Alejandro Vigara Delgado y Álvaro Cabezas, ambos españoles, son pareja y concurren juntos a distintos estadios en donde comparten la pasión por el fútbol y por el Athletic de Bilbao. En su primera visita al San Mamés, se besaron, se tomaron una foto y la subieron a redes sociales, motivo por el que recibieron incontables comentarios negativos.
Alejandro y Álvaro: un beso, una foto y una increíble historia de amor, fútbol y activismo
La pareja recibió una ola de comentarios de odio por una simple muestra de cariño en las tribunas. Tras sus denuncias públicas, desde Athletic de Bilbao los invitaron a conversar sobre la LGTBIQ+fobia en las canchas ante los propios juveniles del club.
Lejos de retroceder, apostaron por denunciar públicamente los mensajes discriminatorios y, casi sin pensarlo, se convirtieron en férreos activistas, a tal escala que el club de sus amores los invitó a dar la primera charla a los jugadores juveniles sobre cómo pueden afectar los discursos de odio a las personas del colectivo LGBTIQ+.
Alejandro contó que la pasión por el deporte, y en especial por el fútbol, comenzó desde niño y, en diálogo con C5N, explicó quién fue que lo contagió del amor por los "Rojiblancos": "Mi padre, Fernando, era cordobés, no tenía ningún tipo de familiares en el País Vasco, pero él se hizo del Athletic porque de pequeño coleccionaba los cromos de los jugadores", lo que en Argentina llamamos figuritas.
"Y le gustó la camiseta y el pantalón, o sea, la indumentaria del equipo. Y se hizo del Athletic estando él en Andalucía y yo como hijo único, pues me tocó", mencionó el joven, orgulloso del recuerdo de su papá y, sobre sus primeras visitas a las gradas, agregó: "He estado siempre rodeado del Athletic, el Athletic, el Athletic. Desde los 10 u 11 años mi padre me empezó a llevar con él a ver partidos".
En cuanto a su adolescencia y juventud, recordó lo bien que la pasaba en esas travesías que organizaba Fernando. "Me encantaba ir a la previa con mi padre a los hoteles, sacarme fotos con los jugadores. Me gustaba luego el partido, lo vivía con mucha intensidad: me enfadaba mucho si perdían y disfrutaba mucho si ganaba", comentó.
Tras cumplir 18 años, más llegados los 19, Alejandro hizo pública su homosexualidad ante su familia y amigos. "Yo empiezo a vivir en libertad mi orientación sexual y empiezo a entrar en conflicto con el mundo del fútbol", sostuvo. Si bien, hasta sus 21 años, continuó presente junto a su padre en los partidos y lo hacía con gusto, entró en conflicto con la hostilidad de los aficionados. "Me encontraba como en un choque de realidades", analizó, y reconoció que empezó a sentir incomodidad debido a los insultos homofóbicos constantes (como el uso de la palabra "maricón") dirigidos a jugadores y árbitros.
Inconscientemente, esto lo llevó a alejarse por completo de uno de los pasatiempos que tanto disfrutaba, e incluso rechazó conversaciones sobre el tema con su padre cuando le preguntaba si había visto el partido de "Los Leones" y Alejandro respondía: "Sí, papá, pero vamos a hablar de otra cosa". Y, entre 2022 y 2024, se distanció completamente de una actividad que, en gran parte de su vida, lo había hecho muy feliz.
El año 2024 fue un punto de inflexión: Alejandro terminó una relación anterior y su padre falleció de cáncer poco después de ver al Athletic ganar la Copa del Rey. Fue en ese momento cuando apareció Álvaro, un fisioterapeuta cordobés y apasionado del fútbol, que también había vivido su sexualidad oculta por mucho tiempo. Álvaro fue el motor que reconectó a Alejandro con el fútbol y con el Athletic, y lo llevó de vuelta a San Mamés en la temporada 2024-2025.
Álvaro Cabezas: el hombre que tuvo "todo que ver" con la vuelta de Alejandro a las canchas
Alejandro, que había dejado de ver partidos de su club y mucho menos asistir a los estadios, en 2 años reconstruyó una parte de su historia, regresó con todo y reflotó el amor por el deporte que tanto vibraba. Pero, ¿qué sucedió en el medio para este cambio tan abrupto? Lo que pasó o, mejor dicho, quién pasó fue Álvaro Cabezas, que también conversó con C5N para contar más detalles de esta unión.
Como los dos son nacidos en la Córdoba española, siempre tuvieron algún tipo de contacto. "Nos conocemos de siempre, lo que pasa es que nosotros de jóvenes no tuvimos mucha relación de amistad, porque yo, por aquel entonces, no había salido del armario; yo tenía mi novia", afirmó Álvaro, y mencionó que, en ocasiones, coincidían en algún partido de fútbol organizado por amigos en común.
Se encontraron en una fiesta patronal local, tras el fallecimiento del padre de Alejandro, y el vínculo empezó a crecer. Primero una amistad, acompañamiento mutuo, para después convertirse en lo que hoy es una sólida pareja. Álvaro, desde otra perspectiva, también estuvo toda su vida cerca del fútbol: su padre fue jugador y su hermano, actualmente, lo practica profesionalmente.
Él encontró una nueva forma vincularse al deporte a través de la fisioterapia. Sin embargo, durante años mantuvo en secreto su orientación sexual, incluso mientras trabajaba con equipos y divisiones juveniles. Más adelante, ya con más de 30 años, reconoció que el temor a las miradas ajenas seguía presente: "Vivía como fisioterapeuta en equipos de fútbol y tenía miedo a decir 'Soy fisioterapeuta' por lo que pudieran pensar los hombres".
En tanto, el hermano de Álvaro, Javi, con quien siempre tuvo un estrecho vínculo, se sintió responsable por haber construido un entorno en el que a su hermano le resultó difícil expresarle lo que sentía. "Joder, mi hermano, que es uña y carne conmigo, ¿por qué ha tardado hasta los 31 años en decirme 'Soy gay'? ¿Será por mi entorno del mundo del fútbol?", se preguntaba, en su momento, Javi, cuando Álvaro abrió su corazón y le contó sobre su orientación sexual.
Fue precisamente en ese contexto cuando las vidas de ambos terminaron cruzándose de otra manera. Tras la muerte del padre de Alejandro, volvieron a encontrarse y comenzaron a construir una amistad que, con el paso de los meses, se transformó en algo más. "Primero fue una relación de apoyo. Los dos veníamos de momentos complicados y nos fuimos acompañando", explicó el fisioterapeuta.
Alejandro no duda en señalar que Álvaro tuvo "todo que ver" con su vuelta al fútbol y con la recuperación de una parte de su vida que creía perdida. "Los dos años antes de que falleciera mi padre prácticamente no vi ningún partido. Y, de repente, en la temporada 24-25 vimos todos los encuentros de Liga y de Europa League. Volví a lo grande", recordó.
"Yo no era del Athletic, pero claro, hacerte de un equipo como este tampoco es complicado", bromeó Álvaro. "Además, es un club muy auténtico. Todo lo que representa, y lo que hizo después con nosotros, demuestra que tiene una forma de ser muy particular".
Incluso, Alejandro reconoce que volver a San Mamés de la mano de Álvaro tuvo un significado especial. "Había algo muy simbólico en regresar con él a un lugar que durante años había asociado a mi padre. Era como recuperar una parte de mí que había dejado abandonada", recordó.
El beso que cambió todo
Con Alejandro reconciliado con el fútbol y con San Mamés, la cancha de Los Leones, llegó el momento que cambiaría sus vidas. En mayo de 2025, durante su primera visita juntos al estadio del Athletic, se besaron, se tomaron una foto y la subieron a las redes sociales con total naturalidad, como cualquier pareja.
"Había una emoción diferente porque él es muy futbolero. Pensé: 'Es mi pareja, pues venga, un beso en San Mamés'. Lo subí como cualquier pareja hetero puede hacerlo. Es un beso, no estamos practicando sexo", explicó Alejandro.
La imagen alcanzó a cerca de un millón de personas y generó una catarata de mensajes homófobos. Aunque los comentarios negativos eran minoritarios, su impacto era mucho más fuerte. "En Instagram no llegó el hate, pero en X se viralizó de una forma muy heavy y llegó un aluvión de odio y de insultos. Había unos 400 comentarios negativos y 20 bonitos. El odio es muy fácil de vomitar", lamentó.
En aquel momento decidieron mirar hacia adelante. "Son cuatro mamarrachos que se quedan en el anonimato de Twitter", recordó Alejandro. Sin embargo, meses después, una nueva fotografía durante un partido ante el Rayo Vallecano volvió a desencadenar una oleada de mensajes discriminatorios, todavía mayor.
Pero esta vez eligieron otro camino. "Me pilló en un momento en el que tenía más tiempo libre y dije: 'No voy a mirar para otro lado. Lo voy a denunciar'. Soy periodista y quería que la gente supiera que esto sigue pasando en el fútbol", contó y realizó una denuncia pública que también se reprodujo por todos los medios y redes sociales.
Lejos de esconderse, y con el impacto de las palabras de Alejandro, convirtieron cada partido en una declaración de principios. Siguieron fotografiándose y besándose en las tribunas, mientras sus publicaciones se viralizaban y comenzaban a ser seguidas por medios nacionales. "Dije: 'Voy a seguir intentando concienciar a la gente y dando ejemplo'", sostuvo Alejandro.
A partir de esa experiencia, ambos decidieron transformar el dolor en un mensaje de concientización. Por eso comenzaron a entrevistar a distintos athleticzales en los accesos al estadio y les preguntaron qué les transmitía la imagen del beso entre Álvaro y Alejandro en la tribuna.
"Los niños tienen que ver expresiones de amor como la de esta foto", recordó Alejandro sobre una de las respuestas que más lo emocionó, una frase que, según aseguró, reafirma la importancia de mantener viva la lucha contra la LGBTIQ+fobia.
Una invitación inesperada del Athletic Club
La repercusión de sus denuncias llegó hasta el Athletic Club, que se puso en contacto con ellos a través del proyecto Garathuz, que aborda problemáticas sociales como la desigualdad de género, la xenofobia y la homofobia. Los athleticzales utilizan este programa para conectar a los jóvenes que se forman en su cantera con la realidad social, para derribar los prejuicios tradicionales del fútbol masculino.
Primero, los invitaron a presenciar otro partido en San Mamés, pero la propuesta más importante todavía estaba por llegar. "Me dijeron que querían que diéramos una charla a los cadetes de entre 14 y 16 años. Se me pusieron los pelos de punta", recordó Alejandro. Para él, el verdadero gesto del club fue ir más allá de una simple foto institucional y apostar por trabajar con las futuras generaciones.
Finalmente, terminaron brindando dos charlas para más de 40 personas, entre juveniles y cuerpos técnicos. Allí contaron sus historias y cómo la LGTBIQ+fobia había condicionado sus vidas. "Yo perdí muchos años de disfrutar el fútbol con mi padre y eso ya no se recupera", les confesó Alejandro a los chicos.
Al finalizar uno de los encuentros, un psicólogo del club les dejó una frase que ambos guardan y atesoran hasta hoy. "Nos dijo que estábamos regalando tiempo a esos chavales. Tiempo para que alguien pueda vivir libremente a los 16 o 17 años y no esperar hasta los 30. Esa frase es muy bonita: regalar tiempo", concluyó Álvaro.
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