Investigadores argentinos realizaron un importante descubrimiento para tratar la hepatitis fulminante

Un equipo de la Universidad Austral y el CONICET encontró una nueva vía terapéutica para proteger el hígado ante una falla aguda grave. Esta enfermedad puede provocar la muerte en el 40% de los casos y, hasta ahora, había muy pocas opciones de tratamiento.

En un avance sin precedentes a nivel mundial, un equipo de investigadores argentinos descubrió una molécula que protege el hígado ante una hepatitis fulminante y permite reducir el daño causado por la enfermedad, lo que ayudaría a que los pacientes lleguen en mejores condiciones a un trasplante.

Las enfermedades hepáticas son un problema de salud pública global y se estima que ocasionan unos 2 millones de fallecimientos por año. En el caso de la hepatitis fulminante, también conocida como falla hepática aguda grave, puede provocar la muerte en hasta el 40% de los casos si no se realiza un trasplante a tiempo.

"Es una situación clínica donde, por alguna situación, la función del hígado claudica abruptamente y entra en insuficiencia", explicó el doctor Guillermo Mazzolini, decano de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral y director del Laboratorio de Hepatología Experimental y Terapia Génica del Instituto de Investigaciones en Medicina Traslacional (IIMT).

"Si un paciente tiene falla hepática fulminante, un 30% puede recuperarse y sobrevivir, pero un porcentaje significativo requiere trasplante hepático. Algunos fallecen en la espera. Esta medicación puede servir como puente al trasplante, para ganar tiempo, o en aquellas situaciones donde el trasplante no se puede implementar porque el paciente sufre de alguna condición que lo contraindica", detalló.

Los investigadores demostraron que la proteína RAC1, cuya actividad se incrementa en pacientes con hepatitis fulminante, puede ser bloqueada farmacológicamente para proteger el hígado y reducir el daño. Esto se logra mediante una molécula específica, 1D-142, originalmente patentada para cáncer y desarrollada junto al Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).

IIMT CONICET Universidad Austral
El equipo de la Universidad Austral y el CONICET que lideró la investigación.

El equipo de la Universidad Austral y el CONICET que lideró la investigación.

Los ensayos preclínicos se realizaron en modelos animales y tejido hepático humano y mostraron resultados muy prometedores: se redujo significativamente el daño en el hígado, se atenuó la inflamación, mejoraron los parámetros bioquímicos y aumentó la supervivencia. Es la primera vez que esta molécula se aplica para tratar la hepatitis fulminante, lo que representa un avance único a nivel global.

"La administración de este fármaco tiene como resultado un menor daño del tejido hepático. RAC1 es protagonista en el proceso de daño, e inhibiéndola logramos enfriar el daño hepático, la inflamación y el estrés oxidativo. Tenemos evidencia de que el bloqueo de esta vía significa una reducción significativa del nivel de daño", señaló Mazzolini.

Cuándo estará disponible el tratamiento y a qué pacientes ayudaría

"El único tratamiento real es el trasplante pero, si uno puede agrandar la ventana terapéutica, detiene el proceso hasta que el trasplante llegue", explicó el doctor Juan Bayo, otro de los autores del estudio. "Hoy hay una sola molécula que se utiliza en un contexto muy restringido y tiene una ventana terapéutica de ocho horas", destacó.

Este tratamiento también podría usarse, potencialmente, para tratar a aquellas personas con enfermedades hepáticas crónicas que se descompensan. "Los pacientes con cirrosis, que son mucho más numerosos, generan una falla hepática aguda sobrecrónica donde también esta molécula disminuye la magnitud del daño", sostuvo Mazzolini.

Aunque en Argentina hay poca información, entre un 10 y 12% de los trasplantes de hígado se realizan en pacientes con hepatitis fulminante, lo que equivale a unos 40 a 50 casos. Se estima que cada año hay entre 120 y 150 argentinos que padecen una hepatitis fulminante, y en el 28 o 29% de los casos es por causa indeterminada.

"Tenemos mucho entusiasmo de que potencialmente puede servir para los pacientes. Ahora, de estos resultados a que un paciente pueda beneficiarse con el tratamiento, hay un camino por recorrer que implica un estudio preclínico que nos dé información acerca del perfil de toxicidad, vía de administración y duración del tratamiento", aclaró.

"El siguiente paso es producir la molécula en batch, una cantidad apta para el uso clínico, que sea testeada. Y luego, pedir un permiso para la instancia clínica. Para llegar a ese momento necesitamos trabajo. Este camino aún hay que recorrerlo", señaló. "Estimamos dos años para ponernos a la puerta de la clínica, presentando una Fase 1", concluyó.

El estudio se realizó en el marco de la tesis doctoral de Bárbara Bueloni, becaria del IIMT, bajo la dirección de los doctores Mazzolini y Bayo, en el Laboratorio de Hepatología Experimental y Terapia Génica del IIMT - Universidad Austral/CONICET. También participaron Esteban Fiore, un equipo de investigación, y colaboró la Dra. Julieta Comin (INTI).

TEMAS RELACIONADOS