“Este es un acto histórico”, dijo a los gritos el primer orador de la tarde, Jorge Anró, secretario adjunto de la Federación Argentina de Trabajadores de la Universidades Nacionales (FATUN). Faltaban unos minutos para las 17 y en la Plaza Congreso no entraba un alfiler. Anró lo confirmaba: "La columna de la UBA que venía de Plaza Houssay no pudo entrar a la Plaza, se quedó en Callao y Rivadavia, por el lado de Entre Ríos pasa lo mismo y por Avenida de Mayo hay compañeros que llegan hasta la Plaza de Mayo” , ilustró entre el aplauso y los bombos celebratorios.
Mas tarde vendrían las especulaciones, hubo quienes hablaron de un millón y medio de personas movilizadas, hubo quienes dijeron un millón cien mil. Probablemente las voces oficiales dividan esa cifra por seis o siete, pero más allá de lo cuantitativo, la segunda Marcha Universitaria evidenció algo que dijo después el secretario de Políticas Universitarias de CTERA, Marcelo Creta, que la defensa de la Universidad Pública está en el ADN de la sociedad argentina porque es el símbolo del ascenso social.
Marcha federal universitaria
Camila Alonso Suarez
Antes del mediodía, la Plaza del Congreso ya daba señales de que este 2 de octubre no sería una jornada normal. Con su enorme capacidad de convertir cualquier plaza en un escenario del Día de la Primavera, miles de estudiantes se sentaban en grupos sobre el césped a tomar mate con una banda sonora variadísima que se proponía desde el escenario que ya estaba armado más cerca de la calle Luis Sánez Peña que de Callao, a unos doscientos metros de frente al Congreso.
"Vinimos desde Turdera –explicaba Tomás, 16 años, abrazado a su termo con stickers de La Renga-, dentro de dos años voy a estudiar Derecho en la Universidad de Lomas, si existe", ironizó. Camila, a su lado, desaprobaba su humor con una leve cachetada en el brazo. "Va a existir, para eso la estamos defendiendo”, dijo. Camila tiene pensado ir a la Universidad de La Plata a estudiar Arquitectura y actualmente vive con su abuela. Tomás, con sus padres que tienen un comercio de artículos de limpieza en Ezeiza.
En ese mismo momento, la Plaza Houssay se teñía de verde. Ese epicentro de la actividad universitaria que se encuentra justo en el medio de las gigantescas facultades de Ciencias Económicas y Medicina fue el punto de encuentro que se dio el gremio de los no docentes.
Banderas, chalecos y enormes pancartas verdes daban la certeza de que la convocatoria de la Asociación del Personal de la UBA (APUBA) sería poderosa. “Yo soy no docente, pero mi hija es estudiante de Medicina y mi hermano es docente del CBC –explicó Mónica a C5N- La universidad está en el centro de nuestra familia”. Las columnas que llegaban –caminando prolijamente por las veredas de Avenida Córdoba, sin cortar el tránsito aún- traían carteles que decían “APUBA Filosofía y Letras” o “APUBA Veterinaria” con la consigna del gremio: “Sin salarios dignos la UBA no funciona”. Los cálculos no son precisos, pero todas las opciones son preocupantes: los trabajadores de las universidades perdieron, en lo que va del gobierno de Javier Milei, entre un 30 y un 60% de su poder adquisitivo.
Simultáneamente –todavía no eran las 13, faltaban más de cuatro horas para la lectura del documento en el acto central de la marcha- una docena de camiones de la Policía de la Ciudad oscurecían la plaza del Obelisco. Justo en la esquina de 9 de Julio y Corrientes, se estacionaban los colectivos negros, insinuando que estaban listos para transportar decenas de detenidos. A cuatro cuadras de allí, los trabajadores docentes y no docentes de la Universidad tecnológica Nacional recorrían las cuadras que separan la sede del gremio, cerca de Plaza de Mayo, con la Plaza Congreso. Ocupaban las veredas de una Avenida de Mayo que –de todos modos- ya no tenía casi vehículos. En la esquina con Tacuarí, el gremio se encontró y se saludó con la convocatoria de la UOM que sobre el mediodía era todavía más bombo y trompetas que trabajadores metalúrgicos.
marcha federal universitaria
Camila Alonso Suarez
Esa perspectiva se modificó drásticamente cerca de las 15, cuando la Unión Obrera Metalúrgica apareció con una tremenda columna para ocupar uno de los laterales del escenario sobre Avenida Rivadavia. Con estudiada prolijidad, su gremio rival, la UOCRA, ocupó un espacio similar pero del otro lado del escenario, sobre Hipólito Irigoyen. “Yo no soy universitario, ni lo voy a ser nunca, pero ojalá que me hija quiera ir a la universidad, un trabajador de una taller como yo no puede pagar una universidad privada”, dice Brian, de 24 años, mientras sostiene uno de los carteles del sindicato que tuviera referentes como Augusto Timoteo Vandor y Lorenzo Miguel.
El acto fue mucho más que una protesta contra el veto del presidente Javier Milei a la Ley de Financiamiento Universitario aprobada por el Congreso. Fue la expresión de un sector de la sociedad que ve en la universidad pública un resorte de la identidad nacional. Con sus pelos teñidos de varios colores y tantos piercings que se describen más fácilmente por peso que por unidad, Lorena cuenta que lo que más le enorgullece es tener compañeros de cursada de todos los países de Latinoamérica. Ella estudia Farmacia y, según cuenta “a veces un docente dice algo y salta un ecuatoriano, un colombiano, un chileno a contar cómo es eso mismo en sus países: yo no puedo creer lo enriquecedoras que son esas clases”, asegura.
Los organizadores de la primera marcha universitaria que se realizó el 23 abril, calcularon casi medio millón de personas; desde la policía de la Ciudad apuntaron que en realidad fueron 150 mil. En el caso de hoy, la manifestación convocada por el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) superó las estimaciones previas.
Azul y Fernanda posan para decenas de manifestantes que quieren sacarles fotos. Azul tiene un cartel que dice que ella puede estudiar en una universidad privada porque su madre estudió en una universidad pública y Fernanda tiene otro que dice: “Yo soy la mamá”. Azul estudia “Gobierno y Relaciones Internacionales” en UADE y dice: “Le atribuyo el poder venir a esta universidad al hecho de que mi mamá estudió en la pública”. Fernanda es odontóloga recibida la Universidad nacional de La Palata y es el único sostén de la familia. “Me encantaría estudiar en la UNLP, lo que estoy estudiando ahora, solo se da en la UADE”, explica Azul.
Cerca de las 17, y mientras una plaza entera coreaba el clásico “universidad/de los trabajadores/ y al que no le gusta/ se jode/se jode” habló el segundo orador, Carlos de Feo arqueólogo y Secretario General de CONADU, quien tuvo alguna aseveraciones que dieron paso a que la Plaza manifestara su animadversión contra Patricia Bullrich: “Hoy nos acusaba la ministra de Seguridad de que este es un acto golpista. Esto no es golpismo, es la más pura expresión de la democracia, un pueblo en la calle reclamando, tenemos memoria, tenemos historia, esto no es golpismo, es enfrentar la entrega”.
Marcha
Camila Alonso Suarez
A su turno, Marcelo Creta, de CTERA relató un episodio con la ministra de Capital Humano: “Hace pocos meses nos reunimos con la ministra Petovello, quien nos reconoció que estábamos un 40% debajo de la inflación. Dijo ‘voy a hablar con el presidente y el ministro de Economía, si no lo consigo, salgan a la calle’ ¡Y acá estamos en la calle!”.
Unos trabajadores de SICONARA, el Sindicato Conductores Navales de la República Argentina, llevaban un cartel que decía “No al cierre de la escuela de Pesca”. Según le confiaron los trabajadores a este medio, el mes pasado les avisaron que cerraba esa institución que funciona como un instrumento de capacitación y formación y que otorga el título de Patrón de Pesca, un escalafón importante del gremio. El cierre de una Escuela Nacional de Pesca es una metáfora elocuente para la corriente política que gobierna Argentina, que repite año tras año con abúlica regularidad que a los pobres no hay que regalarles el pescado sino enseñarles a pescar. Ni una cosa ni otra, parece que es el programa de gobierno.
Sobre el final se leyó un documento consensuado entre todos los organizadores de la movilización. La encargada de la lectura fue Piera Fernández, presidenta de la Federación Universitaria Argentina, que advirtió que "la excelencia en la formación académica está en riesgo" por el desfinanciamiento. La joven cordobesa, oriunda de Rio Cuarto, dejó, con su lectura, un panorama sombrío para los meses por venir: "Soportamos una campaña de desprestigio, no hubo intención de diálogo por parte del Gobierno. Las nulas respuestas prolongan la agonía y los problemas no tienen posibilidades de solución".