Por qué hay que sacarse las zapatillas al entrar a casa, según la ciencia

La costumbre de dejar el calzado en la entrada ayuda a reducir la entrada de bacterias y virus en los hogares, según distintos estudios científicos.

En muchas casas argentinas todavía se debate si es exagerado pedir que todos se quiten las zapatillas antes de entrar. Para algunos, es solo una costumbre importada de Asia; para otros, una cuestión de higiene elemental. Lo cierto es que la ciencia viene aportando pruebas que le dan fundamento a esta práctica cotidiana.

Estudios recientes muestran que las suelas acumulan cientos de miles de bacterias capaces de trasladarse al piso del living, la cocina o incluso a la habitación de los chicos. Aunque parezca un detalle menor, esa “mini decisión” de dejar el calzado en la entrada puede marcar la diferencia en la cantidad de microorganismos circulando dentro del hogar.

No todo es blanco o negro: algunos expertos remarcan que el verdadero riesgo depende de por dónde se caminó y del estado general de limpieza de la vivienda. Sin embargo, cada vez más investigaciones coinciden en que la suela del zapato es un vehículo de gérmenes que conviene no pasar por alto.

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Por qué hay que sacarse las zapatillas al entrar a casa

Un equipo de la Universidad de Arizona, liderado por el microbiólogo Charles Gerba, halló en promedio 421.000 unidades de bacterias en las suelas y casi 3.000 en el interior de los zapatos de uso diario. Entre ellas se identificaron E. coli, relacionada con diarreas e infecciones urinarias; Klebsiella pneumoniae, vinculada a neumonías y bacteriemias; y Serratia, capaz de causar infecciones respiratorias y de heridas.

Otro trabajo, de la Universidad de Houston, detectó que el 26% de los calzados analizados contenían Clostridium difficile, un patógeno especialmente resistente y difícil de tratar en hospitales. De hecho, un 74% de las cepas halladas en las suelas coincidían con las encontradas en pacientes internados, lo que refuerza la idea de que los zapatos pueden funcionar como puente de transmisión.

Los especialistas también advierten sobre un punto que muchos pasan por alto: limpiar los zapatos en un felpudo no alcanza. Las grietas de las suelas acumulan tierra, barro y gérmenes que se adhieren con facilidad. Según la microbióloga Karen Duus, para una limpieza real habría que retirar el calzado y frotarlo en profundidad.

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En cuanto a la persistencia, algunas bacterias sobreviven solo unas horas, pero otras, como esporas o huevos de parásitos, pueden permanecer vivas durante meses o incluso años en las superficies del hogar. Por eso la recomendación de los investigadores no se limita a la entrada: también sugieren una higiene frecuente del calzado, desde un cepillado con agua y detergente hasta lavados más profundos cada cierto tiempo, según el material.

Más allá de los números y advertencias, el mensaje de fondo es bastante simple: quitarse las zapatillas antes de entrar baja el nivel de exposición a patógenos y ayuda a mantener un ambiente más limpio. Tal vez no evite todas las enfermedades, pero como dicen muchos infectólogos, se trata de sumar pequeñas barreras que, en conjunto, reducen riesgos.