La llegada del narco peruano “Pequeño J” a la Argentina este lunes 4 reconfigura una de las causas criminales más impactantes del último tiempo. El joven de 20 años, señalado como el presunto autor intelectual del triple crimen de Florencio Varela, fue extraditado desde Perú en un operativo coordinado entre fuerzas internacionales y ya se encuentra bajo custodia en el país.
Quién es Pequeño J, el sanguinario narco peruano acusado del triple crimen de Florencio Varela que llegó a Argentina
Su llegada al país reactiva una causa criminal de alto impacto y suma nuevos elementos a la investigación.
Está acusado de privación ilegal de la libertad agravada y homicidio criminis causa, delitos que prevén la pena de prisión perpetua. Además, su declaración será clave no solo para determinar su responsabilidad directa, sino también para avanzar sobre el resto de la estructura que, según los investigadores, operaba con ramificaciones internacionales y un nivel de violencia que dejó una marca profunda en el conurbano bonaerense.
Las víctimas fueron Brenda Loreley del Castillo (20 años), Morena Verdi (20 años) y Lara Morena Gutiérrez (15 años), todas residentes de La Matanza, que desaparecieron el 19 de septiembre de 2025 tras abordar un vehículo en La Tablada. Sus cuerpos fueron hallados cinco días después, enterrados en una vivienda de Villa Vatteone, y presentaban signos de tortura y mutilaciones.
Su arribo abre una etapa clave en la investigación judicial, atravesada por el narcotráfico, la violencia extrema y una trama que expone el funcionamiento de redes criminales transnacionales.
Quién es el narco peruano Pequeño J
Tony Janzen Valverde Victoriano, conocido como “Pequeño J”, tiene apenas 20 años pero carga con un historial que lo ubica en el centro de una organización narco con conexiones entre Perú y la Argentina. Nacido en Trujillo —capital de la provincia homónima y del departamento de La Libertad; considerada la tercera ciudad más poblada del país— y criado en el distrito de La Esperanza, una de las zonas más violentas del norte peruano, su historia está atravesada por el delito desde la infancia.
Es hijo de un sicario vinculado a estructuras criminales que fue asesinado en 2018 en un ajuste de cuentas, un hecho que, según reconstruyen los investigadores, marcó su ingreso temprano en el mundo del narcotráfico. En tanto que, Janhzen Valverde Rodríguez, su padre, fue asesinado en diciembre de 2018 por un sicario de la banda "El Gran Marqués" en Trujillo, Perú, y pertenecía a la organización criminal "Los Injertos de Nuevo Jerusalén".
Con el tiempo, la figura del "Pequeño J" fue creciendo dentro de ese entramado. Fuentes de la causa sostienen que llegó a la Argentina en los últimos años y logró consolidarse como referente de una célula peruana dedicada al tráfico de cocaína, extorsiones y ajustes de cuentas en sectores vulnerables del Área Metropolitana de Buenos Aires.
Aunque algunos especialistas relativizan su rol como “jefe” absoluto y lo ubican dentro de una línea inferior de mando, lo cierto es que su nombre aparece asociado a episodios de extrema violencia, utilizados como mecanismo de control interno.
El hecho que lo puso en el centro de la escena fue el triple crimen de Florencio Varela. Las víctimas, Brenda del Castillo, Morena Verdi y Lara Gutiérrez, fueron engañadas, secuestradas y asesinadas en una vivienda de Villa Vattone en septiembre de 2025.
La hipótesis principal apunta a una represalia narco por el robo de un cargamento de droga, en una práctica conocida como “mexicaneo”. La brutalidad del caso quedó expuesta en los detalles de la investigación: torturas, apuñalamientos y, según surge del expediente, la posible transmisión en tiempo real del crimen para enviar un mensaje disciplinador dentro de la organización.
Tras los asesinatos, “Pequeño J” emprendió una fuga que dejó en evidencia la logística de estas redes. Salió del país por pasos ilegales hacia Bolivia, continuó su recorrido por Chile y finalmente llegó a Perú, donde intentó refugiarse en su entorno familiar. Durante semanas logró evadir a las autoridades, moviéndose con bajo perfil y utilizando distintos medios de transporte para no dejar rastros.
Su captura se produjo en septiembre de 2025 en Pucusana, al sur de Lima, cuando viajaba oculto en la parte trasera de un camión en un intento por desplazarse hacia el norte peruano. Desde entonces permaneció detenido hasta que, en la madrugada de este lunes, fue entregado a Interpol en el penal de Ancón II y es trasladado en un avión de la Fuerza Aérea Argentina que aterrizó en la base aérea de El Palomar.
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