Mientras ingresaba a su oficina, unas jóvenes que estaban en la puerta del edificio, interceptaron al "canciller" y, entre risas, le dijeron que le mandara "un saludo a Luly, es divina, más fina...".
Pero antes de que se cerrara la puerta del ascensor, el economista dejó muy en claro su opinión. "No, es solo el envoltorio".
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