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El golpe de Estado que prohibió los festejos de Navidad

Llega uno de los momentos del año más esperados, excusa para el encuentro y las risas. Sin embargo, tiempo atrás, se abolió esta celebración por considerársela una fiesta pagana.

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  • Llega Navidad, un momento de encuentro, de brindis, de abrazo y de risas, que terminan prevaleciendo sobre cualquier eventual disputa familiar construida sobre las rencillas del pasado. Una parte muy especial del año para la que se tejen planes y millones de personas en todo el mundo se trasladan dispuestas a reunirse. A nadie en su sano juicio se le ocurriría prohibir esta celebración. Sin embargo, hace un tiempo, un golpe de Estado se atrevió a hacerlo y dejar a multitudes sin festejos.

    A lo largo de la historia, fueron varios los intentos de censurar la Navidad. En la Francia revolucionaria de finales del siglo XVIII, muchas iglesias fueron convertidas en templos del Culto de la Razón y se prohibieron las celebraciones religiosas, pero esto no logró calar en la población, que se juntaba a escondidas a festejar Navidad. Finalmente, en 1801, Napoleón retomó los lazos con el Vaticano y restauró el catolicismo.

    Más acá en el tiempo, los revolucionarios soviéticos prohibieron las celebraciones navideñas, consideradas "opio del pueblo". En 1935, José Stalin relajó la normativa y permitió las celebraciones de fin de año, que incluyeron a Ded Moroz, el Papá Noel ruso. Recién en 1991 volvería la Navidad propiamente dicha, que de todas formas siguió siendo festejada por mucha gente puertas adentro durante las décadas de comunismo.

    Ded Moroz Papá Noel soviético Rusia URSS Navidad Año Nuevo

    Ded Moroz, el Papá Noel ruso, en una postal soviética de 1942, armando el arbolito con soldados nazis.

    El golpe de Estado que prohibió la Navidad por ser una fiesta pagana

    Para el siglo XVII, un grupo había ganado espacio en el Parlamento inglés: los puritanos, de confesión calvinista, que rechazaban tanto a la Iglesia católica como a la Iglesia Anglicana. De alguna manera, fueron el germen de la incipiente burguesía: promovían el fin del catolicismo, la igualdad, la empresa, el trabajo duro y una vida austera y sin placeres.

    Desde 1625 reinaba en Inglaterra y Escocia Carlos I, un gobierno con mano de hierro que derivó en un período de fuerte absolutismo, que pasó a la historia como "Once años de Tiranía". Durante aquellos años, tras cada cruce con el Parlamento, lo disolvía. El malestar entre varias capas sociales crecía.

    Esto llevó a una serie de guerras civiles a partir de 1642, que terminaron con la ejecución de Carlos en 1649 y la instauración de la única república en la historia inglesa, con Oliver Cromwell como principal figura. Fue entonces que se impuso la visión puritana, mayoritaria entre los parlamentarios, quienes renegaban de los excesos del antiguo régimen e impulsaban la austeridad, por lo que se prohibieron pasatiempos como el teatro y las apuestas.

    En esa línea, todavía durante las guerras civiles, en 1647, el Parlamento aprobó una norma que prohibía las festividades, servicios y celebraciones de Navidad, Pascua y Pentecostés, incluyendo las festividades en el hogar, con multas por incumplimiento. La ley decía que todos los locales tenían que abrir como si fuera un día común, que era la idea que querían reforzar.

    Oliver Cromwell Lord Protector Inglaterra

    Oliver Cromwell, una figura aun hoy polémica en Inglaterra.

    Esta decisión, naturalmente, fue muy impopular, y causó varias revueltas. La gente decidió no acatar y celebrar la Navidad, a escondidas en mayor o menor medida, pero el Gobierno intentó desplegó patrullas que se encargaban de confiscar la comida y desmantelar las fiestas.

    Los puritanos afirmaban que en la Biblia no se especifica que Jesús haya nacido el 25 de diciembre, así que los festejos, con excesos de comida, alcohol y fiesta en nombre de la religión, constituían puro paganismo.

    Para 1656, el Parlamento se quejaba de que mucha gente simplemente ignoraba la prohibición, que incluso en Londres los comercios permanecían cerradas y las festividades continuaban. Algunos parlamentarios no podían conciliar el sueño por el ruido de las fiestas navideñas junto a sus viviendas.

    Puritanos Inglaterra siglo XVII

    Los puritanos promovían un estilo de vida austero y sin excesos.

    La debilidad política de Richard Cromwell, nombrado Lord Protector tras la muerte de su padre Oliver, no pudo sostener la estabilidad de esta etapa, que quedó como un breve interregno. En 1660 se restauró la monarquía a través de Carlos II, de la Casa de Estuardo, un hombre adepto a las fiestas de quien dicen que tenía una peluca hecha de vello púbico de sus amantes. El nuevo monarca devolvió la legalidad a la Navidad y se terminaron casi dos décadas de prohibición, que nunca logró implementarse por completo.

    Sin embargo, tuvo su epílogo del otro lado del charco: ante cierto recelo de parte de otros protestantes, muchos puritanos dejaron Inglaterra buscando otros lugares con mayor libertad religiosa y terminaron en el norte de lo que hoy es Estados Unidos. Fue así que por un tiempo, entre 1659 y 1681, tampoco hubo Navidad en Boston y sus alrededores.

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