta el momento, el 64,5% del total colocado hasta aquí lo demandó la semana pasada Toyota, que se acogió al régimen propuesto por el Gobierno. En tanto, el resto de las terminales derivaron el caso a sus casas matrices. las oficinas en Wolfsburgo, en Detroit y en París analizan el instrumento ideado por el equipo económico del gobierno libertario, pero hasta acá no termina de convencer.
“Los proveedores necesitan resolver hoy la deuda, y los bonos tienen vencimiento recién en 2027”, expresó a este medio un importante directivo de una automotriz. La falta de confianza que genera el país en los mercados, aún con el cambio de administración, genera otro escollo: “Si el proveedor toma el bono y después lo quiere vender en el mercado secundario, le dan la mitad. O sea, pierde plata”, señaló otro ejecutivo.
En tanto, Tobías Sánchez, research analyst de Cocos Capital, sostuvo que "una de las razones por el bajo atractivo es la falta de liquidez en el mercado secundario, que provoca que no haya operaciones y que las puntas compradora/vendedora se encuentren muy distantes", dijo.
No obstante, son las autopartistas las que tiene mayores problemas, y trasladan las trabas hacia la parte más alta de la cadena. En muchos casos, empresas de menor tamaño que las automotrices tienen menos margen de negociación con sus propios proveedores, y ya no reciben los insumos para fabricar las piezas que luego derivan a las terminales de las marcas en Buenos Aires, Santa Fe o Córdoba.