Un anteproyecto del Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, que encabeza Federico Sturzenegger, amenaza con derogar la Ley 25.542 de Defensa de la Actividad Librera, y el sector salió rápidamente a alzar la voz contra la medida, que interrumpiría una normativa de 25 años que permitió que afloren editoriales y librerías independientes en todo el país, en contra de la lógica más voraz y concentradora del mercado.
Alarma en el mundo editorial: el Gobierno busca eliminar la ley que protege a las librerías
Un anteproyecto del Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado pretende derogar la Ley 25.542 de Defensa de la Actividad Librera, una normativa de 25 años que permitió que afloren locales independientes en todo el país. Desde el sector advierten que, lejos de bajar los precios, crearía oligopolios y arrasaría con la diversidad.
Libreros y sellos manifestaron su oposición al impulso desregulador libertario, al igual que distintas cámaras y asociaciones. Todos coinciden en que la eliminación de la norma afectaría la bibliodiversidad, fomentaría solo la publicación de bestsellers, callaría las voces disidentes y eliminaría la competencia al favorecer solo a los grandes actores, con el impacto que todo esto tendría en la cultura.
Ya no habría espacio para ese librero de barrio, conocedor de su oferta, quien con dos o tres preguntas sabe exactamente qué título recomendar, por fuera del terrorismo del algoritmo. Tampoco quedarían las librerías independientes, esas siempre cálidas, un lugar donde refugiarse entre esos libros especiales, publicados por editoriales independientes, que hacen al enorme acervo cultural nacional.
Qué dice la Ley de Defensa de la Actividad Librera que quiere derogar el Gobierno
La Ley 25.542, sancionada en noviembre de 2001 y publicada en el Boletín Oficial en enero de 2002, establece que todo editor, importador o representante de libros debe fijar un precio uniforme de venta al público (PVP) para los ejemplares que edite o importe. Es decir que un mismo libro tiene que costar lo mismo en cualquier librería del país, más allá de dónde se compre o quién lo venda.
La ley también prevé descuentos puntuales sobre el PVP: hasta un 10% en ferias del libro o ventas a bibliotecas e instituciones culturales sin fines de lucro, y hasta un 50% cuando la compra la realizan organismos como el Ministerio de Educación o la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP) para distribuir ejemplares en forma gratuita. Quedan exceptuados del precio uniforme los libros de tirada limitada, los artísticos o artesanales, los antiguos y de colección, los usados, los descatalogados y los importados a precio de saldo.
La norma, de inspiración francesa, impide que, por ejemplo, grandes cadenas de supermercados, con más espalda económica, vendan libros a precio vil como anzuelo para ofrecer otros artículos. En general, se trata de bestsellers, clave para el sostenimiento de las librerías, y que permiten que también se ofrezcan otros títulos de valor cultural pero menos venta (tal como ocurre en el cine, donde las grandes producciones taquilleras ayudan a financiar a películas menos comerciales).
A pesar de los embates de la venta en plataformas online, más difíciles de controlar, la ley permitió que en estas décadas abrieran gran cantidad de librerías pequeñas y medianas, que ofrecen una experiencia personalizada, con las famosas recomendaciones de libreros y el acceso a libros de importancia artística y cultural pero que están lejos de los podios de los más vendidos. Todo eso se ve amenazado por la derogación impulsada por el Ministerio de Desregulación.
La industria del libro, en contra de la derogación de la Ley de Defensa de la Actividad Librera
Desde la Cámara Argentina del Libro (CAL) expresaron que "el precio único del libro es la herramienta fundamental para proteger a las librerías independientes de barrio y a las editoriales pymes frente a la concentración del mercado, garantizando el acceso federal a la lectura y sosteniendo la bibliodiversidad de nuestro país". "La diversidad de nuestro mercado editorial es un logro colectivo y un patrimonio cultural. Defendamos la Ley del Libro", convocaron.
Por su parte, la Cámara Argentina de Librerías Independientes (CALI) planteó que "el Gobierno ejecuta un ataque contra la cultura, específicamente hacia la industria del libro". "Cada librería que existe permite la expansión de nuevas editoriales, nuevos escritores, ilustradores y todos aquellos que forman parte de la cadena del libro. Cada librería que existe es, sobre todo, un punto de encuentro y de expansión cultural", subrayaron.
La Fundación El Libro, organizadora de la Feria del Libro de Buenos Aires, indicó que la ley "garantiza la diversidad bibliográfica, condiciones equitativas de competencia y la supervivencia de las librerías independientes en cada rincón de nuestro territorio", que "cuenta con el consenso unánime de todo el sector del libro —editores, libreros, distribuidores, autores y gráficos—, que durante más de dos décadas la ha sostenido y defendido como pilar de la actividad".
"La red de librerías argentinas —reconocida a nivel internacional por su densidad, riqueza e historia— no representa meros puntos de venta de mercancía. Son verdaderos faros culturales, espacios de encuentro democrático y de promoción de la lectura. Su valor social e histórico excede cualquier lógica de mercado tradicional. La desregulación del precio del libro no genera mayor competitividad; por el contrario, desprotege a los eslabones más débiles de la cadena —libreros independientes, editoriales pequeñas y medianas, autores— y favorece la concentración, poniendo en riesgo real de cierre a cientos de espacios que dan vida a nuestras ciudades", alegaron.
La derogación de la norma también complicaría a los lectores del interior. María Eugenia Ajamil, de Boutique del Libro de Ushuaia, destacó en diálogo con C5N.com que "esta ley, por la cual el editor fija el precio del libro, protege a las pequeñas y medianas librerías y editoriales, que con mucho esfuerzo hacen llegar sus libros exquisitos, de altísima calidad literaria, a todos los rincones del país". "Nosotros hace 25 años que mantenemos el precio fijo a pesar de los altísimos costos, y estamos orgullosos de la bibliodiversidad que llevamos al fin del mundo. Esperemos que así siga siendo", subrayó.
"La existencia de librerías independientes permite también que autores locales, de provincias, pueblos y barrios que no acceden a grandes cadenas puedan encontrar lectores, a través de libreros cálidos y conocedores, pero fundamentalmente protege al lector. Sin esta ley, estamos condenando a nosotros y a nuestros hijos a leer solo aquellos libros que a grandes actores les resulten rentables. Podría ser el fin del gran tesoro de diversidad en libros que tenemos en Argentina, para beneficio de unos pocos actores a los que el libro y la cultura no les importa nada", enfatizó Ajamil.
Giselle Ale, titular de Fray Mocho y Libros de la Arena, de Mar del Plata, hizo hincapié en que "la ley no le cuesta un peso al Estado; lo que garantiza es que el precio del libro sea el mismo en todos los canales de venta, permitiendo que una librería independiente pueda competir en igualdad de condiciones con grandes cadenas y plataformas".
"La experiencia internacional demuestra que, donde este tipo de leyes se derogaron, desaparecieron muchas librerías independientes y el mercado se concentró en pocos actores. Y cuando desaparecen las librerías independientes, también se debilitan las editoriales independientes y se pierde bibliodiversidad: menos autores, menos catálogos y menos posibilidades de elección para los lectores", señaló, y añadió: "No hay evidencia de que eliminar esta ley genere una baja sostenida en el precio de los libros; lo que sí protege es un ecosistema que hizo de la Argentina un caso reconocido en la región por la diversidad de su industria editorial y su red de librerías".
Ale apuntó contra el espíritu detrás de la eliminación de la norma: "Por eso resulta llamativo que prácticamente toda la cadena del libro —autores, editores, distribuidores, imprentas y librerías— coincida en defender esta ley, mientras que quienes impulsan su derogación son, principalmente, las grandes plataformas de venta. Si la ley no tiene costo para el Estado y protege una industria cultural que es un orgullo para la Argentina, la pregunta es: ¿qué problema busca resolver su eliminación?".
Por su parte, Federico Majdalani, de la librería Mendel, de Buenos Aires, repuso: "La ley básicamente dice que el precio del libro lo pone la editorial, no el punto de venta. La reacción inmediata puede ser 'ojo, si el precio lo pone el punto de venta, el supermercado puede negociar mejor y bajar el precio y así los libros no están tan caros. Estos libreros quieren llenarse de plata. Que compitan como todo el mundo'. Este razonamiento puede tener sentido con la mayoría de las mercancías. Con el libro no es tan así".
"Hay algo que se llama bibliodiversidad. Es decir, no hay cien o doscientos productos, como puede pasar con los celulares o las escobas, en el libro hay miles de productos diferentes. Que haya tantos hace que la oferta de lecturas sea tan diversa como gustos de las personas. El precio de los libros es alto porque es caro el papel, la imprenta, los gastos fijos y el transporte, no porque editoriales y librerías se estén volviendo millonarias. Con una ley que mantiene un precio uniforme de los libros lo que se fomenta es la existencia de más puntos de venta que pueden competir de igual a igual con grandes superficies y el lector puede elegir el lugar que más se acerca a sus tipos de lecturas, donde le recomiendan mejor o se siente más cómodo", argumentó.
El librero resaltó que, de esta forma, "hay espacio para editoriales independientes que no corren atrás del bestseller". "Esos libros que no tienen cabida en las ventas masivas, en el fondo son parte de nuestra identidad como país. Un ejemplo concreto de esto es cuando se tira abajo una casa en tu barrio y hacen un edificio de cartón para Airbnb. No es progreso, es ir dejando de ser lo que somos y estaría bueno que los que nos gobiernan entiendan esto. Como dije al principio, estamos defendiendo algo en lo que creemos, no estamos defendiendo nuestra quintita, estamos defendiendo lo que somos, estamos defendiendo nuestros libros", concluyó.
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