Creian que el dolor de cabeza era por el oído pero un diagnóstico tardío cambió todo: qué pasó
La evolución de los síntomas, sumada a la falta de respuesta a los tratamientos iniciales, encendió las alarmas y obligó a profundizar las evaluaciones.
El jóven que padecía un gran dolor de cabeza y finalmente recibió un diagnóstico impensado
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Jac Sexton, de 19 años, sufrió dolores de cabeza que inicialmente fueron atribuidos a una infección de oído. Un segundo médico solicitó una tomografía que reveló un glioblastoma avanzado en el tronco encefálico.
La localización del tumor impidió realizar una biopsia o aplicar tratamientos convencionales.
Tras seis semanas de radioterapia, el joven perdió funciones básicas y sufrió un colapso que requirió cirugía de urgencia.
Jac falleció el 25 de febrero de 2025, un mes después de la intervención.
Un caso reciente volvió a poner el foco en la importancia de detectar a tiempo los síntomas que, aunque parecen menores, pueden esconder un problema médico más serio. Lo que comenzó como un simple dolor de cabeza asociado al oído terminó derivando en un giro inesperado, cuando un diagnóstico tardío reveló una condición que nadie había considerado en un principio.
A medida que avanzaron los estudios, los especialistas descubrieron que el cuadro no respondía a una molestia otológica común. El episodio generó preocupación, pero también se transformó en una advertencia clara para la comunidad médica y para los pacientes. La situación abrió un debate sobre la subestimación de ciertos malestares cotidianos y el riesgo de atribuirlos únicamente a causas habituales.
Qué tenía el joven al que le habían diagnosticado dolor de oído pero era algo mucho peor
Médicos
Jac Sexton, un joven de 19 años, murió meses después de que sus médicos interpretaran sus repetidos dolores de cabeza como una simple infección de oído. En verdad, padecía un glioblastoma, un tipo de tumor cerebral agresivo.
Su historia comenzó en octubre de 2024, cuando consiguió empleo como barbero y, poco después, empezó a experimentar mareos y dificultades para articular palabras. En su primera consulta le atribuyeron estos síntomas a una infección, relacionada con una reciente fiebre glandular.
Sin embargo, un segundo profesional decidió solicitar una tomografía computada que reveló el diagnóstico real: un glioblastoma avanzado. Este tumor se desarrolla a partir de células del cerebro o de la médula espinal. En el caso de Jac el cáncer estaba ubicado en el tronco encefálico, un área tan delicada que imposibilitó hacer una biopsia o aplicar tratamientos oncológicos tradicionales.
Después de seis semanas de radioterapia intensiva, la salud del joven se deterioró rápidamente: dejó de poder tragar y posteriormente sufrió un colapso médico repentino que casi le cuesta la vida, lo que obligó a una cirugía de urgencia en su propia casa en enero de 2025. Aunque logró estabilizarse tras esa intervención, la enfermedad avanzó sin freno y Jac falleció al mes siguiente, el 25 de febrero de 2025.