Convenció a los millonarios más importantes de Estados Unidos que con una simple gota de sangre podía analizar el estado de un paciente y predecir qué enfermedades puede tener en el futuro y recaudó, a través de su empresa Theranos, 9 mil millones de dólares. Pero se trataba de una estafa: Elizabeth Holmes, la protagonista de esta increíble historia, ahora fue declarada culpable y espera su sentencia.
El inicio de este fraude se ubica en el 2003, cuando Holmes tenía apenas 19 años y era una destacada estudiante de la Universidad de Stanford. Un día, le contó a su profesor Channing Robertson que había fabricado un dispositivo que iba a revolucionar el mundo de los chequeos médicos y este la apoyó. A los pocos meses, su invento ya estaba patentado.
A través del dinero que sus padres tenían ahorrados para solventar sus estudios, fundó la empresa Real-Time Cures (luego rebautizada Theranos) y rápidamente recibió el apoyo económico de los multimillonarios, quienes estaban sorprendidos por el artefacto creado por Holmes. La financiera de riesgo Draper Fisher Jurvetson fue una de las primeras en invertir.
Con el correr de los años, el estatus de la joven empresaria fue creciendo y muchos se animaban anticipar que sería la próxima estrella del mundo tecnológico. Pero su fantasía se derrumbó cuando el diario The Wall Street Journal realizó una investigación en el que descubrió que sus dispositivos no cumplían con la funcionalidad prometida.
A sus 37 años, Holmes fue llevada a juicio y el jurado entendió que había engañado a los inversionistas, por lo cuál concluyó que era culpable en cuatro cargos de fraude. Sabiendo que su destino está tras las rejas, ahora espera por la sentencia final mientras Silicon Valley no sale de su asombro por uno de los fraudes más resonantes del presente siglo.