La rutina, el estrés económico, las tareas de cuidado y hasta el uso constante del celular aparecen hoy como algunos de los grandes rivales del deseo en las relaciones de pareja. En tiempos donde las pantallas y la necesidad de productividad dominan el mundo, es necesario volver a lo simple.
¿La culpa es de la convivencia? Por qué se apaga el deseo en la pareja y cómo reavivarlo
La comodidad de estar en casa puede convertirse en un férreo enemigo de la pasión, por eso es clave que exista comunicación. No solo para poner en palabras lo que pasa, sino también para buscar alternativas y evitar caer en la rutina.
Muchas veces el desgaste en las parejas no tiene que ver con la falta de amor, sino con un contexto que termina apagando la conexión emocional y sexual.
“La comodidad del hogar puede volverse enemiga del deseo”, sostiene la Licenciada Milagros Burgos Recci en diálogo con C5N. Y explica que el deseo “necesita un contexto que no sea predecible”, porque cuando todos los días se repiten los mismos recorridos, horarios y escenas, el erotismo comienza a aplanarse.
Según describe, la casa deja de ser un espacio asociado al encuentro para convertirse en un territorio dominado por las tareas domésticas, el cansancio, el estrés y la logística con los chicos, en caso de tener hijos. En ese escenario, la profesional asegura que “el cuerpo deja de estar disponible para el juego erótico”.
Claro, no es lo mismo la dinámica de las parejas cuando están recién conociéndose, donde se pone absolutamente todo en juego: la seducción, la incertidumbre de responder mensajes, la creatividad de pensar lugares de encuentro y el hecho también de saber que, ese día, en general, hay intimidad. Es decir, hay cierta predisposición y expectativa por el encuentro sexual.
“Hoy llegan muchas parejas al consultorio que me dicen: ‘No encontramos momento para el sexo, no tenemos tiempo o no tenemos ganas’. Pero a veces no es falta de ganas, sino que las condiciones no acompañan”, señala.
Para Recci Burgos, el contexto económico también influye directamente en la intimidad. “Estamos ocupados y preocupados por llegar a fin de mes, por rendir mejor en el trabajo para que no nos echen, alteramos horarios, cargamos las tareas domésticas en el otro y todo eso no le da lugar al deseo”, afirma. Y agrega que a eso se suman los detalles cotidianos: “Ver a mi pareja con un pijama agujereado, con ropa vieja o no tener espacio personal porque están los chicos".
Cuidar sin dejar de hablar ni olvidarse del propio placer
La desigualdad en las tareas de cuidado es otro de los factores que impactan en la vida sexual. La psicóloga cita datos del INDEC y del informe “Noche sin mí”, que muestran que en Argentina las mujeres dedican en promedio 6 horas y 30 minutos diarios al trabajo de cuidado y tareas no remuneradas, mientras que los varones destinan 3 horas y 40 minutos.
“Hay un marco estructural que deja a muchas mujeres con deberes sin fin y con poco o nulo espacio para sí mismas, para el placer y el deseo”, explica. Aunque aclara que algunas parejas logran repartir las responsabilidades de manera más equitativa, reconoce que muchas veces eso no sucede “porque no se puede o porque no se abre el espacio para el diálogo”.
Y justamente ahí aparece otro de los grandes problemas que afrontan en noviazgos y matrimonios: la dificultad para hablar sobre sexualidad dentro de la pareja, de poner en palabras no solo lo que pasa, sino también lo que gusta, lo que no, y también mostrar la intención y voluntad para poder cambiar la situación.
“No alcanza con decir ‘tenemos que tener más sexo’. Lo que suele faltar es comunicación”, asegura. “Nadie nos enseñó cómo se habla de estas cosas...No tenemos modelos, nos da vergüenza y también miedo a generar conflicto. ¿Cómo digo que tengo ganas sin incomodar al otro?”.
Para la especialista, recuperar el diálogo es central: “Es fundamental empezar a hablar, recuperar algo básico: el disfrute, una sexualidad elegida y consciente”.
En ese sentido, la sexóloga también propone romper con la monotonía y cambiar los escenarios, como ir a un hotel, dejar a los chicos con los abuelos para hacer alguna escapada, organizar una salida al teatro, al cine o a comer...Y ni siquiera es necesario salir, porque el encuentro puede darse en casa, pero con la idea de tratar de modificar el set. Elegir la música que les gusta a los dos, comprarse ropa, o vestirse elegante, usar esa camisa que está al fondo del placard, maquillarte, usar ese perfume que sabés que nunca falla... en fin, innovar para volver a sentir esa chispita interior.
Las pantallas atentan contra la intimidad: estamos más cerca, pero más lejos que nunca
Otro elemento que hoy atraviesa los vínculos son las pantallas. “Estamos tan acelerados que a la noche podemos quedarnos scrolleando y olvidarnos de que nuestra pareja está al lado”, advierte Milagros.
Hoy cada uno queda en su pantalla mirando reels, posteos, mirando mails de trabajo o respondiendo los grupos de WhatsApp. Están cerca, pero no conectados, porque hoy en día las redes o las series ocupan ese espacio que antes podía ser de intimidad y contacto físico. Y cuando se habla de intimidad no es pura y exclusivamente de sexo en sí mismo, sino de preguntarse cosas cotidianas, como por ejemplo de cómo fue el día.
"El deseo necesita que pongamos el cuerpo y estemos presentes. Hay que mirar, acariciar, besar, oler y tocar", propuso.
A derribar mitos: echarle la culpa a la convivencia es el camino fácil
Recci Burgos también cuestiona la idea instalada en algunos discursos actuales de que convivir necesariamente destruye el deseo: “Se empezó a instalar que lo que está bien es no convivir, como un nuevo mandato, pero hay gente a la que le encanta convivir y se encuentra con estas dificultades”.
Por eso, propone dejar de ver a la convivencia como “la mala de la película” y empezar a preguntarse qué aspectos concretos están afectando el vínculo. “Pensar qué te enciende y qué te apaga el deseo. No todos deseamos igual y el deseo cambia constantemente", planteó, además de entender a la pareja como un vínculo al que, igual que todos, hay que trabajar.
Además, remarca la importancia de construir espacios propios para la intimidad y perderle el miedo a planificar encuentros sexuales. “La sexualidad es un área más de la vida y hay que empezar a ocuparse del placer. Hay que perderle el tabú a programar el encuentro sexual, algo que muchas veces se pierde cuando estamos en pareja”.
Finalmente, la psicóloga recomienda recurrir a terapia cuando las dificultades persisten. “No es para tomarlo como una obligación para salvar la pareja a cualquier costo, sino como un recurso para ayudarse a encontrar nuevas maneras de vincularse”.
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