Este martes se cumplen 25 años de la primera edición del Cosquín Rock, el festival que nació en el verano de 2001 como una apuesta arriesgada del productor José Palazzo que terminaría sentando las bases de un evento que se convertiría en un hito de la cultura popular argentina y con los años se expandiría por todo el continente.
Se cumplen 25 años del primer Cosquín Rock: el sacrilegio que se convirtió en religión
El festival más federal del país celebra un cuarto de siglo. Una aventura que nació en febrero de 2001 en la Plaza Próspero Molina y que transformó para siempre la fisonomía de la mítica sede del folklore.
Aquel debut histórico tuvo lugar los días 10 y 11 de febrero, cuando el rock tomó por asalto la mítica Plaza Próspero Molina, uno de los bastiones del folklore argentino. Y lo que comenzó como una herejía se transformó en religión.
El contexto de su nacimiento fue de extrema fragilidad: la Argentina de febrero de 2001 atravesaba una profunda crisis económica, social y política bajo el gobierno de la Alianza. Recién habían pasado cuatro meses de la renuncia del vicepresidente, Carlos "Chacho" Álvarez, motivada por el escándalo de las coimas en el Senado, y faltaban apenas diez para que el país estallara por los aires y el presidente Fernando De la Rúa tuviera que irse en helicóptero de la Casa Rosada.
La Selección argentina, dirigida por Marcelo Bielsa, aplastaba a cuanto rival se le ponía enfrente. Le sobraban figuras: Simeone, Verón, Ortega, Aimar, Batistuta, Crespo, el 'Piojo' López, 'Kily' González, Zanetti, Almeyda, Sorín... En el Mundial de Corea-Japón 2002, se volvería en primera ronda.
En el plano internacional, el mundo aún no conocía el impacto de los atentados terroristas del 11 de septiembre y el ecosistema digital apenas asomaba, con el formato CD todavía dominando el mercado discográfico.
El rock argentino de aquel entonces vivía la efervescencia del denominado "rock barrial" y la consolidación de las grandes bandas de estadio, con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota a la cabeza, aunque la sociedad entre el Indio Solari, Skay Beilinson y Poli Castro tendría su abrupto final antes del estallido del 19 y 20 de diciembre.
De herejía a religión: cómo fue el primer Cosquín Rock
Aquella primera grilla en la Plaza Próspero Molina contó con Los Piojos, Divididos, Las Pelotas y Bersuit Vergarabat como números estelares. También actuaron Catupecu Machu, El Otro Yo, MAM, Palo Pandolfo y Kapanga, entre otros.
Durante la segunda noche del festival, Cristian Aldana, cantante de El Otro Yo, lanzó su clásico grito de guerra: "¡La cumbia es una mierda!". Cuando fue el turno de Bersuit, Gustavo Cordera le respondió: "¡La cumbia es una masa!".
"Cuando ando por el Riachuelo en canoa, en las casillas se escucha mucha cumbia, mucho cuarteto, por eso es que la llevo en el corazón, porque es la música del Doke y de La Boca. ¡Aguante el rock y aguante la cumbia!", agregó el 'Pelado'.
Miles de jóvenes viajaron desde diferentes puntos del país. Sin embargo, el desembarco de las "hordas rockeras" en la capital nacional del folklore no fue bien recibida por los sectores más tradicionalistas, quienes consideraban una "profanación" el uso del escenario Atahualpa Yupanqui para un género ajeno a las raíces criollas.
"Ustedes están destruyendo las tradiciones argentinas trayendo a esos rockeros de mierda a Cosquín", se quejó Horacio Guarany. No era la primera vez que "la voz del pueblo" despotricaba contra el rock. En la edición de 1997 del festival de folklore, puso el grito en el cielo cuando Mercedes Sosa invitó a Charly García a subir al escenario.
A pesar de las críticas de las principales figuras del folklore y de vecinos conservadores, y de los temores por posibles incidentes, la convivencia en las calles de Cosquín terminó por demostrar que la plaza podía albergar nuevas expresiones populares sin destruir su identidad originaria. Incluso, en aquellas dos noches hubo en promedio menos personas detenidas que durante las nueve lunas del festival de folklore. Y la ciudad facturó mucho más.
"Fue gente de Ushuaia a La Quiaca, sin redes sociales, sólo de boca en boca, y a partir de ahí el festival se instaló como un proyecto muy importante de la música del país", declaró Palazzo años después a la revista Rolling Stone.
Con el paso del tiempo, esa tensión inicial se transformó en una sinergia económica vital para la región serrana durante el mes de febrero. Lo que comenzó como un experimento de dos días con bandas locales, evolucionó hacia un megaevento internacional con múltiples escenarios, carpas temáticas y una infraestructura que hoy excede ampliamente los límites de su ubicación original.
Tras cuatro ediciones en la Plaza Próspero Molina, el crecimiento exponencial del público obligó al festival a mudarse primero a la Comuna de San Roque y luego al Aeródromo de Santa María de Punilla. Hoy, al cumplir 25 años, el Cosquín Rock se erige no solo como un negocio musical, sino como el principal ritual de paso para las bandas consagradas y emergentes de la región.
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