Paranormal: las tenebrosas leyendas detrás de tres palacios porteños

En un nuevo capítulo de C5N Paranormal, las oscuras historias detrás de "El Palacio de los Leones", "El Palacio de los Bichos" y "El Palacio Paz".

Las leyendas urbanas son relatos pertenecientes al folclore contemporáneo. Se trata de un tipo de leyenda o creencia popular presentadas como hechos reales. Circulan generalmente a través del boca en boca pero también por los medios de comunicación.

Por eso hoy traemos tres leyendas urbanas porteñas.

El Palacio de los Leones

En la esquina de Luis María Campos y José Hernández, en el porteño barrio de Belgrano está el Palacio de los Leones. En otros tiempos hubo una casa de fantasmas ubicada en la bajada de las bucólicas barrancas de Belgrano. Tenía el aspecto de un verdadero castillo rodeado de ostentosos jardines.

Había sido construido por un aventurero italiano llamado Carlos Lanza, dueño de una agencia de cambio y de otros negocios de ese rubro. El hombre captó muchos ahorros de los miembros de la colectividad peninsular pero, después de cometer algunos errores, entró en quiebra y se fugó.

Durante un largo tiempo, el castillo o Palacio de los Leones, como también se lo llamó debido a las figuras que se veían tras la verja de la entrada, quedó en la más absoluta soledad.

Tiempo después lo compró Teófilo Lacroze, hijo del ingeniero Federico Lacroze, un verdadero pionero de los ferrocarriles argentinos. Teófilo se instaló durante poco tiempo en el palacio junto a su familia, hasta que un día, sin dar explicaciones, encadenó las puertas, tapió las ventanas y dejó el lugar para siempre.

La imagen de la mansión de estilo medieval abandonada era una invitación a los miedos más tétricos. No faltó tiempo para que se dijera que en el lugar se veían figuras extrañas y se oían ruidos misteriosos. Una vecina que permanece en el anonimato aseguró haber divisado luces tenebrosas detrás de las ventanas y un vecino dijo que oyó un sordo ruido de grilletes y gemidos.

El misterio quedó encajonado en esa mezcla de luces, ventanas tapiadas y un llanto sórdido que recordaba al de un bebe.

Palacio de los Leones

El Palacio de los Bichos

Hay una historia singular al respecto del palacio de los bichos. Se trata de un lugar situado en la calle Campana al 3200, vecino a la estación porteña de Villa del Parque.

El aludido Palacio tenía una ornamentación con motivos inspirados en animales mitológicos y sus tres o cuatro pisos culminan en un torreón y una lujosa cúpula.

La rara construcción había sido diseñada por un millonario italiano extravagante y muy emprendedor a principios del siglo XX.

El Palacio de los Bichos fue decorado con toda la pompa ya que se avecinaba una gran fiesta, se casaba la bonita hija mayor del dueño de casa.

En el momento en el que los novios abandonaron la fiesta y se marcharon en un carruaje con caballos que los esperaba junto a la entrada, los invitados se asomaban desde las terrazas con las copas levantadas para brindar por la felicidad de la pareja, pero nadie oyó el ruido de la desgracia.

Cuando el carruaje había avanzado apenas 20 metros, cruzando las vías del tren, éste arrolló a la pareja, al cochero y a los 6 caballos. Después todo fue luto y silencio.

El padre cerró el castillo bajo siete llaves y al poco tiempo se gestó entre los apesadumbrados vecinos la leyenda de los fantasmas.

Vecinos de ahí decían que se veían luces, otros siguen afirmando que hay sombras que bailan un lúgubre vals. La propiedad fue tapiada y olvidada como un mal recuerdo por un tiempo.

Palacio de los Bichos

El Palacio Paz

El Palacio Paz se alza desde 1914 en el barrio de Retiro. La casona ocupa casi un cuarto de la manzana de forma irregular comprendida por las calles Maipú, Marcelo T de Alvear, Esmeralda y la Avenida Santa Fe.

El Palacio fue construido por encargo del magnate periodístico y político José C. Paz, propietario del diario La Prensa.

No llegó a ver terminada su vivienda, la muerte lo sorprendió en 1912 en Montecarlo, Mónaco, donde se desempeñaba como embajador argentino.

Esta residencia, que en ese entonces era la más grande de Buenos Aires, ocupaba casi 12 mil metros cuadrados cubiertos entre los que se encuentran más de 100 habitaciones y dependencias.

Semejante palacio estuvo habitado por muy pocas personas. En un principio, por la viuda de Paz, Zelmira Diaz y sus hijos, Ezequiel y Zelmira.

La familia no vivía sola, sino que los acompañaban decenas de personas que estaban a su servicio en las habitaciones superiores del palacio.

El 12 de junio 1938, la familia Paz vendió el palacio al círculo militar, una institución creada en 1880 por el general Nicolás Levalle, para que los integrantes del ejército tuvieran un lugar para estrechar lazos.

Para adaptar la mansión a las necesidades de la institución se demolieron las antiguas cocheras con entrada por la calle Esmeralda y construyeron una nueva ala con entrada por la avenida Santa Fe 750, donde podrían alojarse los socios provenientes del interior del país.

En uno de los corredores que comunican un ala del viejo palacio con otra de las nuevas dependencias ocurrió hace mucho un hecho que llamó la atención de todos.

Una tarde, una empleada del círculo llevaba documentación de una pequeña sala en el sector del palacio hasta su puesto de trabajo en el área más moderna.

En el corredor vio a un anciano de larga barba, sentado en uno de los sillones colocados como decoración, en un lugar que no es frecuentado por mucha gente.

El anciano saludó a la joven, que le preguntó cómo andaba y qué hacía ahí en ese lugar alejado de los despachos. "Soy el general Levalle y vine a controlar un poco las cosas", le respondió mientras la chica se alejaba rumbo a su oficina.

Cuando llegó a aquel lugar, extrañada de encontrar a una persona desconocida en un lugar tan poco concurrido, le contó a sus compañeros, lo describió y nombró como su apellido, pero todos decían que no podía ser.

Tampoco lo habían visto pasar por las dependencias cercanas. El personal de seguridad juró que ningún anciano calvo y de barba blanca había salido por la puerta principal.

El desconcierto creció hasta que una de las autoridades del círculo hizo entrar al salón donde se exhiben los retratos de los 50 presidentes que tuvo la institución.

"¿Figura el rostro de la persona que viste?", le preguntó. "Si claro, es aquel, el primero de la fila", dijo la empleada.

La sorpresa fue mayor, el primer retrato de la fila era el del general Nicolás Levalle que murió en 1902 y nunca puso sus pies en la sede del palacio Paz, que como quedó dicho no sería ocupado sino hasta 36 años después.

Palacio de Paz

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