Desde hace casi tres años, cuando alguien prende la tele y sintoniza C5N, a veces, puede encontrarse conmigo. Mi cara y mis palabras llegan a miles de televisores argentinos. Y los espectadores que me ven y escuchan cuando les cuento lo que ocurre en diferentes partes de nuestra patria, ven lo que está pasando en el momento. “AHORA, en C5N”, dice la placa. Y ahí estoy yo, sin intermediarios.
No se puede defender a la universidad pública con miedo
La simple cuestión de tener una universidad de excelencia a menos de 30 minutos de casa puede hacer una gran diferencia.
En esos momentos soy yo quien les cuenta lo que pasa. Y ustedes, los televidentes, se enteran. Desde los avatares que viven humildes familias argentinas que están viendo en ese mismo momento como una inundación les lleva su casa entera, hasta terribles casos policiales. En otras ocasiones, acontecimientos de los devenires de la política… Lo que hay que informar a nuestro país. “La realidad”, se podría decir.
Lo que más me gusta contar a mí: eventos culturales, musicales o, como se les conoce en la jerga, “notas de color”. Pero yo sé que puedo contarte todo, absolutamente todo lo que me manden a cubrir. Hoy sé que tengo el bagaje suficiente como para hacerlo. Laburé en un montón de lugares, siempre como periodista. Para mí, poder ejercer este oficio fue siempre un sueño. Desde pibe. Y, poco a poco, se hizo realidad.
Te cuento que, ahora, no estaría acá si no fuera por la Universidad Pública. Pongámonos a jugar un poco, entonces, con esta terminología de la “meritocracia”. Me da gracia, no me jodas. Si bien es cierto que me quemé las pestañas durante noches y madrugadas para aprobar las materias que me llevarían a ser hoy un “Licenciado en Comunicación Social”, fue el contexto el que cristalizó ese título.
Es así, porque hay que conocer el contexto. El hecho de ser un pibe de clase media que vivía en una casa de clase media de Morón (casa-chalet que, en realidad, fue construida por mis abuelos, una costurera-peluquera y un chofer de trolebús, gracias al Plan Eva Perón a pagar en 30 años y que se terminó de erogar en 1973), y gracias a que tuve los viejos de clase media que me tocaron, (hijos de laburantes que jamás pisaron una Universidad) me ayudó.
Pero, por la simple cuestión de tener una Universidad de excelencia a menos de 30 minutos de mi casa, allí se talló la piedra fundamental. Esa Universidad Pública, ubicada en el mismo lugar donde hacía algunas décadas se fabricaban heladeras y autos, se había convertido en un lugar donde se fabrica el conocimiento. La Universidad Nacional de La Matanza.
Yo me recibí en 2010. Podría haberlo hecho en 2008, pero, la fiaca de armar la tesis, hizo que la experiencia de sentirme universitario se extendiera por dos años. La cuestión esta de tener un título homologado iba a tener que esperar un par de vueltas al sol (por eso, no me hablen de “meritocracia”. Je, je).
Pero, los docentes, la currícula y la posibilidad de contar con las herramientas que la universidad me brindó, hicieron que hoy esté ante ustedes con un micrófono en la mano. Debo contarles que, pese a como me ven ahora, el Alejandro Moreyra veinteañero le tenía pavor a los micrófonos y a las cámaras. Pero la universidad me dio la posibilidad de comenzar a perderle el miedo.
Con la radio de la Universidad, (La R.U. 89.1) empezó mi primer proyecto que se llamó “Viejo y Peludo”, un programa de rock clásico. De la mano de Sergio Barberis, que en ese momento era director del Departamento de Medios, pude ponerme voz. Sí, es cierto que le presenté la demo del programa en 2008, y que me la aprobó en 2010. Pasaron dos años desde que se me ocurrió la idea hasta que me la aprobaron, pero esos dos años me sirvieron para pensar en nuevas ideas, que plasmé en el vivo.
Luego, pensemos en las especializaciones. Yo le temía a los medios audiovisuales, así que, en la currícula, me especialicé en “Gráfica”, por sobre “Radio” y “TV”. ¡Qué cagón! Pero, ojo, esto me sirvió para poder formular oraciones complejas y, luego, poder simplificarlas… A veces, me sale.
Y, por sobre todo. Estoy seguro, les puedo contar la secuencia de cómo llegué acá, migaja a migaja (como el caminito de Hansel y Gretel). No fue por palanca, no fue por contactos. ¿Fue por esfuerzo propio? Claro. Pero, también, fue porque cada uno de los trabajos que conseguí (empezando por las pasantías, los convenios con medios y un derrotero de idas y vueltas), que yo estoy donde estoy.
Vos dirás, bueno, “ahora sos un simple cronista, nomás”… Pero, para mí, mi trabajo tiene importancia. Porque a diario le doy, de primera mano, la voz a la gente que lo necesita. Y, también, actúo directamente como propalador de esas necesidades. Para toda la comunidad y en el canal líder de noticias de nuestro país.
Todo lo que cuento se puede resumir en una sola frase que nos decía siempre el docente que, probablemente, impactó más en nosotros, los alumnos de la UNLaM. Su nombre era Sergio Tomaro, y nos decía: “Chiquilines… No se puede hacer periodismo con miedo”.
Esto lo puedo extrapolar a la marcha de hoy. Por eso la marcha de hoy será multitudinaria. Porque el futuro de miles y millones de argentinos depende de la universidad pública. Por eso, hoy se va a marchar sin miedo. Hoy, todos a la calle. No se puede defender a la Universidad Pública con miedo.
Alejandro Moreyra es Licenciado en Comunicación Social y cronista de C5N.
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