En el Día Mundial de la lucha contra la Obesidad, la comunidad médica latinoamericana alza la voz con una advertencia contundente: la creciente epidemia de obesidad amenaza con impactar en los sistemas de salud si no se implementan medidas urgentes y se produce un cambio radical en la forma en que se aborda esta enfermedad.
Lejos de ser un simple problema estético o una cuestión de falta de voluntad, la obesidad es una enfermedad compleja y multifactorial que exige una respuesta integral, empática y, sobre todo, inmediata.
Las cifras dan cuenta de un panorama alarmante. En Argentina, la obesidad y el sobrepeso ya afectan a seis de cada diez adultos, según la Cuarta Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, con un 36.2% de la población adulta con sobrepeso y un 25.4% con obesidad.
Las proyecciones son aún más preocupantes: se estima que para 2035, esta cifra se disparará al 43%. El problema no se limita a las fronteras nacionales. A nivel global, la Federación Mundial de la Obesidad proyecta que para 2035, más de 4 mil millones de personas, la mitad de la población mundial, vivirá con obesidad o sobrepeso.
Estas estadísticas no son meras cifras; representan vidas en riesgo y un sistema de salud al borde del colapso. Es por este panorama que la OMS ha decidido que el 12 de noviembre de noviembre se celebre el Día Mundial de la lucha contra la Obesidad.
La malnutrición, que abarca tanto la desnutrición como el sobrepeso y la obesidad, tiene un impacto devastador en la población infantil y adolescente. Un informe de la ONU destaca los efectos negativos de la malnutrición en el crecimiento, el desarrollo cerebral y el sistema inmunológico de los niños. En Argentina, esta realidad es palpable y contribuye a un círculo vicioso de enfermedad que compromete el futuro del país.
Expertos en cirugía bariátrica argumentan que la obesidad es subestimada. Con frecuencia, se la reduce a un factor de riesgo para otras enfermedades no transmisibles, como la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial, las enfermedades cardíacas, los accidentes cerebrovasculares (ACV) y diversos tipos de cáncer, en lugar de reconocerla como una enfermedad en sí misma. Esta falta de reconocimiento tiene consecuencias graves, ya que retrasa el diagnóstico y el tratamiento oportuno, aumentando el riesgo de complicaciones e incluso de muerte súbita.
La obesidad es una enfermedad sistémica
El doctor Jorge Harraca, ex presidente de la Sociedad Argentina de Cirugía de la Obesidad y Enfermedad Metabólica (SACO), insiste en la urgencia de un cambio de paradigma: "La obesidad no es una cuestión de falta de voluntad. Es una enfermedad sistémica que afecta a todo el organismo, incluyendo los complejos mecanismos neurológicos que regulan la saciedad y el metabolismo. Factores genéticos, ambientales y de estilo de vida juegan un papel crucial en su desarrollo, y en muchos casos, escapan al control del individuo".
Por su parte, el médico Luciano Poggi, miembro de la directiva de la Asociación Peruana de Cirugía y Enfermedades Metabólicas (APCBEM), subraya la complejidad de la obesidad y la necesidad de un abordaje integral y personalizado: "Menos del 5% de los pacientes con obesidad mórbida logran mantener una pérdida de peso sostenida sin ayuda especializada. La dieta y el ejercicio, si bien importantes, no son suficientes. Se requiere un equipo multidisciplinario de médicos, nutricionistas, psicólogos y otros especialistas para brindar una atención integral y oportuna. Herramientas como la cirugía bariátrica han demostrado ser eficaces, pero deben ir acompañadas de un seguimiento riguroso".
En tanto, el doctor Rodrigo Muñoz, presidente de la Sociedad Chilena de Cirugía Bariátrica y Metabólica (SCCBM), hace un llamado a combatir el estigma y los estereotipos que rodean a la obesidad: "Debemos dejar de juzgar. Existen mecanismos fisiológicos que dificultan la pérdida de peso, influencias genéticas y factores relacionados con el entorno intrauterino que predisponen a la obesidad. Comprender estos factores es fundamental para un abordaje efectivo".
La comunidad médica coincide en la necesidad de un compromiso multisectorial. Es crucial capacitar a los profesionales de la salud, recopilar datos precisos sobre la prevalencia de la obesidad y sus comorbilidades a través de encuestas nacionales de salud y sistemas de vigilancia epidemiológica, y garantizar el acceso a un tratamiento adecuado y oportuno. El tiempo apremia, y la inacción solo agravará esta crisis de salud pública con consecuencias devastadoras.