¿Sabías que, en Argentina, entre el 12 y el 15% de los y las adolescentes padecen un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA)? La mayoría, como eso si fuera poco, tiene una muy baja conciencia de ello, lo que en general suele dificultar el tratamiento.
Liza Murlender, psicóloga de Contexto Psi, explica cómo estos desórdenes afectan negativamente la salud, las emociones y el desempeño en distintos aspectos de la vida.
Los trastornos más conocidos son son la bulimia y la anorexia nerviosa, pero existen otros a tener en cuenta:
- El trastorno alimentario compulsivo, que se caracteriza por los atracones.
- El trastorno de rumiación, que tiene que ver con la regurgitación de alimentos.
- El trastorno por evitación, en el cual se restringe la ingesta de ciertos alimentos, por miedo a atragantarse o el rechazo a ciertos colores o texturas.
Estos trastornos son multicausales, por lo que hay que tener en cuenta varios factores para entender por qué aparecen y qué es lo que hace que se mantengan a lo largo del tiempo. Pueden tener que ver con la cultura actual, los ideales de belleza o el gordo-odio. También hay rasgos de personalidad que influyen.
La historia de vida personal también puede concatenar su aparición, así como también el entorno familiar. Lo mismo sucede con los factores eventuales: el estrés elevado, las dietas excesivas o dificultades en el manejo de las emociones y los conflictos.
Hay algunos indicadores que pueden ayudar a reconocer estos hábitos poco sanos en torno a la alimentación. Por ejemplo, omitir comidas o poner excusas para no comer, evitar salidas para no comer con otras personas, dietas demasiado estrictas, pérdida de esmalte dental o expresiones de enojo y vergüenza en torno a la comida.
Es clave trabajar sobre la conciencia de riesgo de vida que conllevan estos desórdenes y la necesidad de un abordaje tanto clínico como psicológico.