El caso del niño de 11 años con una enfermedad latente
Mario Grinberg perdió a su hijo Sebi, de 11 años, tras complicaciones derivadas de la neurofibromatosis, una enfermedad genética poco frecuente.
El diagnóstico llegó cuando el niño tenía un año y la familia inició un largo camino de consultas médicas y tratamientos para enfrentar la enfermedad.
Con el tiempo, Sebi presentó dificultades motrices y estudios revelaron un tumor cerebral asociado a la enfermedad. La familia buscó apoyo en asociaciones especializadas.
Años después, Mario escribió un libro para sanar emocionalmente y conservar los recuerdos y enseñanzas de la vida de su hijo.
La preocupación de una familia por la salud de su hijo encendió las alarmas cuando comenzaron a aparecer manchas inusuales en la piel del niño, un síntoma que inicialmente parecía no tener mayor gravedad. Sin embargo, ante la persistencia de las señales y la falta de mejoría, decidieron acudir a una consulta médica que terminaría derivando en estudios más profundos y un hallazgo inesperado.
El caso, que rápidamente llamó la atención de profesionales y usuarios en redes sociales, volvió a poner sobre la mesa la importancia de no subestimar cambios visibles en el cuerpo, especialmente cuando se presentan en niños. Especialistas remarcan que muchas enfermedades pueden manifestarse primero en la piel, por lo que una consulta temprana puede resultar clave para un diagnóstico oportuno.
Qué tenía el niño al que le encontraron manchas en la piel
-caso niño diagnóstico
Hace dieciséis años, Mario Grinberg recibió la noticia más dolorosa que puede enfrentar un padre: la muerte de su hijo Sebi, de apenas 11 años, luego de que su salud se deteriorara durante meses a causa de una neurofibromatosis, una enfermedad genética que provoca tumores en los nervios y alteraciones en la piel. El diagnóstico había llegado cuando el niño tenía apenas un año y, desde entonces, la familia inició un largo recorrido en busca de tratamientos y respuestas.
Con el paso del tiempo, Mario decidió transformar ese proceso en un libro titulado La última y más hermosa sonrisa. Mi hijo. Su muerte. Mi duelo, donde reconstruye recuerdos, emociones y aprendizajes atravesados por la enfermedad. Según contó, escribir fue una forma de sanar y también de preservar los momentos felices compartidos con su hijo, así como de dejar testimonio de todo lo vivido antes, durante y después de la enfermedad.
La neurofibromatosis afecta a uno de cada 400 niños, aunque no todos desarrollan síntomas graves. En el caso de Sebi, las primeras señales visibles fueron manchas en la piel, pero con el tiempo comenzaron problemas motrices y dificultades para sostener objetos o moverse con seguridad.
Estudios posteriores revelaron un glioma en el tallo cerebral, consecuencia de la enfermedad de base. La familia buscó apoyo en asociaciones especializadas y siempre mantuvo a Sebi informado sobre su situación, tratándolo con respeto y sinceridad. A pesar de todo, Mario recuerda que su hijo conservó siempre una enorme voluntad de vivir.