Tal como ocurrió hace 216 años, el poder sufre por las internas. Los festejos por el 25 de Mayo dejaron en evidencia nuevamente las tensiones al interior de La Libertad Avanza, primero con la ausencia de la vicepresidenta Victoria Villarruel en el Tedeum y luego con la prohibición del ingreso de la senadora Patricia Bullrich al Cabildo por parte de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei.
En la previa de la ceremonia religiosa, mientras el presidente Javier Milei caminaba hacia la Catedral escoltado por su hermana y los Menem, Bullrich, miembro —por ahora— de la mesa política, fue relegada a los puestos de retaguardia. Al llegar, fue saludada con un abrazo por el mandatario, ante la mirada fría de "El Jefe".
Tras la homilía, a cargo del arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, la tensión escaló: cuando el Gabinete en pleno se dirigió al Cabildo para entonar el Himno Nacional, a la senadora le fue negado el acceso. El motivo formal fue que, naturalmente, forma parte del Poder Legislativo y no del equipo de ministros. No obstante, sí estaba Santiago Caputo.
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Bullrich fue víctima de una medida disciplinadora luego de una semana caliente, en la que formalizó este martes ante la Oficina Anticorrupción y el Senado la presentación anticipada de su declaración jurada patrimonial correspondiente al ciclo 2025, con el objetivo de presionar al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, envuelto en una fuerte polémica y bajo investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito.
A esta iniciativa se sumaron legisladores de su espacio político, como el diputado Damián Arabia, quienes buscaron enviar una señal contundente sobre la transparencia en la gestión pública. Desde el entorno de la exministra de Seguridad justificaron la medida: "Ella la presenta siempre en esta fecha, solo por responsabilidad institucional". Semanas atrás, la propia senadora había reclamado que el titular de ministros cumpla con la obligación "de inmediato" para evitar que el conflicto logre "empantanar" al Gobierno.
Sin embargo, pese al desplante, a Bullrich se la vio cómoda jugando como outsider, ya que le permitió mostrarse en soledad como alternativa al desgastado mileísmo de cara al electorado de derecha y recibir algunos gritos favorables desde la multitud.