Israel mantiene vigente la autorización para que los agricultores utilicen heces de aves de corral, plumas y restos de comida de gallineros como alimento para el ganado vacuno. Esta práctica, según denunció la organización Animals Now, ya fue prohibida en mercados como la Unión Europea, el Reino Unido, Suiza, Canadá, Japón, Australia y Nueva Zelanda.
Los datos obtenidos por la entidad mediante pedidos de acceso a la información indican que el Ministerio de Agricultura permite el uso de 43.000 toneladas anuales de este material. La organización ambientalista graficó que dicho volumen equivale a más de 1.400 camiones llenos distribuidos diariamente entre las industrias cárnica y láctea.
En las granjas de cría de terneros, se mezclan diariamente hasta tres kilogramos de heces de aves en la dieta del animal para obtener una fuente de proteína económica. Por su parte, la industria láctea utiliza este recurso durante los primeros dos años de vida de las vacas, previo tratamiento térmico de los desechos.
Muchos países prohibieron este sistema para evitar que patógenos, residuos de metales pesados, pesticidas y antibióticos se filtren en la carne de consumo humano. Frente a esto, Animals Now lanzó una campaña bajo el lema "Come menos carne, come menos mierda", buscando concientizar sobre los riesgos sanitarios de la medida.
Riesgos bacteriológicos y justificación climática del gobierno israelí
Las regulaciones oficiales admiten que el proceso de calentamiento térmico no logra eliminar la bacteria Clostridium botulinum, responsable del botulismo. Por esta razón, el Ministerio instruye a los ganaderos a vacunar a los animales contra esta toxina, aunque el propio organismo reconoce que las vacunas "no proporcionan una protección total".
Los fabricantes de este alimento están obligados a realizar análisis trimestrales y declarar qué antibióticos fueron suministrados originalmente a las aves de corral. Asimismo, la normativa vigente prohíbe terminantemente el uso de desechos provenientes de gallineros que hayan sido afectados por brotes de gripe aviar u otras enfermedades infectocontagiosas.
En defensa de la práctica, el Ministerio de Agricultura declaró que esta "es una práctica común que proporciona una fuente de nitrógeno para la producción de proteínas". Las autoridades argumentaron que, a diferencia de países con pastos naturales, Israel opera en un "entorno desértico con tierras limitadas", lo que exige soluciones de alimentación adaptadas.