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Mauricio Kartun y el desfinanciamiento de la cultura: "Vamos a un destino de resistencia en la calle"

Este fin de semana arranca la quinta temporada de La Vis Cómica, la celebrada obra que Kartún escribió y dirige. En ese contexto, aprovecha para analizar la situación de crisis que atraviesa el sector.

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  • “Nos hemos convertido de golpe en cobayos de un experimento económico en el que se ponen en práctica hipótesis y teorías que nunca encontraron definitiva comprobación de sus bondades en la aplicación –dice Mauricio Kartun - Y, por cierto, como remedio parecen más graves que la enfermedad”.

    El autor y director de Terrenal, ese verdadero fenómeno del teatro independiente porteño, es un personaje de agradabilísima conversación que combina humor, buen gusto y erudición. Esa condición, sumada al rol central que asumió en la lucha del colectivo teatral contra el cierre del Instituto del Teatro y al hecho de que su obra La Vis Cómica arranca este sábado una nueva temporada, lo obligan a dar decenas de entrevistas semanales. Por eso se ataja: “Voy a tratar de editarme a mí mismo y no repetir lo que ya dije al menos tres veces”.

    La situación es tragicómica —dice— en el sentido más teatral de la palabra. La tragicomedia es un género teatral paradójico: por un lado está la tragedia, la fuerza es la pasión y el héroe marcha inevitablemente hacia aquello que lo destruye. Con el tiempo, el teatro descubrió que esta capacidad humana nuestra de reírnos aún de la desgracia, hacía posible crear un género en el que alguien marchase hacia la destrucción, que estuviese a pasos de caer en el abismo y sin embargo generar algo lo suficientemente ridículo como para producir risa. Ese género paradójico parece habernos alcanzado en este momento. Estamos en medio de una tragicomedia. Basta ver los memes y los chistes que surgen en las redes sociales, que, por cierto, no le quitan gravedad a cada una de las cosas que hace el Gobierno.

    Dramaturgia y política

    Periodista: La derogación del Instituto del Teatro fue retirada de la Ley Ómnibus después de una movilización de los protagonistas de la cultura, pero parecería que la idea de derogarlo continúa. ¿Cómo quedó el colectivo teatral después de esa lucha?

    Mauricio Kartun: Bien. En estos días leía una entrevista al Chino Darín, que está en España, alarmadísimo y con una crítica durísima al gobierno de Milei. Pienso en artistas que pertenecen a un campo, dicho entre comillas, comercial o masivo, que también piensan igual que quienes estuvimos en las calles. El arte marcha codo con codo. Lo que sucede es que es desgastante. Hay un momento en el que alguien dice 'bueno, yo ya hice, yo ya aporté mi parte' y la sensación algo descorazonadora es que recién estamos empezando y que en realidad de lo que se trata es de sostener un lugar de resistencia frente a esto en todo lo que se pueda.

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    P: Si los números que representan estos organismos no impactan en el Presupuesto, porque la mayoría se autofinancian, ¿cómo explicás el ensañamiento con las artes?

    MK: Definitivamente son cifras infinitesimales en relación a lo que son las economías nacionales, pero yo tengo la sensación de que la derecha siempre descubre en el campo del arte un lugar de resistencia intransigente y de capacidad de generación de opinión, cosa que por ahí otros sectores no lo tienen. Otros sectores, que a lo mejor económicamente son más fuertes, pero no generan opinión porque no tienen acceso a la opinión pública, mientras que el arte está continuamente en contacto con la opinión pública. Esa presencia la puede tener justamente un artista y seguramente no la tiene un político y si la tuviese siempre estaría sospechada de intereses personales. Y a los artistas, la verdad, todo intento que se haga por vincularlos a intereses personales relacionados a la posibilidad de que alguna vez el Estado te contrate es, voy a decirlo con todas las palabras y con todo el pedido de disculpas correspondientes, una pelotudez. No tiene culo imaginar una cosa semejante. A mí me parece que es ese doble lugar por un lado la intransigencia crítica del mundo del arte para con la derecha y, por el otro lado, el acceso a la opinión pública lo que vuelve al arte un lugar atacable.

    No hay ciudad en el mundo que tenga la cantidad de salas independientes que tiene Buenos Aires No hay ciudad en el mundo que tenga la cantidad de salas independientes que tiene Buenos Aires

    P: Hay quienes lo asocian con la idea de la cortina de humo, de elegir estas batallas para que no se hable de otras guerras que suceden por atrás.

    MK: Puede ser, pero por cierta exorbitancia en las formas de nuestro Presidente, me parece más bien que se mueve con la pasión del humillado. El humillado en las artes dramáticas (en el teatro, en el cine) es un arquetipo. El humillado ha sufrido esa humillación y explota con una fuerza mucho mayor que la que la situación merece porque adentro suyo no es solamente la situación que justifica el grito, sino la carga tremenda que le da internamente ese estado, ese pre-estado de humillado y a mí me parece que algo de eso hay en el arquetipo de nuestro Presidente.

    Saberes en forma de relato

    El teatro porteño vive un momento de esplendor y Mauricio Kartun es uno de sus protagonistas. Para sus obras en cartel hay que sacar entrada con varias semanas de anticipación. No es un caso único y tampoco es un fenómeno exclusivamente porteño. De la Encuesta Nacional de Consumos Culturales 2022, la última que realizó el Sistema de Información Cultural de la Argentina (SInCA) surge que unas seis millones de personas, asistieron al menos una vez al teatro en el último año.

    P: Hablemos del momento del teatro argentino y porteño.

    MK: El teatro argentino vivió un punto de inflexión claro y definitivo con la creación hace ya veintisiete años de la Ley Nacional de Teatro y del Instituto Nacional de Teatro. Esas medidas le cambiaron la cara al teatro, que venía en un franco deterioro, era muy difícil hacer teatro para los grupos independientes porque supone una inversión que, si bien no se parece a las grandes inversiones del audiovisual, para un grupo independiente siempre es un peso muy grande. Recuerdo que, muchos años atrás, el chiste entre nosotros era “¿quién no fundió una tía? ¿quién no le pidió plata a la tía para hacer una producción?”. La aparición del Instituto creó una energía virtuosa, creó un círculo virtuoso que hizo que, como al subsidio le corresponde hacer una cantidad de funciones determinadas, hace que nunca el subsidio se pierda. Es decir, nunca el subsidio es un gasto del Estado, sino que es una inversión, porque luego se hacen las funciones y esas funciones que se hacen a un valor subvencionado le dan la posibilidad a alguien de ir a ver teatro a un valor que de otra manera no podría haber visto. Pero también genera una variedad y una calidad que fue creciendo año a año. Y también como efecto de eso hubo una especie de explosión de salas, se abrieron nuevas salas que se equiparon, se abrieron muchas escuelas, se formaron en todo el país. No hay ciudad en el mundo que tenga la cantidad de salas independientes que tiene Buenos Aires. Me acuerdo que una vez vinieron unos amigos actores españoles y les contábamos que hubo cuatrocientos sesenta estrenos en el año y se reían a los gritos. “¿Cómo va a haber cuatrocientos sesenta estrenos? ¡Pero tú no puedes verlos!”, decían. Y no, por supuesto, jamás podría ver todo lo que se estrena en esta ciudad, no puedo ver ni el diez por ciento de lo que se estrena en el año, lo cual habla de la vitalidad de la actividad, que es la que está en peligro si se aprueban estas clausuras.

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    P: En los discursos oficiales quedó en evidencia que muchos dirigentes que tienen que tomar decisiones desconocen las tres instancias del teatro (oficial, comercial e independiente) y la manera en que interactúan.

    MK: Sí, y el hecho de que efectivamente están funcionando muy bien pese a la crisis, es algo que habla de la pasión cultural porteña. Hay una energía y un énfasis en lo cultural como actividad, como entretenimiento, como pasatiempo y también como hecho trascendente. Lo que hubo siempre fue un teatro comercial entendiendo por tal aquel que con una fuerte producción económica lograba sostener salas de gran formato que tienen alto mantenimiento y elencos de actores profesionales muy conocidos cuyos ingresos necesitan ser altos también. Esto fue siempre un poco como la meca del teatro, de un teatro comercial. Lo popular se movía en el campo del teatro comercial, me remonto a la época de Luis Sandrini llenando durante años un teatro de mil personas. Eso eran los teatros comerciales. Luego el teatro oficial que es un teatro que ofrece entradas a bajo valor, justamente porque se basa en el saludable subsidio al acceso cultural, por ejemplo, la posibilidad de acceder a un teatro clásico que no tendría la capacidad de sostenerse en una sala grande porque no hay tanto público.

    P: ¿Por qué es necesario que haya teatro clásico a bajo costo?

    MK: Por la misma razón que cualquier hecho cultural es necesario: en principio por una posibilidad de acceso a ideas-teatro, a ideas-arte que uno no encuentra afuera de lo artístico. Ir a ver Romeo y Julieta es vincularse con una energía que trae siglos y que sin embargo tiene una extraordinaria vigencia, porque sigue hablando de lo mismo: sigue hablando de las guerras, sigue hablando del enfrentamiento, sigue hablando de cómo los padres en las guerras mandan a morir a sus hijos. Es decir, es un mundo de metáforas insuperable porque está escrito de una manera extraordinaria, al que nosotros volvemos continuamente y continuamente nos realimentamos del mito clásico. Son mitos inseparables del ser humano porque es la constitución de saberes en forma de relato, eso es el mito en el caso de los clásicos pasados al formato teatro.

    P: Ahora sí, volvamos al tercer aspecto del teatro que faltaba.

    MK: El teatro independiente, si, que tiene su origen en aquellos grupos que querían hacer un teatro elevado, querían hacer un teatro como fenómeno cultural, pero que no tenían grandes salas y entonces se armaron aquello que al principio se lo conocía como los grupos filodramáticos, los grupos de teatro independiente, pero que en este país se constituyeron en una experiencia extraordinaria porque, lejos de ser el campo de los aficionados, se transformó en el campo de profesionales fanáticos, de profesionales apasionados por jugar justamente en ese campo y no en otro. Esto es lo que hizo, por ejemplo, que el teatro argentino independiente generase en el mundo, el prestigio que tiene y que, por supuesto, es necesario sostener. Y que para ser sostenido requiere de ese círculo virtuoso de la Ley Nacional de Teatro y el Instituto Nacional del Teatro que sostiene, que ayuda a las salas.

    P: En tu novela Salo Solo hay una escena que da cuenta de este momento de romance entre el teatro y el público: una escena en la que dos escuelas de espectadores se agarran a trompadas. Ese episodio sólo puede ser imaginado en esta Buenos Aires en este momento. ¿Cómo se te ocurrió hacerlas pelear?

    MK: (Rie bastante) Yo visito a todas las escuelas de espectadores, es un fenómeno único. Es como el dulce de leche, es un invento argentino. Es un invento de Jorge Dubatti que se ha exportado y que tiene un funcionamiento extraordinario, porque hace a ese espectador que quiere entender algo más. Como el sommelier que dice ¿para qué carajo me voy a comprar un vino de diez lucas si no le siento la diferencia respecto de uno de cinco lucas? Pero el gusto es algo que se adquiere, también. Si entiendo la diferencia, se justifica. Con las Escuelas de Espectadores pasa lo mismo. Es interesante ir a ver una obra buscando algo. Yo voy a todas las escuelas a las que me convocan y me gusta mucho colaborar con ellas. Pero también aparece la otra zona: también la escuela de espectadores es un lugar al que vas a buscar compañía; no es otra cosa que un lugar para ir a ver teatro en compañía y a ver quién me toca y quién viene este mes, quién se va. Son grupos, y todo grupo humano connota, inevitablemente, la energía erótica. Está presente siempre, entonces a veces esto de observar esos grupos y también ver las distintas características que tienen. Hay grupos que van solamente a departamentos y se juntan y comen, son muy epicúreos, y hay otros que funcionan en teatros y son más escolares, cada uno va teniendo un funcionamiento diferente. Jodiendo un poco con esto me apareció la hipótesis: es inevitable que dos coordinadores de distintas escuelas puedan tener miradas enfrentadas sobre un mismo espectáculo, rivalidad, y de ahí pasé a imaginarme esto de que se armen barras bravas teatrales.

    (Salo Solo, la primera novela de Kartún, se publicó el año pasado. Surgió como posteos en las redes durante la pandemia en la cual según dice, “encerrados, habíamos ganado una curiosa paciencia, para leer en pantalla”).

    La sensación algo descorazonadora es que recién estamos empezando y se trata de sostener un lugar de resistencia en todo lo que se pueda. La sensación algo descorazonadora es que recién estamos empezando y se trata de sostener un lugar de resistencia en todo lo que se pueda.

    La Vis Cómica

    Este sábado arranca la segunda temporada de la Vis Cómica en el Centro Cultural de la Cooperación. Antes de eso había hecho dos temporadas a sala llena en el Teatro Caras y Caretas y antes aún se había estrenado en el Complejo Teatral de Buenos. La pieza obtuvo cinco Premios ACE, cuatro nominaciones a los Premios María Guerrero 2022 y representó a la Argentina en el Festival Internacional de Teatro de Caracas, en el Festival Internacional de la Cultura de Boyacá, Colombia, y en la Temporada Internacional del Teatro Solís, de Montevideo.

    Cuando Terrenal cumplía algo así como cinco años en cartel, empecé a sentir que estaba quedando preso de un solo espectáculo –cuenta Kartun.

    En ese momento le dio forma a esta trama que había empezado a soñar para un luego descartado trabajo sobre las novelas de Cervantes para el Centro Cultural de España en Buenos Aires. La idea trabajaba sobre un grupo de actores españoles que llegan a Buenos Aires en la época del Virreinato y quedan varados. La compañía compuesta por Angulo el malo (Horacio Roca) Doña Toña, su mujer (Stella Galazzi), Isidoro, el dramaturgo (Luis Campos) y Berganza, el perro (interpretado por Cutuli).

    —Siempre miramos el teatro desde el valor de sus convenciones, lo embellecemos, hablamos del valor sagrado de lo artístico y obviamos la otra parte, lo más profano. Me interesaba el teatro hablando sobre actores, sobre estos grupos, manteniendo la emisión original que es la del perro, el perro riéndose de la ingenuidad de los actores. Todo eso me parecía que conformaba un universo interesante, reflexionar sobre el lado B del teatro.

    P: ¿Y cómo se te ocurrió que el personaje del perro lo interpretara Cutuli?

    MK: En una época vivía acá en el barrio, a veinte cuadras. Yo, que soy muy caminador, me lo cruzaba y decíamos “tenemos que trabajar juntos”. Es un humorista extraordinario, y acá apenas escribí a Berganza me di cuenta de que necesitaba un actor capaz de romper la cuarta pared y vincularse con el público de una manera muy audaz, cosa que no todos los actores del realismo pueden. Es un gran actor, pero además es alguien que maneja especialmente ciertos códigos del humor. Cutuli fue, durante mucho tiempo, ese presentador de varieté, yo recordaba algunas anécdotas desopilantes de él como como animador y creo que fue el gran hallazgo. Y el otro gran hallazgo con Cutuli fue descubrir, charlando con él, que tocaba la armónica. Y aún sabiendo que la armónica no correspondía a la época, porque es un instrumento que en realidad se inventa dos siglos después, incluimos la armónica con ciertos sones bluseros que le salen, que al principio parecieron un acto de audacia.

    Disparadores y violencias

    El estudio de Kartun tiene todos los libros que uno imagina que debe tener: en las enormes bibliotecas, sobre las mesitas, arriba de los sillones. Pero también está lleno de máscaras, muñecos, objetos de todo tipo. Disparadores, dice que son, de recuerdos y de ideas. Y fotos, cajas con centenares de fotos.

    —Trabajo mucho con el impulso que me producen las fotos, soy archivista fotográfico. Hay algo de mirar a las fotos siempre en tres o cuatro niveles diferentes: primero uno la mira por la belleza plástica. Luego, por un fenómeno más técnico, con qué técnica fue hecha, la época... Y luego, el motivo, lo que la foto dice. Barthes lo llama el punctum. Lo que punza de la foto, lo que te dice esa foto. Muchas veces en una cara o en una posición, hay algo dramático en el sentido de la foto. Y luego, lo que es muy importante, es lo que quedó afuera. La foto recorta una parte, lo que quedó a la derecha, lo que quedó a la izquierda, abajo y arriba. “Ala de Criados” nació de una foto publicada en una revista Viva de Clarín, un domingo. Una foto de un libro que se llama “Argentina, los años dorados” de un señor Dodero, que hizo un libro con las fotos de su familia. Y la foto esta es la foto de un carruaje bajando por una calle de Mar del Plata hacia el mar un día muy nublado y muy desierto. Y entonces, empecé a pensar qué quedó afuera de esa foto. Y lo primero que recordé es que por esa calle, unos metros a la izquierda está hoy El Torreón, que en esa época era El club de tiro a la paloma y pensé en enero, y enero me llevó a un enero trágico argentino, el de 1919, el enero de la Semana Trágica justamente. Y mi cabeza armó una ecuación: cómo fue Mar del Plata la Semana Trágica de enero de 1919, siendo que era la Mar del Plata de 20 familias aristocráticas que prácticamente monopolizaban ese lugar de la costa y ahí se armó.

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    P: Hablaste de la descalificación presidencial “zurdos de mierda”. Hablemos de estos exabruptos de Milei hacia quienes no comulgan con él, y estas fijaciones con los temas de la Guerra Fría.

    MK: Voy a dar un ejemplo que siempre produce escozor y que requiere siempre de un par de aclaraciones previas, pero no voy a privarme de hacerlo. Pensándolo como personaje, sin asociarlo políticamente, es un caso parecido a Hitler. Insisto, no hay ningún parentesco político, pero el personaje tiene algo de eso. En YouTube, por ejemplo, uno puede acceder a todos los discursos de Hitler y hay algo en su gesticulación, en una mímesis fuera de lo convencional y en el uso del ataque verbal que se parece muchísimo al caso de Javier Milei. Y que, curiosamente, en su furia, encuentra adherentes. Porque la furia del humillado encuentra muy rápidamente identificación en otros humillados. Y, efectivamente, este es un país que ha dejado afuera mucha gente, que ha postergado muchos sueños, la frustración está en el aire y, de alguna manera, encuentra en esta violencia un modelo que la representa.

    P: Sin hacer futurismo, ¿qué escenario ves para adelante?

    MK: Creo que va a ser primero un lugar de muchísimas idas y vueltas, pero de consolidación de una resistencia. Una resistencia en todos los lugares donde lo permite la democracia, naturalmente, pero una resistencia que se irá volviendo cada vez más intransigente. Tengo la sensación de que en este momento existen algunos márgenes. producidos por la hipótesis de “mejor negociar esto para no perder esto otro”. Creo que esto se va a ir endureciendo porque, cuando se empiecen a producir más claramente esas pérdidas, mucho más se las va a valorizar. Quiero decir: hoy un jubilado, puede pensar “bueno cobro menos, pero si para la inflación a lo mejor dentro de cuatro meses…”. Yo creo que dentro de cuatro meses se va a comprobar de que tal cosa no era positiva. Ojalá me equivoque, porque eso sería el daño de muchísimos argentinos, pero si se produce como yo creo, efectivamente se va a empezar a sentir mucho más y ya no va a haber esperanza. Va a suceder lo que, por ejemplo, le sucedió a Cavallo: los jubilados en la calle, las carpas en Plaza Congreso, los docentes armando su carpa y por supuesto los trabajadores de todos los rubros movilizados en busca de defender lo que les quede. Creo que, para nuestra desgracia, la gran resistencia se va a producir recién cuando empecemos a sentir los dolores de la pérdida. En este momento existe todavía como cierta esperanza de que tal cosa no se produzca. Ojalá no se llegue a eso, pero si como todo indica, la realidad económica se pone mucho peor, yo creo que vamos a un destino de resistencia en la calle.

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