Una mujer fue arrestada por la División Homicidios de la Policía Federal (PFA) acusada de haber participado junto a su padre en el brutal crimen del chofer José Cáceres Elgueta, oriundo de Chile, ocurrido en Año Nuevo de 2018. La víctima fue atacada con un destornillador y rematada a fierrazos en su propia casa en la localidad bonaerense de Mariano Acosta. "Matalo, es un chileno de mierda", habría sido la orden final.
Nayla González es la hija del presunto asesino Gustavo Daniel González, hoy de 55 años, exempleado de un colegio católico. El violento episodio se habría desatado tras una discusión por ruidos molestos en medio de los festejos de Año Nuevo. Cuando la ambulancia arribó al domicilio del colectivero de la línea 503, todavía se encontraba con vida, pero falleció a las 8:30 del 1° de enero antes de llegar al hospital de la zona.
En ese momento, el caso fue derivado e investigado por la UFI N°6 de Morón y la Policía detuvo en el acto a su vecino, González, quien fue condenado en octubre de 2023 a 17 años de prisión. Sin embargo, la causa continuó bajo la investigación del fiscal Patricio Ventricelli y, en las últimas horas, una brigada de élite de la Policía Federal arrestó a una nueva sospechosa vinculada al hecho.
Se trata de la hija del condenado, Nayla Daniela González. Según la investigación, al momento del ataque habría incitado a su padre con la frase "Matalo, es un chileno de mierda" y además le habría entregado la barreta de hierro con la que golpeó a la víctima.
Las pruebas que terminaron apuntando contra la mujer surgieron en el juicio contra su padre, cuando su casa fue allanada a comienzos del año pasado, pero no fue encontrada en ese momento.
Por otra parte, su defensa planteó diversos recursos para eximirla de prisión y justificó que pasó un año prófuga y que no hizo demasiado por esconderse. La División Homicidios de la PFA capturó a Nayla González esta semana en las inmediaciones de la estación Merlo del tren Sarmiento.
En la actualidad, la mujer se desempeñaba como instructora de pilates en un estudio de Haedo. Gracias a los movimientos rastreados por los investigadores, detectados a través de la tarjeta SUBE, comprobaron que cada mañana esperaba el tren en la estación de Merlo y fue donde finalmente la detuvieron.