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Fue campeón de TC Pista, quedó ciego y gracias un amigo pudo volver a manejar

Roberto Carlos Rivas se consagró en el automovilismo en 1998. Sin embargo, su carrera fue truncada cuando quedó en medio de un tiroteo y le entraron 15 perdigones por los ojos. Su vida cambió para siempre y tardó 12 años en aceptar su ceguera.

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  • El protagonista de esta historia es Kaki Rivas, ex piloto argentino de automovilismo, cuya historia combina tragedia, resiliencia y una amistad que rompió límites. Fue una de las grandes promesas del automovilismo nacional a fines de los años 90. En 1998 se consagró campeón del TC Pista en su temporada debut, con dos victorias y seis podios, un rendimiento que lo impulsó rápidamente a la máxima categoría del país: el Turismo Carretera.

    En 1999, disputó 15 de las 16 carreras del calendario, alternando entre un Ford Falcon y un Chevrolet, consolidando una proyección deportiva. Pero su carrera y su vida cambiaron de forma abrupta el 9 de noviembre de 1999. Mientras se dirigía a realizar un trámite bancario, fue víctima de un asalto armado.

    Los disparos impactaron en su rostro y los perdigones dañaron el nervio óptico, provocándole una ceguera total. En cuestión de segundos, el piloto profesional perdió la vista y, con ella, el mundo tal como lo conocía.

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    Con el paso del tiempo, Rivas reconstruyó su vida lejos de las pistas. Aprendió a adaptarse a una nueva realidad, a redefinir su identidad y a transformar la pérdida en una forma distinta de fortaleza. Años después, en un gesto profundamente simbólico, un amigo lo llevó a un campo abierto para que pudiera volver a experimentar una de las sensaciones que habían marcado su existencia: la conducción.

    No se trató de una hazaña deportiva ni de un acto temerario. Fue una experiencia breve, cuidada y acompañada, donde Kaki volvió a sentarse al volante guiado por la voz de alguien en quien confiaba. Durante esos minutos regresaron estímulos que parecían perdidos para siempre: el sonido del motor, el viento en el rostro, la vibración del vehículo, la memoria corporal de la velocidad. No fue una competencia, fue un reencuentro con su propia historia.

    Hoy, lejos de quedar anclado en el pasado, Kaki Rivas construyó una nueva identidad deportiva. Es jugador de tenis para personas no videntes y representa a la Argentina en torneos internacionales, demostrando que la superación no siempre consiste en volver a lo que se fue, sino en crear algo nuevo desde lo que quedó.

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